Libros sobre teoría e historia de la arquitectura, manuales prácticos y libros técnicos
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Como amante de los libros y lector ávido esta nota es la mejor manera que encuentro de compartir un preámbulo al «Día Mundial de la Arquitectura» que se celebra cada primer lunes de octubre, es decir, mañana – día 3; y que será punto de partida para toda una semana de festejos cuya programación he reseñado en entradas (posts) anteriores.
Uno de los ganadores del prestigioso Premio Pritzker de Arquitectura, calificado por muchos como artesano del oficio y por no pocos como un asceta del diseño y la construcción, nos ofrece a través de esta publicación de la prestigiosa casa Editorial Gustavo Giliuna cuidada recopilación de escritos diversos donde se aprecia su disciplina y rigurosidad al proyectar.
‘La construcción es el arte de configurar un todo con sentido a partir de muchas particularidades. Los edificios son testimonios de la capacidad humana de construir cosas concretas. El núcleo propio de toda tarea arquitectónica reside, para mí, en el acto de construir. Es aquí, cuando los materiales concretos se ensamblan y se levantan, donde la arquitectura pensada se convierte en parte del mundo real.’ Peter Zumthor
Quise cerrar esta reseña, abierta con un ganador del Pritzker, con otro galardón de dicho Premio: en este caso, la primera dama en obtenerlo.
Horas después se conoció el veredicto del Premio Stirling 2011 que fue otorgado a un Colegio diseñado por la Oficina de esta afamada arquitecta – mi elección no pudo resultar mejor.
Zaha Hadid tiene la virtud de no dejar a nadie indiferente: cuenta con legión de fanáticos a la vez que multitud de críticos.
Aldo Rossi, entonces un joven arquitecto milanés de 32 años, publica su libro en 1966 (la primera edición en español fue en 1971) y consigue llamar la atención por dos cuestiones importantes: una, considerar la ciudad como arquitectura, es decir como un proyecto unitario, enfrentándose a la idea dominante, que había separado el planeamiento de las ciudades, es decir el urbanismo, del proyecto arquitectónico. Y la segunda idea era considerar que los proyectos de un arquitecto son la expresión de su concepto teórico de la arquitectura y viceversa. Es decir, que los arquitectos debíamos expresar en nuestros proyectos, nuestro pensamiento arquitectónico. Parece fácil.
A los pocos años de la publicación del libro, a partir de 1972, un grupo reducido, pero muy activo de arquitectos españoles, con fuerte representación sevillana, hicimos lo posible por incorporar sus teorías al nuevo urbanismo y a la nueva ciudad. Fue invitado a Sevilla y estuvo trabajando en un proyecto de remodelación del Corral del Conde. Algunos de nosotros tuvimos la suerte de tratarlo personalmente y comprobar su interés por todo y sus ganas de vivir. Hablé con él de teatro y de pintura, en largas veladas en casa de Fernando Villanueva. Del actor Ferrucio Soleri, creador del mágico Arlequino del Píccolo de Milano que sorprendió al mundo. De Mario Sironi y sus cuadros metafísicos de las periferias urbanas, retratadas por Pasolini. Recuerdo su mirada de admiración viendo bailar maravillosamente a una jovencísima Manuela Carrasco, «una sacerdotisa cretense » exclamada. En aquellos años, dio una conferencia sobre su Arquitectura de la Ciudad enSantiago de Compostela, que inició: «Existe una ciudad que aparece y desaparece cada año, con calles y manzanas, parcelas y casas, y que se mantiene como un invariante arquitectónico, mis amigos sevillanos ya saben que estoy hablando de la Feria…«.
¿SE puede triunfar en la vida siendo de Tudela? La pregunta tiene bastante de impertinencia. Acaso porque esconda un prejuicio extendido, casi aldeano, que acostumbra a relacionar el éxito con la presencia social en las urbes, territorios de las hazañas contemporáneas. Habría que responder: depende. ¿De qué? No tanto del lugar donde nazcas -que esto al fin y al cabo no lo elige nadie- sino de cómo seas. Y de lo que, vengas de donde vengas, seas capaz de hacer.
Si se analiza la trayectoria de Rafael Moneo (Navarra, 1937), se cae en la cuenta de que la célebre broma cruel de Baroja -«el pensamiento navarro no existe porque ambos elementos son incompatibles; o es pensamiento o es navarro«- tiene al menos una honorable excepción en la figura de este hombre de 73 años que se caracteriza, en su vida y en su trabajo, por la discreción, la sobriedad y un extraño sentido del decoro bastante singular en estos tiempos en los que cualquiera aspira a esculpir en piedra las hazañas minúsculas de su vida diaria gracias al espejismo de las redes sociales.
Rafael Moneo, Apuntes sobre 21 obras. GG
Moneo todavía conserva algo de artesano. Elegante. Humano. Casi invisible, salvo a la hora de trabajar. Algo admirable si se tiene en consideración que es el único arquitecto español que está en la lista de los Pritzker, algo así como el Nobel de su disciplina. Una división de élite donde rara vez suele hablarse castellano, sino inglés, alemán y otros idiomas continentales e insulares. En la que casi todos forman parte de la jet set arquitectónica, selecta minoría que acostumbra a trabajar en serie y por la que cualquier alcalde con aspiraciones se derretía hasta hace apenas unos años para poder «poner a su ciudad en el mapa».
La concepción de la arquitectura de Moneo es opuesta a esta obsesión por la espectacularidad. Quizás por eso es doblemente importante que su prestigio global haya sido obtenido sin tener que renunciar a una forma de entender su profesión que tiene como atributos la humildad -es un arquitecto que acepta las críticas como una parte más del proceso- y una voluntaria y consciente ausencia de retórica. Sencillez aparente, lograda tras horas de trabajo, análisis y creación.
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