Materialidad y contexto, en pequeña escala


ARQUITECTURA / PROTAGONISTA / DAIGO ISHII

Representante de la tradición intermedia japonesa, Daigo Ishii concibe sus proyectos, generalmente viviendas unifamiliares, equilibrando tradición y nuevas tecnologías.


Norberto Feal. Especial para Clarín

El problema de la tradición en la arquitectura contemporánea ocupa un lugar central en el trabajo de Daigo Ishii. Titular del estudio Future-scape desde 1999 y discípulo de Hiroshi Hara, Ishii es cabal representante de la generación intermedia japonesa. Graduado en 1983 en la Universidad de Waseda, desarrolla su práctica en pequeña escala: gran parte de su obra está compuesta por viviendas unifamiliares. Las casas de Ishii suelen mostrar las condiciones que le impone el proyecto, el tironeo que se produce entre las tradiciones constructivas y las nuevas tecnologías, entre el paisaje y la pieza arquitectónica.

En Tsumari, una pequeña aldea rural cerca de la ciudad de Nigata, en el borde de un bosque público de hayas, Daigo Ishii proyectó para el gobierno regional una cabaña de bajo costo para uso temporal de viajeros y visitantes. Al diseñar la «Cottage C», Ishii se ciñó a las características tipológicas de las casas de la aldea, sencillos volúmenes de madera cubiertos por techos con fuerte pendiente, apropiados para las intensas nevadas.
El clima riguroso y la sencillez de la tradición constructiva local fueron las líneas sobre las que trabajó Ishii al diseñar una gran caja negra, de madera teñida con tina china. Ishii proyectó el mayor volumen que le permitía el presupuesto y repitió los rasgos de las viejas casas de madera oscura que soportan, aisladas y sin mantenimientos especiales, los duros inviernos de Tsumari.
En una segunda estructura, colocó, alineadas y ocupando el menor espacio posible, las funciones domésticas básicas: cocinar, comer, bañarse y dormir. El resultado es un tubo de madera clara incrustado en el volumen indiferenciado de la caja negra. La intersección entre ambas estructuras, el tubo blanco y la caja negra, da como resultado lo que Ishii llama «el lugar inesperado de la cabaña». Sin embargo, el tubo se complica al ajustarlo a las restricciones de la caja; y el desajuste queda expuesto en la gran ventana que toma el ángulo y parte de dos muros de la caja, coincidente con el espacio intersectado de ambas estructuras.

La ventana, que enfoca e introduce en la cabaña las vistas del bosque de hayas, es por una parte la emergencia de la fricción entre dos estructuras, y por otra, es la mínima expresión que diferencia a la cabaña de las viejas casas de la aldea.
También en Nigata, pero en la ciudad, Ishii proyectó una casa, que si bien en apariencia se diferencia de la cabaña de Tsumari, en una visión más detallada muestra los rasgos familiares y las preocupaciones del proyecto de Ishii. La casa está situada en un terreno justo en el límite del tejido urbano, al borde de unos campos de cultivo de arroz.
De alguna manera, los sitios de Tsumari y de Nigata presentan aspectos comunes. Ambas casas están situadas en el deslinde entre dos paisajes diferenciados y de intenso valor visual.
Como en Tsumari, en Nigata Ishii plantea dos sistemas intersectados: un cuerpo chato, paralelo a la calle, que funciona como una plataforma de apoyo y tres volúmenes independizados que Ishii llama las «cabañas». La planta baja es un largo prisma de cristal que contiene el living, con la cocina en un extremo y el complejo baño japonés en el otro.
Por un lado, el living se abre a un jardín, separado de la calle por una pared metálica, y hacia el otro, al escenario de los campos de arroz. Las «cabañas» están diseñadas como piezas independientes abiertas por los cuatro lados, apoyadas en forma levemente desordenada sobre la cubierta del living. Las de los extremos contienen, al oeste, el dormitorio principal con un pequeño estudio, y al este, un segundo dormitorio. La «cabaña» del centro es una habitación para el goce del paisaje, una caja de madera perforada, barrida por el viento, que enmarca las vistas de la ciudad y de los campos de arroz.

vía Materialidad y contexto, en pequeña escala.

EDITORIAL

La nueva agenda


Berto González Montaner . Editor jefe ARQ
bmontaner@clarin.com

La arquitectura seduce por distintos motivos. Jujo Solsona cuenta que el despertar de su vocación estuvo marcado por una experiencia de niño. Le picó el bicho cuando diariamente pasaba de la mano de su padre frente al impactante Concejo Deliberante porteño. A los Vila-Sebastian-Vila, la arquitectura los atrapó por otro lado. Formados entre los últimos años de la dictadura y los primeros de la democracia, el tema ideológico no podía quedar afuera. Cuando tuvieron que decidir su futuro como docentes entre las cátedras «lápiz de oro» de Solsona y la «nac & pop» (nacional y popular) de Jorge Moscato se inclinaron por la última. Pero luego concentraron su atención en construir, junto a otros arquitectos de la región, un lugar alternativo para su generación.

A otros los seduce la construcción. Como al japonés Daigo Ishii que reelaborando las tradiciones constructivas locales concibe obras de pequeña escala con exquisitas estructuras de madera. El terreno de la historia también tiene sus cantos de sirena. Como los que descubrieron Ramón Gutierrez y Patricia Méndez al investigar las huellas de arquitectos alemanes en la Argentina, que luego volcaron en un libro y una muestra que viaja a la exposición de Frankfurt en noviembre.
Hay otra mirada, más macro que también tiene sus seguidores: los temas urbanos, quizás uno de los más gravitantes de este siglo.

AC Interview: Ishii Daigo + Future-scape Architects – Architect / Japan

A %d blogueros les gusta esto: