Cambios en la ubicación de las personas que se realizan a través de los medios de transporte, ya sean mecánicos, animales, o el viaje realizado propiamente a pie. Los viajes pueden ser llevadas a cabo por recreación (como parte de el turismo o para visitar amigos y familia), pero puede ser por muchas otras razones, como la migración, que huyen de la guerra. Wikipedia.
Salamanca no sería lo que es sin su universidad. Pero tampoco sin sus conchas, sus tapas en la calle Van Dyck, su centro de arte Domus Artium 2002 o sus noches de jazz en el colegio Fonseca. La ciudad lleva tiempo reiventándose, siempre a caballo entre la tradición castellana y las propuestas más rompedoras. Isabel García
Es la ciudad de los estudiantes desde que el propio Alfonso X el Sabio decidiera plantar en Salamanca (ya oficialmente; como estudios la fundó Alfonso IX) la universidad más antigua de España (en pie). Se nota ahora en el ambiente juvenil que toma la Plaza de Anaya cualquier mediodía, sobre todo si el tiempo acompaña. O en la otra nochevieja, como se ha dado en llamar a la tradición de festejar el 31 de diciembre antes. Las uvas se sustituyen por gominolas y listo.
Cartel de 'Se Vende' delante del mirador de San Nicolás, en el barrio del Albayzín, en el año 2003. | EFE
EL ALBAYZÍN, EL BARRIO DONDE LAS VIVIENDAS VALEN EN FUNCIÓN DE DÓNDE MIRAN SUS VENTANAS
En el Albayzín el metro cuadrado cuesta casi 1.000 euros más que la media de la ciudad
Más de 130 viviendas del barrio, incluidas casas moriscas, han sido declaradas en ruinas
CARLOS AVILÉS
GRANADA.- Como saben los sufridos turistas que se acercan hasta él, empeñarse en ‘escalar’ el Albayzín puede ser agotador. Tras cada cuesta empinada que acaba enseguida comienza otra, y luego otra más, de modo que aquí, cuando no se sube, se baja. Exactamente lo mismo ocurre con los precios de las viviendas, cuyo atractivo estético hace imposible no detenerse para contemplarlas.
«¿Vas a comprarla?» dice por detrás una voz. Quien pregunta es Carmen, vecina del barrio de siempre. «Aquí ya nadie compra, sólo venden. Además, ¡si [la casa] está que se cae!», dice entre burlona y apenada. Tras esta breve interrupción reparamos en los carteles -los hay a montones- de «Se vende» y paneles informativos de la Junta de Andalucía que avisan sobre algún plan de rehabilitación, que cuelgan de los balcones de los inmuebles.
Los números son claros. «Las ventas se han reducido en un 60%» asegura Andrés Muñoz, director comercial de Oasis, inmobiliaria que se dedica a la compraventa de inmuebles en la zona. Sobre el motivo de este descenso dice: «Antes el principal inversor -el 80% aproximadamente- era el extranjero, anglosajón, que abandonaba su país para adquirir aquí un inmueble con el que montar un negocio de hoteles y vivir así un retiro dorado. Con la crisis del sector y la depreciación del dólar y la libra, dejaron de comprar«.
En un radio de cincuenta kilómetros alrededor de Ámsterdam se esconden aquellos paisajes que hasta los niños relacionan con una Holanda bucólica y de postal. Es el llamado Círculo de Oro, formado por terrenos ganados al mar, pueblos que antaño vivieron de la pesca y un complejo sistema de desecado que lleva funcionando la friolera de tres siglos.
Texto | Fotos: Gontzal Largo
¿Molinos? Sí ¿Prados de un verde cegador? También ¿Canales? Por supuesto ¿Tulipanes? Muchos, muchísimos, millones, de todos los colores imaginados y por imaginar.
EL CAIRO.-
Hay que admitirlo: la primera impresión que produce El Cairo no es la mejor. Con sus sistemas colapsados, su altísima polución, sus edificios sin terminar, sus calles caóticas y desbordadas, su tránsito incesante, frenético y vertiginoso, y su agobiante densidad poblacional puede abrumar a cualquiera. De hecho, cuesta bastante entrarle porque la capital egipcia encierra todo eso y más: es un pequeño mundo en el que conviven a diario más de 20 millones de personas en una superficie que cada vez queda más chica y que se extiende más hacia el desierto.
Pero una vez que uno se deja seducir por sus costumbres, sus contrastes culturales, su mezcla arquitectónica, la amabilidad de su gente y su riquísima y vastísima historia (¿existe algún lugar en el mundo que tenga tanta tradición como Egipto?), también es difícil desprenderse de ella.
Y 48 horas son pocas, quizá muy pocas, para comprender esta fenomenal madre de ciudades, pero existen algunos puntos imperdibles que sirven al menos para adentrarse un poco en su espíritu y esencia.
Cuentan que sir Winston Churchill invitó a Franklin D. Roosevelt a reunirse con él en el hotel La Mamounia de Marraquech y le advirtió: «Es el lugar más encantador del mundo«.
La sentencia del conspicuo primer ministro británico selló el ingreso en la leyenda de La Mamounia, que, muy consciente de su propia historia, subasta estos días los muebles y enseres que han dado reposo a algunas de las personas más influyentes del último siglo.
Lo primero que hay que dejar claro es que las piezas en puja no tienen, en su gran mayoría, demasiado valor artístico ni una antigüedad que las convierta en obras de coleccionista.
El castillo de Craigevar está considerado como el arquetipo del castillo escocés
por JAVIER MAZORRA
Situado cerca de Alford en la región de Aberdeen, el castillo de Craigievar está considerado como el arquetipo del castillo escocés. Aparece en medio del bosque como una esbelta torre fortificada en forma de L. Cuenta con siete niveles distintos en su interior donde nada ha cambiado desde hace varios siglos. Lo que más llama la atención es su techumbre rematada por un conjunto de torres y almenas.
No se pueden negar las connotaciones de grandeza y romanticismo que tiene el alojarse en un castillo en Escocia. Por suerte, Escocia cuenta con unas circunstancias únicas que te permitirán hacer de este sueño una realidad. Desde el lujo de cinco estrellas hasta la libertad del alojamiento con cocina, lo más seguro es que habrá un castillo de Escocia que responda a tus necesidades, permitiéndote experimentar de primera mano estos fabulosos edificios, y el que a menudo es su igualmente fabuloso entorno.
Las características fachadas en tonos ocres y albero de las casas romanas circundan prietamente la mayoría de las plazas -foros de nuestros días- de esta luminosa ciudad donde las gentes se encuentran, sestean, miran y se dejan ver sin recato.
Francisco López- Seivane
Con la primavera, la vida estalla y las escalinatas de la Plaza de España se ven tomadas por los colores vivos y nerviosos que traen los jóvenes de la nueva Europa, mientras las terrazas de la Plaza Navona o del Campo de Fiori se abarrotan de comensales pausados que aguantan impertérritos el débil sol marceño. La mayoría son turistas cansados de patear las calles y bucear en la historia, pero también hay romanos ociosos que no renuncian al dolce far niente de estos días de apacible sol.
De izquierda a derecha, el edificio de la Glasgow School of Art (proyectado por C. R. Mackintosh), la estatua del tabaquero William Cunningham frente a la Bolsa y una obra del artista escocés Jim Lambie en el GOMA.
La ruta por los edificios del célebre arquitecto escocés inaugura la jornada. Luego, ostras y un jardín zen creado por Yasuatato Tanaka. Diseño y mucho buen humor. Glasgow, la gran sorpresa.
