Utilizado habitualmente en el contexto de las artes aplicadas, ingeniería, arquitectura y otras disciplinas creativas, diseño se define como el proceso previo de configuración mental, «pre-figuración», en la búsqueda de una solución en cualquier campo.
Etimológicamente derivado del término italiano disegno dibujo, designio, signare, signado «lo por venir», el porvenir visión representada gráficamente del futuro, lo hecho es la obra, lo por hacer es el proyecto, el acto de diseñar como prefiguración es el proceso previo en la búsqueda de una solución o conjunto de las mismas.
Wikipedia.
El diseño interactivo podría dejar de traducirse por el consabido «pulse un botón» para implicar la toma de decisiones. Una empresa portuguesa especializada en kits de bricolaje, Movelpartes, ha visto el potencial de la relación entre la crisis y el legendario «hágalo usted mismo». Y ha decidido plantarle cara a Ikea. ¿Cómo? Con armas tradicionales suecas: diseño y simplificación.
Los portugueses quisieron sumar diseño a sus productos para facilitar el montaje. Y para llegar a otro tipo de hogares. Una mujer, la directora de la bienal de diseño portugués y nueva responsable artística de la empresa, Guta Moura Guedes, está detrás de la idea que reta a los diseñadores a inventar y a los empresarios a fabricar piezas de cuidado diseño. El asunto es peliagudo porque Movelpartes es una firma especializada en kits de mobiliario y exige que sus productos puedan montarse fácilmente, empleando tan sólo entre 5 y 25 minutos en la hazaña. La empresa tiene también alergia a los precios de vértigo y en su libro de estilo figura que el coste de sus piezas no se escape del margen que queda entre 54 y 250 euros. Con esas limitaciones convertidas en retos, el estudio barcelonés Lagranja fue elegido, junto a los lusos Miguel Vieira Baptista y el estudio Pedrita -formado por Pedro Ferreira y Rita Joâo- para poner al día la antigua colección de la empresa Make it (Hazlo,en inglés), rebautizada ahora como Make it better (Hazlo mejor).
Lingotto es un barrio de Turín, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat. La primera piedra fue colocada hacia 1916 y fue abierto en 1923; el diseño, del joven arquitectoGiacomo Mattè-Trucco, era raro ya que tenía hasta cinco pisos. La materia prima entraba por la parte inferior, y se iban transformando en automóviles mientras subían en espiral por el interior del edificio. El vehículo acabado aparecía en el terrado, donde se encontraba un circuito de pruebas oval con curvas peraltadas y esperaba un piloto de competición, para dar una nueva vuelta y comprobar su correcto funcionamiento. Fue, en su día, la mayor fábrica de automóviles del mundo, siendo considerado un edificio de vanguardia, muy influyente e impresionante; tanto que Le Corbusier le llamó »una de las mejores imágenes de la industria«, y una »guía a seguir para el diseño de las ciudades«. 80 modelos diferentes fueron fabricados a lo largo de su historia, incluyendo el famoso Fiat Topolino de 1936.
El blog Una breve historia dedica una entrada al edificio Lingotto, fábrica de automóviles FIAT en Turín, diseñada por el arquitecto Giacomo Mattè Trucco. Inaugurada en 1923, fue la mayor fábrica de automóviles de su época y funcionó hasta 1982, en que se transformó en museo. De sus muchas características peculiares destaca que poseía una pista de pruebas ubicada sobre su techo, a cinco pisos de altura. Leer más: Una breve historia: Un circuito en el tejado
La factoría de Fiat en Turín es uno de los iconos de la Italia contemporánea, del motor, y de todo lo que lo rodea. El «Lingotto» es un gran prisma, en su día la fábrica más grande del mundo, en cuyo techo, a seis grande plantas del suelo, se ubica una pista de pruebas de 2’4 km de largo y 24 m de ancho. Un edificio glosado por Le Corbusier, cantado por los futuristas, e inmortalizado para el cine y la publicidad por la película de Peter Collinson «The Italian Job» (1969). Demos una vuelta por la pista de pruebas más asombrosa del mundo.
