El futuro empezó hace más de 100 años | Cultura | elmundo.es


Finazzer Flory sobre el escenario.| Instituto Italiano de Cultura de Madrid
Finazzer Flory sobre el escenario.| Instituto Italiano de Cultura de Madrid

ARTE | ‘Performance’

Marta Medina | Madrid

Teléfonos móviles, I-pad, 3-D, Internet. Tecnología, máquinas, nuevo, moderno, a la última. Han pasado ya 100 años desde que Filippo Tommaso Marinetti cantase «a las mareas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas» en su ‘Manifiesto futurista‘ (1909).

Italia se enorgullece de una de sus exportaciones artísticas más importantes – mayoritariamente literaria -, de la vanguardia patria por excelencia que, un siglo después, se mantiene vigente y con una salud de hierro. Pero el Futurismo no es sólo Marinetti; también, entre otros, Papini o Palazzeschi.

Todos estos grandes autores han estado presentes este miércoles en el Instituto Italiano de Cultura de Madrid gracias a la voz de Massimiliano Finazzer Flory, artista, filósofo y concejal de Cultura del ayuntamiento de Milán, que ha homenajeado el movimiento con una ‘Velada futurista‘.

Palabras, imágenes, sonidos, movimiento… Arte para todos los sentidos. Al ritmo de la potente voz de Finazzer Flory, las improvisadas notas del saxofón de Ricardo Bianco, los rápidos movimientos de la ‘danzatrice’ Michela Lucenti y los visuales de las coloridas pinturas de Balla, Carrá o Boccioli.

vía El futuro empezó hace más de 100 años | Cultura | elmundo.es.

Entradas anteriores en ArquitecturaS relacionadas con el Futurismo:

Stabilimenti Fiat Lingotto, Turín

Milán regresa al futurismo · ELPAÍS.com

El tiempo recuperado :: Edificio San Ignacio :: Argentina


ARQUITECTURA | PROYECTO NACIONAL | EDIFICIO SAN IGNACIO

Un edificio de oficinas dialoga en forma inteligente con las construcciones patrimoniales de la Manzana del Salvador, en el barrio porteño de Balvanera. El completamiento y la puesta en valor del conjunto.

por Ariel Hendler.

ahendler@clarin.com

Si algo puede afirmarse sobre el edificio San Ignacio, proyectado por Hampton/ Rivoira Arquitectos en la Manzana del Salvador, en el barrio porteño de Balvanera, es que su materia prima es tanto el tiempo como el espacio. Porque no sólo se diseñaron y construyeron espacios para habitar y trabajar, sino que también se buscó hacer visible y palpable una dimensión temporal, mucho más difícil de definir pero igual de real. Es, por decirlo así, una arquitectura que quiere inscribirse no sólo en el paisaje sino también en el devenir histórico.

Allí, en la esquina de Lavalle y Riobamba, donde un proyecto inconcluso para ampliar el colegio dejó un vacío edilicio, Hampton/Rivoira proyectaron un edificio de oficinas que aporta modernidad al conjunto sin agredirlo. Pero se trata de una modernidad que no se reconoce en ningún modelo o estereotipo, sino que fue concebida estrictamente para acompañar a la edificación existente.

«Nos interesa que la arquitectura tenga un cierto grado de atemporalidad, que no caduque con el tiempo», explica Emilio Rivoira, titular del estudio.

En este sentido, la primera decisión de los proyectistas fue no erigir en ese lugar un prisma con muros cortina o sus símiles, como parece ser en la actualidad la estética casi obligada para todo edificio de oficinas de alta gama o que simule serlo. En cambio, los proyectistas optaron por lo que Rivoira define como una «concepción muraria sólida perforada con aventanamientos, económica y compatible con la construcción existente, sin imitar a la historia ni rendirse a las tentaciones de las vanguardias».

Según explica, la elección no sólo respeta la tradición edilicia y el carácter de la manzana, no sólo atiende al pedido de sobriedad y austeridad del comitente, la Compañía de Jesus, sino que además asimila las lecciones de su arquitectura y busca reflejar la idea de su posible actualización. El concepto fue, entonces, erigir un edificio que «podría haber sido proyectado unas décadas antes o unas décadas después».

vía El tiempo recuperado.

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