CARLOS PASCUAL
No se puede hablar del día sin mentar la noche. No se puede hablar de Glasgow sin mencionar a Edimburgo, su eterna rival. Esta última es la capital de Escocia, pero Glasgow es su motor económico y creativo. Edimburgo tiene medio millón de vecinos, pero Glasgow triplica esa cifra. Edimburgo ha sido declarada por la Unesco Ciudad Literaria, pero a Glasgow le han otorgado el título de Ciudad de la Arquitectura. En Edimburgo están los palacios de la Reina, el Parlamento y mucho turismo al uso; en Glasgow pujan la vanguardia, las tiendas de diseño, los edificios del gaudí local, C. R. Mackintosh, los cuales representan la versión nacional del modernismo. La gente de Glasgow no es estirada, tiene humor, es abierta. Para resumir: los de Glasgow afirman que lo mejor de Edimburgo es el tren que sale para Glasgow (claro, que en la otra ciudad dicen lo mismo, pero al revés). Hay, en cualquier caso, una manera infalible de saber si un ciudadano es de Glasgow o de Edimburgo: si pide fish & chips con sal y salsa, es de Edimburgo; si lo pide con sal y vinagre, es de Glasgow.
En pocos países es tan patente la evolución de la hostelería como en Tailandia. Nuevos hoteles renuevan constantemente los viejos conceptos con asombrosas innovaciones, mientras el concepto de lujo se ve trasformado a cada instante.
Plaza del centro de Manchester, con una grúa al fondo. | M. M.
NEGOCIO INMOBILIARIO EN LAS CIUDADES RIVALES DE LA ‘PREMIER’
La fiebre del ladrillo se ha instalado en ambas ciudades, con el fútbol como motor
MARÍA MARTÍNEZ
LIVERPOOL (REINO UNIDO).- A sólo tres jornadas para que se acabe la Premier, el Manchester United -flamante finalista de la Champions League– las tiene todas consigo para llevarse el campeonato. Tres puntos de distancia y un partido menos le sitúan favorito de todas las apuestas. Sólo el Liverpool de Torres, Xabi Alonso y Reina podría arrebatarle la gloria.
En ambas ciudades, el futbolístico no es el único factor de rivalidad. Separadas por una hora de distancia, las dos pugnan por llevarse el título a la mejor regeneración urbana de sus cascos históricos y de sus antaño grises áreas industriales. Porque, pese a la crisis inmobiliaria, la rehabilitación pasa desde hace tiempo, en ambas, por un estado de continua efervescencia.
El fútbol –Manchester aloja también al City, y Liverpool al Everton– ha sido y es un importante motor de sus economías al que la construcción ha ido ganando terreno como generador de negocio. En el caso de la cuna del United, que gravitó durante largos años sobre la industria, en particular la textil, la fiebre del ladrillo que ha experimentado tiene su principal reflejo en los nuevos y altísimos hoteles y en los modernos edificios de apartamentos que se han levantado en el centro, sin olvidar algunas premiadas reformas de inmuebles históricos. Además, liberada de su pasado manufacturero, la ciudad del sufragismo alberga en la actualidad contenedores culturales de primer nivel, como el Bridgewater Hall.
Isabel García
Será una de las pocas ciudades alemanas en las que las cicatrices de la Segunda Guerra Mundial se han dejado sentir de forma más tenue. El motivo oficial apunta a que fue en Lübeck, a hora y media de Hamburgo, donde se montó el centro de operaciones de la Cruz Roja. Dicen que no fue del todo así, aunque las dotes propagandísticas de varios soldados británicos se encargaron de hacer correr el rumor, y parece que surtió efecto.
Sea como sea, lo cierto es que sólo el 20% de la urbe sufrió los bombardeos. Quizá por eso conserva todavía ese aura medieval que empantana de ladrillos rojos y estilo gótico el casco antiguo, suspendido entre las orillas de dos ríos, el Trave y Wakenitzes. El Medievo fue, precisamente, la etapa de mayor esplendor económico para esta ciudad de tradición comercial y marinera. Entonces, se convirtió en la Reina de la Hansa, la afamada liga económica compuesta por más de 150 urbes del norte de Alemania.
La ciudad inglesa ya no es sólo atractiva por sus beneficiosas aguas termales, sino por sí misma. No en vano, su fisonomía trazada a base de piedras doradas la ha llevado a ser Patrimonio de la Humanidad. Sin olvidar el halo romántico que remite a las novelas de Jane Austen.
Debe estar conectado para enviar un comentario.