La pista de pruebas construída por Giaccomo Matte – Trucco en lo alto de la planta de producción de Fiat en Turín es a día de hoy, sin ninguna duda, un icono de la ciudad en el exterior. Matte-Trucco era esencialmente un ingeniero, al que Giovanni Agnelli le encargó, después de quedar fascinado por las plantas de Ford en Estados Unidos, una factoría que fuese la envidia del mundo. La obra de Matte – Trucco, construída entre 1916 y 1923, fue rápidamente adoptada por los Futuristas como «La primera obra futurista construída en el mundo», y no resultaba difícil imaginar por qué (ver un dossier PDF de 1934 aqui). Aunque el arquitecto no estaba implicado en el Movimiento Futurista, la gran aportación de Italia a las vanguardias históricas que redibujaron el panorama del arte en el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, el Futurismo fue un movimiento esencialmente italiano. Los futuristas, para siempre vinculados al encendido manifiesto publicado por el poeta Filippo Marinetti en “Le Figaro” en 1909, glosaban las bondades de la modernidad, haciendo del maquinismo un nuevo icono de la belleza. Y en aquel éxtasis futurista, Marinetti parió aquella metáfora hiperbólica tantas veces aludida, de que es más bello un automóvil rugiente con sus tubos cromados al sol, que la Victoria Alada de Samotracia. Pero en el otro “Manifiesto Futurista”, el enunciado por el arquitecto Antonio Sant’ Elia, había mucho más de concreción y de formulación de un nuevo mundo, porque se trataba de concebir, con todo el delirio y el entusiasmo arrogado a la capacidad del progreso, las ciudades de un futuro que todos trataban de imaginar cómo sería. Por eso consideraron el «Lingotto» y su pista de pruebas un paradigma del futurismo. El edificio, después de que la producción cesara en 1982, fue rehabilitado por Renzo Piano, el arquitecto del Centro Pompidou de Paris, para instalar en él un gran centro cultural que alberga, entre otras cosas, la pinacoteca de la familia Agnelli.
Se podría decir que la nueva terminal aérea de Carrasco, Uruguay, proyectada por Rafael Viñoly, pone en cuestión a gran parte de la arquitectura de los aeropuertos de todo el mundo. Esto sucede porque, hoy, cualquier aeropuerto remite a la construcción más exitosa de Marc Augé: el concepto de no-lugar. El pensador francés designó así a aquellos espacios de transitoriedad que no tienen las características necesarias para ser considerados «lugares».
En Carrasco, Viñoly rompe el vínculo establecido por Augé entre aeropuerto y no-lugar, tanto al intensificar la calidad del espacio (que resulta inolvidable en oposición a la indiferenciada categoría espacial del no-lugar), como al envasar el programa en un extraordinario objeto arquitectónico imaginado sobre el patrón morfológico de la topografía uruguaya.
Justamente, el gesto que cautivó al empresario Eduardo Eurnekian, presidente de la empresa concesionaria del aeropuerto fue el único trazo de lápiz con el que Viñoly describió el proyecto: una suave curva que evoca a las lomadas charrúas. Fue el instante inefable en que una línea pone en funcionamiento la maquinaria arquitectónica.
Así, el aeropuerto de Carrasco fue construido sobre una idea poderosa que el propio Viñoly describe como muy simple: «Un gran techo debajo del cual se ubican todas las funciones».
Sin embargo, para conseguir mantener la simplicidad del gesto inicial fue necesario desarrollar una estructura extremadamente compleja, una enorme cubierta de 366 metros de largo por 131 de ancho, triplemente curvada. Una cáscara que flota sobre las tres plantas del edificio. La sección longitudinal del techo es una extensa curva simétrica que se alarga hasta apoyar ambos extremos en el suelo. En el sentido transversal, la curva es asimétrica con el ala más alta y extendida hacia el lado de las espigas de embarque, y la más corta y baja, hacia el lado de los accesos. La tercera curvatura del techo se verifica en su proyección en planta, una figura suavemente curvada por sus cuatro lados, más pronunciada por el lado de la pista.
Por debajo de la cubierta, el edificio propiamente dicho es un dispositivo organizador de la rutina del aeropuerto. Las áreas de llegadas y de partidas, están proyectadas como bandejas superpuestas. En la planta baja están ubicados los arribos y en el primer piso las partidas, articulados por el hall público y las cuatro espinas que conectan con las mangas. Por sobre el nivel de partidas, en el segundo piso, se ubica la terraza cubierta de uso público con servicio de gastronomía y locales.
Maqueta de la VitraHaus que el estudio de arquitectura Herzog & de Meuron ha proyectado en Alemania.-
REPORTAJE: Diseño
La escala intermedia y las apuestas por varios estilos marcan la arquitectura y el diseño que viene en 2010
ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid –
Con Kazuyo Sejima como comisaria de la próxima bienal de Venecia y el Centro Pompidou de Metz, de otro japonés, Shigeru Ban, a punto de inaugurarse al norte de París, parece que los iconos y las estrellas arquitectónicas hablarán otro idioma en 2010. La sostenibilidad, o el intento por lograr una arquitectura menos dañina a base de edificios con menos medios pero con más ideas, está presente en varios inmuebles a punto de estrenarse. Pero también lo está un cambio de escala. La arquitectura está cambiando. Más comprometidas con su trabajo que con las cifras de su empresa, parece que las nuevas estrellas quieren serlo menos. No sucederá en un año. Pero es de esperar que el camino sea sin retorno. Se podría augurar que los arquitectos se divertirán más vigilando las obras que los libros de cuentas. Por eso, de seguir la economía su curso de castigo, se va a acabar el aburrimiento. Sólo los ingeniosos triunfarán. Algunos hasta reinventándose.
No es el caso de Niemeyer, que inaugurará en Avilés otra obra magna, sin duda también emblemática, en la que nunca ha estado. Pero podría serlo el del estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron que, en un pequeño pueblo alemán, Weil am Rhein, ultima un edificio que combina la gran y la pequeña escala. El encargo tenía truco. Lo hizo un experto en arquitectura, Rolf Fehlbaum, propietario de la futura VitraHaus -un espacio sque servirá para exhibir la colección de la firma de mobiliario Vitra – que ya tuvo el olfato de invitar a Frank Gehry -autor del Vitra Museum- y a Tadao Ando para construir en Europa hace más de 20 años. También fue el primer cliente deZaha Hadid. Fehlbaum llevaba años detrás de Herzog & de Meuron y ahora, en la primavera de 2010, los devolverá a la pequeña escala sin renunciar a la grande.
El diseño, el arte, la funcionalidad y el confort se conjugan de forma magistral en St. Martins Lane, un hotel boutique que el audaz empresario neoyorquino Ian Schrager proyectó en el West End londinense y en el que ha dejado su inconfundible sello el polifacético diseñador Phillip Starck.
Patricia Osuna
Una loa al surrealismo, puro elogio del arte y del diseño. Así fue concebido en 1999 el St. Martins Lane, un hotel boutique del West End londinense que luce sin ambages la etiqueta de provocador, original, elegante y armónico. Eso sí, no se trata de un mero escaparate. St. Martins Lane es capaz de conjugar la decoración —de un gusto exquisito— con la funcionalidad y el confort.
El artífice de tan innovadora fórmula no es otro que Ian Schrager, empresario neoyorquino y promotor —junto a Steve Rubell— de las célebres discotecas Studio 54 y Palladium, templos del hedonismo y la psicodelia donde lo más granado de la jet set norteamericana y europea dio rienda suelta a sus excesos nocturnos en los 70 y 80.
Impulsado por el éxito que cosechó en Manhattan, Schrager decidió entonces introducir el avant-garde en el anquilosado sector hotelero. Morgans, en Nueva York, encabezaría una larga lista de hoteles con personalidad propia: el Delano en Miami, el Mondrian en Los Ángeles, Hudson en Nueva York o el Clift en San Francisco. Después llegó el momento de cruzar el charco. Recaló en Londres y, con la mejor tarjeta de presentación posible -la de haber sido el acuñador del concepto de boutique hotel– inauguró St. Martins Lane.
Para su proyecto londinense contó con la colaboración del polifacético diseñador francés Phillip Starck. El resultado: un hotel as theatre en el que los espacios comunes son improvisados escenarios teatrales donde el cliente —un amplio espectro de trotamundos y viajeros de la upper class— actúa sin guión.
Tapizado en jacquard color oro, mantas de lana de la India, sofá "Bhakti" tipo mariposa diseñado por Mochi y producido por Gruppo Industriale Busnelli
El arquitecto Rubén Mochi encontró en Buenos Aires un refugio con reminiscencias de la ciudad italiana donde vivió y trabajó durante 25 años.
A principios de los 80 y recién recibido de arquitecto, Rubén Mochi se instaló en Milán, el sitio indicado para alimentar su vocación de diseñador. Enseguida, sus buenas ideas le abrieron las puertas de la tradicional casa de accesorios Trussardi, para la que realizó una línea de muebles. A la vez, se sumó al Grupo Zeus, uno de los principales movimientos conceptuales de Milán, que entonces proponía el uso de piezas de hierro en color negro en la decoración de interiores, una idea revolucionaria en esos años. Si bien Mochi se especializa en la creación de divanes y lámparas como la ‘Ñandú’, por la que ganó el premio Young Design en Italia, es también reconocido por la realización de tiendas, stands y showrooms para firmas como Dolce & Gabbana, Chanel, Lee o la empresa india de textiles Synergy Home.
