Cajas rústicas con colores escondidos


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ARQUITECTURA / PROYECTO INTERNACIONAL/ ST. EDWARS´S UNIVERSITY

En Texas, Estados Unidos, Alejandro Aravena proyectó una residencia universitaria de 10 mil metros cuadrados pensada para resistir el clima desértico. La conexión con la topografía del lugar y las estrategias de diseño para ir gradualmente de lo público a lo privado.

Graciela Baduel.

gbaduel@clarin.com

¿Qué tienen en común una universidad de los Estados Unidos y otra chilena? En principio, un mismo arquitecto. Después de sus muy celebrados edificios para la Universidad Católica, la institución donde se formó y para la que proyectó la Facultad de Medicina, la Facultad de Matemática, las Torres Siamesas y la Escuela de Arquitectura, Alejandro Aravena enfrentó hace un par de años su primer encargo fuera de Chile: un edificio de residencias y comedor para la Universidad St. Edward’s, en Austin, Texas.
El resultado es un complejo compuesto por dos bloques de aspecto rústico, que convive sin estridencias con el paisaje desértico y los antiguos edificios del campus. El estallido de color, con rojos y negros contrastantes, quedó resguardado entre los muros interiores.
Aravena y sus colaboradores se quedaron con el proyecto, que requería en el programa 300 dormitorios y comedores y servicios para los estudiantes, luego de un muy riguroso proceso de selección. Primero hubo una invitación a presentar un «RFQ» (Request for qualifications) y el estudio quedó seleccionado junto con otros cinco. Después de entrevistas con el Consejo de Administración de la universidad, la lista se redujo a tres finalistas. Entonces los funcionarios se tomaron su tiempo para visitar varios edificios de cada candidato y recién entonces se decidieron por la propuesta del chileno.

El punto de partida fue la similitud de las residencias universitarias con un monasterio. «Ambos tienen que ver con antiguas situaciones atávicas: dormir, estudiar y comer. Había que organizar una serie de células que se repiten y luego relacionarlas en otras piezas especiales, de mayor tamaño. En el caso del monasterio se trata de las celdas de los monjes y su relación con el refectorio y la capilla. Aquí todo era acerca de los cuartos, el comedor y los servicios comunes,» dicen los arquitectos en la memoria.

Para resolver la disposición de los elementos, optaron por trabajar en corte y no en planta: ubicaron las «piezas especiales» en el basamento, generando una base pública sobre la que dispusieron las áreas privadas (los dormitorios).

desde Cajas rústicas con colores escondidos.

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