Campana de vidrio soplado negro - Javier Pérez, claustro de la Catedral de Burgos.-
Las obras de ambos artistas dialogan con la iconografía del monumento gótico
ÁNGELES GARCÍA– Madrid
El misterio y la belleza de la liturgia de la Iglesia católica ha inspirado una buena parte de la historia del arte. Su especial iconografía ha fascinado en el mundo antiguo, pero también en el arte contemporáneo. La intervención de Miquel Barceló en la catedral gótica de Palma de Mallorca es uno de los ejemplos más conocidos. Hace cinco años que la catedral de Burgos abrió sus puertas al talento de artistas contemporáneos. Una vez más, la escenografía de cálices, casullas, cruces o campanas ha sido transformada por dos representantes del arte más actual: Javier Pérez (Bilbao, 1964) y Alberto Corazón (Madrid, 1946). Las intervenciones de estos dos artistas se podrán contemplar hasta finales de septiembre.
A lo largo de las pasadas ediciones han participado artistas como Carmen Calvo y Miquel Navarro (2005); Martín Chirino y Gerardo Rueda (2006), José Manuel Ballester y Stephan Balkenhol (2007) y Bernardí Roig y Marina Núñez (2008). Rafael Sierra, el comisario de esta iniciativa, explica que ha escogido a Pérez y Corazón después de seguir su trayectoria durante muchos años: «Si se observa la lista de artistas, se ve que el proyecto de Burgos no es homogéneo, sino más bien todo lo contrario. De Javier Pérez me interesa la capacidad que tiene para enfrentarse a los grandes espacios, y de Alberto Corazón, la habilidad que tiene para integrar lenguajes».
Edificio España, perteneciente a Banif, en la Plaza de España.- CRISTÓBAL MANUEL
Reportaje
Las secuelas de la burbuja y el dilatado plazo (cuatro años) para cambio de uso deja vacíos edificios emblemáticos en el centro
ANDREA ARABIA
Están en pie pero sin vida. Son singulares, protegidos, se encuentran en buen estado y en las mejores zonas de Madrid, pero sin ninguna utilidad. Son varios los edificios completamente deshabitados o en situación de semiabandono en la capital. El más llamativo está en la Puerta del Sol, bajo el anuncio luminoso de Tío Pepe. La lista de ilustres abandonados sigue con la manzana de Canalejas, sede de la Mutua Madrileña, en la calle de Almagro, o el edificio acristalado que corona el Antiguo Teatro Fontalba, en la Gran Vía.
Las razones de que estos edificios emblemáticos estén semiabandonados son muchas y están en buena parte ligadas a la especulación de los años de la burbuja. Las causas más comunes apuntan a la dilatación de los trámites urbanísticos que exige un cambio de uso; a la espera del vencimiento de los contratos de alquiler o que, al tratarse de edificios protegidos, los permisos se dilaten más de la cuenta, según apunta Antonio Pleguezuelos, director de Urbanismo de la consultora Aguirre Newman. Cambiar el uso es muy complejo. Requiere un mínimo de cuatro años. Francisco Pleguezuelos, director del área hotelera de BNP Paribas Real Estate, asegura que mientras están parados «estos inmuebles no sólo no generan beneficios ni plusvalías, sino que producen importantes gastos en labores de mantenimiento, gastos de seguridad e impuestos».
En el museo se podrán admirar las excavaciones, protegidas por un cristal
BEGOÑA CASTIELLA, CORRESPONSAL I Atenas
El próximo sábado, el presidente de la República griega, Carolos Papulias, ante varios Jefes de Estado y Gobierno y muchas personalidades internacionales, inaugurará en Atenas el nuevo Museo de la Acrópolis, situado en las faldas de la colina donde se encuentra el conjunto arquitectónico que incluye, entre otros tesoros del arte universal, los templos del Partenón, el de Atenea Victoriosa y el Erecteión. Se trata de un edificio de cristal y hormigón diseñado por el arquitecto suizo Bernard Tschumi y su socio griego Mijalis Fotiadis, con luz natural que entra por sus paredes de cristal. En total, varios pisos en equilibrio sobre las excavaciones de restos arqueológicos de la ciudad de Atenas de distintos siglos antes de Cristo. El presidente del organismo del nuevo museo es el destacado arqueólogo Dimitis Pandermalis.
