Patrimonio y discusiones bizantinas


Fachada "Neoclásica" de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, Argentina
Fachada "Neoclásica" de la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, Argentina

LA 0.3

Nada más decimonónico que demoler un edificio para enrasar. La diversidad arquitectónica de Buenos Aires, e incluso sus saltos de escala, hablan de su historia. Seamos contemporáneos.

MARIA DEL ROSARIO SOLA. ARQUITECTA Y ESCRITORA

Hubo un tiempo en que la renta excepcional de la tierra, especialmente en Buenos Aires y en Rosario, se transformó en ladrillos. Eran ladrillos melancólicos, porque la mirada de quienes acumulaban esa renta estaba puesta en París o en Londres o porque la guerra expulsaba constructores de Europa que se dedicaban a replicar el mundo perdido. Gran parte de esas obras imitaban la arquitectura «historicista» que se enseñaba en L´Ecole des Beaux Arts, por lo que la conocemos como arquitectura «académica». ¿Pero qué es el Historicismo? ¿Qué valor tiene? Todos los neo que aparecen desde la mitad del XIX hasta las primeras décadas del XX son Historicistas sean Neoomudéjar, Neofrancés, Neo-barroco e incluso el tardío Neo-colonial o Amerindio.

Analicemos este punto. En tiempos de la Ilustración las arquitecturas barrocas de las monarquías fueron borradas bajo la acusación de decadentes y reemplazadas por una arquitectura más bien «Neogriega» que llamamos Neoclasicismo. Nos lo recuerdan los laureles del escudo, el gorro frigio y el frontis de la Catedral. Para un neoclásico no había otra arquitectura posible. Ese era el canon y pretendía ser excluyente. Pero no tardó en aparecer en Europa el Nacionalismo nórdico con el Neogótico dispuesto a disputar la hegemonía. La polémica acerca de cual era la arquitectura universal y única fue zanjada con brillante pragmatismo por las academias. La respuesta fue «todas». De un día para otro estuvo permitido imitar la arquitectura de todos los tiempos y de todas las geografías, por supuesto sobre una lógica constructiva y compositiva bien del siglo XIX.

Cuando John Nash construyó en 1826 el Pabellón Real de Brighton en una mezcla de Neogótico con cúpulas en estilo de la India, produjo asombro e ira. No sólo estaba diciendo «nosotros somos los dueños de la India», también estaba diciendo que «la arquitectura de la India es tan digna de un rey como las columnas del Partenón». Un escándalo. Pocos han advertido el valor que tuvo esta actitud en la construcción de una universalidad consensuada y de lo que hoy llamamos relativismo cultural. La misma lógica usaron Martín Noel o Angel Guido cuando encontraron en la arquitectura altoperuana modelos tan dignos de imitación como los europeos. Por supuesto que este uso abusivo de las réplicas aceleró las contradicciones del agregado de estilos por sobre los edificios y preparó el camino para la arquitectura moderna. La arquitectura contemporánea se diferencia de las vanguardias «furiosas» en que, como la crítica de arte, tiene una mirada inclusiva. Eso es ser del siglo XXI.

desde Patrimonio y discusiones bizantinas.

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