Más de 1.500 artesanos han trabajado a las órdenes del decorador Jacques Garcia para borrar todo rastro del estilo art-dèco que lucía desde su última remodelación de 1986 y devolverle su regusto original árabe-andaluz. Aliñado, eso sí, con la audacia del diseñador de interiores favorito de Francia, que ha querido demostrar que el verdadero arte marroquí no tiene que ver con la marroquinería y los oropeles.
La mano de García, un enamorado de La Mamounia anterior a la reforma del 86, se palpa en cada estancia sin ser, en absoluto, un hotel de diseño. Su algo anodino edificio rosado, a cuya imagen se levantó todo el Marrakech del siglo XX, es lo único que no se ha tocado de este mito erigido en los años veinte sobre un espléndido jardín de 8 hectáreas que, cercado por las murallas almorávides de la ciudad, el sultán Sidi Mohamed ben Abdallah regaló a su hijo Mamoun en el siglo XVIII.
Del interior, sin embargo, no se ha conservado nada. Todo se liquidó el pasado junio en una subasta en la que coleccionistas y nostálgicos pujaron por hasta la última butaca o cucharilla de té. Del viejo La Mamounia apenas queda el fresco de Majorelle en el techo de la galería…
Algunos «han transformado la ciudad donde ese ubican», dice la editora
La nueva arquitectura será ecológica está enraizada en su entorno
María Pérez | Madrid
Edificios que nacen del paisaje o que se camuflan en él, enormes construcciones de estructuras que desafían la gravedad, como los estudios de la televisión china en Pekín (OMA), o viviendas que regalan espacios casi irreales, como la casa-linterna anillada que habita en el bosque Karuizawa (Japón) gracias a la imaginación de Makoto Takei+Chie Nabeshima y TNA.
Las 36 viviendas y 38 edificios (estadios de fútbol, museos, rascacielos…) seleccionados por la señera editorial Phaidon en ‘Construir el nuevo milenio‘ y ‘Vivir el nuevo milenio‘ son, según la directora de la firma, Emilia Terragni, las mejores creaciones de la última década, los exponentes de las tendencias del nuevo siglo.
Hay obras arriesgadas y otras con un aire más tradicional, con innovaciones aparentemente menos espectaculares, pero que constituyen grandes piezas arquitectónicas. Por ejemplo, la Casa Du Plessis, guarecida en una moderna caja de roca que Márcio Kogan ‘camufló’, mimetizada con el entorno de selva, mar y montaña que la rodea en Brasil, explica Terragni.
Casa ‘al revés’, ventana al mar
«Nos interesaban las áreas que no son tan populares, como Latinoamérica. Ver si los edificios seguían las tendencias del resto del mundo», cuenta la editora.
Y descubrieron que en esas zonas «están desarrollando una arquitectura muy relacionada con los paisajes y con los materiales típicos del país», como la Casa Larrain, que Cecilia Puga Larrain diseñó en Bahía Azul (Chile) como una ventana al mar y que desde fuera aparenta ser una casa al revés que hace equilibrios sobre otra exactamente igual pero en posición ‘normal’.
«En China se tendía a los edificios grandes y espectaculares y ahora están volviendo a la tradición, pero con una visión moderna«, cuenta Terragni.
Ya no se trata de aplicar los preceptos del estilo internacional a pies juntillas. Este nuevo siglo es el de la combinación de la tradición local y los preceptos aprendidos, que tenían menos que ver con el entorno y su gente, cuenta Terragni: «No es una reacción de rechazo, los arquitectos simplemente aplican lo que funciona».
Construcciones «de ciencia ficción»
El presente de la arquitectura es, además, verde. Los nuevos edificios son energéticamente eficientes y están moldeados con los materiales que abundan a su alrededor, algo que se nota especialmente en las viviendas, en cuyo diseño está cada vez más presente la preocupación por sus moradores.
Esta tarde el Rey Don Juan Carlos ha inaugurado sobre las 17.30 horas la famosa «columna» de plaza de Castilla que ha regalado Caja Madrid a la ciudad como homenaje a su tercer centenario. Le han acompañado la ministra de Vivienda, Beatriz Corredor; el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa; el alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón y varios consejeros de la entidad bancaria.
El monolito, en cuya inauguración se ha recordado que «no se trata de un obeslico, sino de una columna» mide 93 metros, tiene un diámetro de 2 metros y pesa 572 toneladas; la recubren 493 lamas de bronce revestidas de pan de oro y se apoya sobre tres patas que descansan en el túnel bajo el que circula el tráfico.
Tras algunos discursos de agradecimiento y la descripción de la obra, el rey ha accionado mediante una palanca el mecanismo eléctrico que pone en funcionamiento la columna.
Acompañados por Alberto Ruiz-Gallardón y el presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa Los Reyes inauguran el Obelisco de Calatrava en Plaza de Castilla
El monumento es un homenaje al tercer centenario de la caja madrileña, así como la primera obra de Calatrava en la capital. El obelisco mide 93 metros de altura y dos metros de diámetro, y está construido con acero de espesores variables.
Los arquitectos superan los tópicos de las edificaciones prefabricadas – Son más polivalentes y ecológicas
ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid
No más cabañas para Heidi. Algo está cambiando en las viviendas prefabricadas. Aunque el prototipo de estas construcciones continúa estando más cerca de la casa de la pradera de Laura Ingalls, o del refugio alpino de Heidi, que del racionalismo perseguido por la Bauhaus, algunos arquitectos ya han dicho basta. Apoyándose en nuevos materiales económicos y ecológicos, defendiendo las virtudes de la construcción limpia y en seco (sin hormigón, con planchas prefabricadas) y aprovechando el cambio de mentalidad, que está propiciando la crisis, muchos quieren cambiar las cosas.
El equipo madrileño Nolaster (compuesto por seis arquitectos en la treintena) ha levantado en Cedeira (A Coruña) una vivienda sólida y sin embargo experimental. Los plazos: dos días de montaje, uno de transporte y tres meses de fabricación en una nave hablan forzosamente de nuevos tiempos. Pero también lo hacen los materiales: paneles de viroc (una mezcla de hormigón y virutas de madera patentada por una empresa portuguesa), suelos de bambú y contraventanas-protectores de acero cortén. La casa, sin embargo, no tiene ninguna urgencia por comunicar esa revolución. Todo lo contrario: de lejos, recrea la arquitectura lógica de Galicia: levantada del suelo y con cubierta a dos aguas. De cerca, permite observar que el acero cortén -que cierra y protege la vivienda- está perforado por el hueco de una imagen fotográfica, la de uno de los bosques de la zona. También dentro se notan los cambios. El interior es holgado y polivalente. Con espacios de doble altura, una chimenea que cuelga del techo y un gran comedor-cocina-salón, que ocupa buena parte de los 150 metros cuadrados de la vivienda, queda espacio para dormitorios, baños y una terraza con suelo de madera.
Erwin Hauer and business partner Enrique Rosado are opening a studio and manufacturing space on Chapel Street in the Fair Haven section of New Haven. (Arnold Gold/Register)
By Mary E. O’Leary, Register Topics Editor
NEW HAVEN — Erwin Hauer, designer of architectural screens favored by the likes of famed architects Philip Johnson and Marcel Breuer and recently enjoying a renaissance of his own works, is moving his business to a city neighborhood that is undergoing a renewal itself.
Hauer, 83, and Enrique Rosado, 42, a former student, are consolidating the design and production components of their company at the former Flint Ladder Company property bound by Chapel, Lloyd and River streets.
A professor at the Yale School of Architecture for more than three decades, Hauer’s geometrically complex screens, mainly cast in durable masonry materials, but now also in wood fibers produced through digitally controlled milling machines, thanks to Rosado, can be found in New York, Miami, Montreal, Mexico City and Caracas, Venezuela.
The screens serve as room dividers or walls, mostly in corporate or commercial settings.
Que mejor idea que usar la lógica tetris para decorar tu casa.
Está claro, no es para todo el mundo. Es más, seguramente para Gabriela Cañas (la encargada de semejantes piezas) cruzó por su mente un sólo un tipo de usuario ideal: los geeks. Aquellas personas que viven su vida pendiente de los avances de la tecnología (aunque hoy podríamos reveer esa definición) y de las computadoras en particular.
Para aquellos que no están en el tema, el Tetris es uno de los primeros y más populares juegos de videos (fichines, digamos). Entretenimiento que cautivó a jóvenes alrededor del mundo durante horas o enteros y que todavía retiene la atención de miles de personas. EL juego, razón por la cual sospechamos que la diseñadora eligió al Tetris como inspiración para crear objetos de decoración, consiste en apilar bloques de forma tal que se aproveche al máximo el espacio; cuanto más espacio se aprovecha, más puntos se logran y se avanza hacia el final del juego. Una idea nada despreciable hoy en día.
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