La idea de crear un nuevo museo para las esculturas de mármol de la Acrópolis viene de lejos, tras comprobarse que el museo que se encontraba a pocos metros del Partenón -y construido a escala reducida adrede- se había quedado muy pequeño. Pero fue Melina Mercuri, la artista convertida en apasionada ministra de Cultura con el socialista Andreas Papandreu, quien convirtió la idea en un proyecto, convocando un concurso internacional en 1989 para construir el nuevo museo. Melina Mercuri estaba empeñada en conseguir que regresaran a Grecia los denominados Mármoles de Elgin, aquellos que el séptimo Lord Elgin, embajador entre 1799 y 1803 ante la Sublime Puerta (es decir ante el imperio otomano, con capital en Constantinopla) mandó serrar y arrancar del Partenón.
Todo está preparado en el nuevo Museo de la Acrópolis que se inaugurará oficialmente este sábado por la noche. Su página web está funcionando sin problemas desde la mañana del lunes y ha conseguido que en menos de 14 horas se agotaran las entradas electrónicas (los denominados «e-tickets») para los primeros tres días abiertos a los visitantes: el domingo 21, lunes 22 y martes 23. Para cada uno de esos días, y como ensayo para ver en vivo como podrán admirar las esculturas clásicas hasta diez mil personas a diario , se pusieron a la venta 750 entradas. La venta se efectuó en tres zonas, de 9 a 11, de 11 a 18.00 y de 18.00 a 20.00 con un precio de 1 euro por entrada.
A partir del día 24, se podrán conseguir las entradas tanto en las instalaciones situadas en la entrada del museo como de forma digital para evitar colas. El precio de las entradas se mantendrá hasta finales de año en 1 euro, que es el equivalente de un billete de metro o autobús en Atenas .
En apenas unas horas se vendieron 2250 tickets por Internet para asistir los tres primeros días, del 21 al 23 de junio. Durante los primeros siete meses la entrada costará 1,4 dólares; luego, 6,9 dólares. Aumenta la presión para que Londres devuelva los frisos que se llevó hace 25 años
Como una proa que se yergue en el cruce del Canal Grande con el de la Giudecca –las dos grandes vías que surcan Venecia–, el nuevo Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Pinault en la Punta Della Dogana, (los viejos depósitos de la aduana) ha sido el eje de todos los comentarios a favor y en contra en estos días previos a la apertura oficial de la Bienal.
Nunca la democrática parada del «vaporetto» en iglesia de La Salute, frente a la plaza de San Marcos, se vio tan perturbada por lanchas taxis y gente glamorosa que subía y bajaba de las embarcaciones con vestidos Prada y bolsos Louis Vuitton.
«Me piace molto este Pinaultbourg», aprobó displicente uno de esos elegantísimos italianos con acceso irrestricto al nuevo espacio de arte contemporáneo que desde ahora tendrá a cargo el millonario francés François Pinault, cuyas inversiones cubren un rango tan diverso como la casa de subastas Christie’s, el Carrefour y la cadena de librerías FNAC. Su irónica alusión al Pompidou, que los franceses llaman familiarmente Beaubourg tiene que ver con que fue este centro el primero en priorizar la atención en el edificio más que en la colección.
Con el centro que se inauguró ayer en Venecia ocurre algo parecido. Por largos años en desuso, este edificio del Siglo XVI, magníficamente acondicionado por el arquitecto japonés Tadao Ando, vuelve a escena para convertirse en el «símbolo veneciano del nuevo milenio». Sus amplias salas de piedra y ladrillo centenario, con vista al Gran Canal, lucen magníficas debajo de las vigas de pinotea de la estructura original. En el interior, y ante la tremenda expectativa generada por la arquitectura, las obras, por último, empiezan a ser relegadas a un segundo plano. Podría decirse, por otro lado, que el conjunto de obras de la colección exhiben una singularidad: representan a la constelación de artistas estrellas pero no siempre sus obras más rutilantes.A la entrada, la muestra impacta con un caballo tamaño natural que incrusta su cabeza en uno de esos muros, obra emblemática del italiano Maurizio Cattelan. Más adelante una escena dantesca de los ingleses Jack & Dinos Chapman. Se trata de Fucking Hell (maldito infierno) una escena de guerra en miniatura. Diríase que un infierno de Bosch en registro contemporáneo que vale la visita por sí mismo.
Un niño de plástico observa asombrado la rana que sostiene en la mano derecha. Está allí, blanco, mirando la plaza San Marcos, ajeno a los turistas. Lo fotografían desde el vaporetto porque saben que será un nuevo icono, esta vez moderno, de Venecia, esa «señora» harta ya de que la consideren un parque temático de lo viejo.
El niño de la rana está en la punta del triángulo que forma la antigua aduana del mar reconvertida ahora en museo de arte contemporáneo tras una brillante intervención del arquitecto japonés Tadao Ando. Parece una escultura clásica, alejandrina, pero su autor es un artista californiano actual (Charles Ray), que ha tenido el privilegio de dejar su sello en la desembocadura del Gran Canal gracias al multimillonario francés François Pinault. Éste se mostraba exultante ayer en la presentación del nuevo centro de arte, que exhibe parte de su colección y que abrirá al público el sábado, víspera del inicio de la 53ª edición de la Bienal de Venecia.
Pinault, de 72 años, tiene que demostrar varias cosas estos días. En 2007 ganó el concurso convocado por el Ayuntamiento de Venecia, empeñado en darle vida a este antiguo edificio del siglo XVII, abandonado y casi en ruinas, que durante siglos fue aduana de mar. Competía por dotar al lugar de un nuevo museo con la Fundación Guggenheim, que aportaba un proyecto de Zaha Hadid, y las controversias fueron fuertes. Ayer, pues, era su día. Más importante incluso que cuando en 2006 presentó por primera vez su colección en el Palazzo Grassi de Venecia, antes emblema de Fiat y desde entonces propiedad de un hombre que comenzó siendo empresario de maderas y se ha retirado como dueño de un imperio que incluye desde Gucci a la FNAC pasando por un equipo de fútbol o la casa de subastas Christie’s. Este último aspecto, por cierto, justifica -más que su propia colección- que algunos medios consideren a Pinault la persona más influyente del arte contemporáneo.
En realidad, Cuenca son dos ciudades unidas entre sí, la alta y medieval y la baja y moderna
La urbe manchega es, en realidad, dos ciudades. Una es la baja, moderna y actual. Y otra la alta, donde se ubica su admirable casco antiguo, con ese aire medieval todavía impreso en cada calle, cada iglesia y cada plaza, todas acomodadas a las dificultades geográficas del lugar.
Celia Rivera
Bien podría decirse que Cuenca son dos ciudades. La primera, la monumental, está allá arriba, en la parte alta, ubicada en un espolón largo y escarpado en la confluencia de dos cursos fluviales. El trazado de sus enigmáticas calles es fruto de las dificultades del lugar, pero sigue conservando ese aire medieval y los edificios característicos, tanto civiles como religiosos, que le han dado fama. La segunda Cuenca, la de la ciudad baja, es la zona moderna surgida de los ensanches acometidos a partir del siglo XIX. De momento, nos quedamos con esa urbe alta que bien merece una ruta por esos enclaves que resultan de la perfecta fusión entre ciudad y paisaje.
El recorrido por el casco antiguo de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1996 comenzaría (siempre a pie) por las hermosas plazas y calles que dejan entrever en cada rincón sus muchos lustros de historia. Junto a la catedral, la Plaza Mayor es una parada obligada, con su superficie irregular, simulando casi un trapecio, auténtico nudo de coumnicaciones entre los diversos elementos urbanísticos de la parte antigua. Y es que allí está el Ayuntamiento rococó, construido en la época de Carlos III sobre tres arcos de medio punto.
LA ENTRADA A SAN PEDRO. Bernini diseñó el pórtico con la idea de "modelar toda la ciudad de Roma con sus manos, como si fuese una inmensa escultura".
Aprobado en 1657 por el Papa Alejandro VII, el monumental complejo diseñado por Gian Lorenzo Bernini será restaurado en su totalidad. El plan, que se prolongará durante cuatro años, abarca las 284 columnas y todos los santos y figuras que coronan los dos brazos de la Columnata.
La monumental Columnata de Bernini, en la plaza de San Pedro, será sometida a una restauración que durará cuatro años, informó hoy el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci.
Paolucci precisó que el 11 de junio será presentado en la Feria de Milán el plan de restauración de las 284 columnas que conforman el espacio ideado por Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) en 1657, cuando el papa Alejando VII aprobó el proyecto del pórtico de San Pedro.
Además de las columnas, también serán restaurados todos los santos y figuras que coronan los dos brazos de la columnata.
Desde hace varias semanas se analiza un grupo de columnas de la parte izquierda y en fechas próximas comenzará la restauración del complejo monumental.
La restauración de la monumental Columnata de Bernini de la plaza de San Pedro durará 42 meses y costará de 10 a 20 millones de dólares (7,1 y 14,2 millones de euros), dijo hoy el secretario del Governatorato (el gobierno que gestiona Ciudad del Vaticano), obispo Renato Boccardo.
Durante la presentación del proyecto de restauración en la Feria de Muestras de Milán, Boccardo dijo -citado por medios locales- que el Vaticano no pagará nada, ya que los costes se cubrirá con diferentes patrocinadores privados.
Trabajarán sobre las 284 columnas que conforman el espacio ideado por Gian Lorenzo Bernini en 1657. Se revisarán cubiertas y canalones de agua, y se retirarán los arreglos viejos
LITERATURA | Villa literaria en la provincia de Valladolid
La venta de libros no cumple las expectativas y se teme una retirada masiva
El proyecto necesitaría un gran evento anual para ganar tirón entre el público
Urueña fue el primer municipio con una librería para menos de 200 personas
María Martínez | Valladolid
Convertir a Urueña en un ‘santuario’ al que se acercaran cientos de devotos de la literatura fue el empeño que llevó a la Diputación de Valladolid a financiar en 2007 el proyecto de la Villa del Libro en esta encantadora localidad. Sin embargo, apenas superado el segundo aniversario de su inauguración (se celebró a mediados del pasado mes de marzo) alguna que otra nube se cierne sobre una iniciativa que necesita reinventarse bajo los anchos cielos de Castilla.
La puesta en marcha del programa supuso la apertura de una docena de librerías en el pequeño municipio. Hoy, algunos de sus inquilinos se plantean si merece la pena continuar. La apuesta de la institución pública para revitalizar el área se ha traducido en un aumento del número de visitas al bello pueblo amurallado (declarado de Interés Turístico Regional), pero la compra de libros no ha cumplido las expectativas previstas.
La catedral de Aquisgrán, al oeste de Alemania, fue construida hace 1.200 años por orden del emperador y rey franco Carlomagno (742-814), según certifican los últimos estudios científicos realizados en el histórico edificio. Los análisis de las vigas de roble en los cimientos y la cúpula del edificio han permitido confirmar con total seguridad que la catedral se construyó hace doce siglos durante el reinado de Carlomagno, anunció hoy Helmut Maintz, maestro arquitecto catedralicio.
Tras afirmar que «resulta maravilloso tener ahora absoluta seguridad» sobre la datación de la seo de Aquisgrán, Maintz comentó que esta comenzó a construirse como muy pronto en el año 793 y que las obras acabaron como muy tarde en el año 813. Las fechas ahora confirmadas coinciden con las estancias de Carlomagno en la ciudad, añadió el experto, quien comentó que no existen documentos escritos de la época y que la restauración del interior de la catedral ha ofrecido la oportunidad de realizar los análisis necesarios para avalar la datación.
De esa manera se ha podido descubrir que bajo los cimientos del pilar séptimo al noreste del edificio religioso se empotraron en la tierra un centenar de pilares de roble para dar firmeza a un terreno que entonces era pantanoso. Durante los trabajos de restauración se extrajeron dos de los pilares de roble, que, sometidos a un análisis dendrológico, han confirmado que esos maderos fueron talados como muy pronto en el año 793.
Los Estados en el mundo tomando conciencia del significado del patrimonio natural y cultural, considerados en nuestro planeta como recursos no renovables, suscriben múltiple normatividad internacional para la preservación y conservación del Patrimonio Cultural a nivel mundial y que estimula a cada Estado parte, a la dación de normas para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Nacional, como política de Estado dentro de sus jurisdicciones.
La zona arqueológica maya de Uxmal, en el sureste mexicano, estrenó hoy un moderno sistema de iluminación y sonido de última generación que realza la estética de los edificios preservando su estructura y garantizando su conservación
Isidro González Velázquez, uno de los arquitectos de más fuste en el Madrid a horcajadas entre los siglos XVIII y XIX, sale desde ayer de un olvido en el que su figura se hallaba sumergida. Permaneció arrumbado durante décadas, pese a haber sido precisamente él quien erigiera uno de los hitos más sustantivamente propios de cuantos Madrid alberga: el Obelisco a los héroes del Dos de Mayo, en la plaza de la Lealtad. También ideó el palacio del Senado o la Casita del Labrador, en Aranjuez.
Su obelisco es aún hoy canon de serena armonía que el discurrir de la historia ha convertido en emblema de un ideal patriótico civil a salvo de la erosión del tiempo y de las rapiñas ideológicas. Así, el gran hito, 150 años después de su erección, pudo integrar con plena naturalidad, en 1985, una llama votiva que tributa recuerdo perenne a todas y todos cuantos dieron su vida por una España mejor.
A través de las cortaderas la gran casona asoma, en impecable estado
Ostenta la distinción de haber sido propiedad del ex presidente Julio A. Roca en Ascochinga. Recibe a sus visitantes con un paisajismo deslumbrante.
Su nombre es una invitación a la pereza, un pasaporte a la belleza y, también, a la historia. Basta desempolvar algunos tomos vetustos para descubrir que alguna vez se llamó Corral de Piedra, un puesto de la estancia Santa Catalina, que en 1767 –cuando los jesuitas fueron expulsados de América– abarcaba más de 62.000 hectáreas.
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