(Del lat. ars, artis, y este calco del gr. τέχνη). amb. Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros. DRAE.
Un enorme contenedor de acero, obra del polaco Miroslaw Balka, es la última instalación para el espacio de acceso a la galería londinense
EFE – Londres
Un contenedor de 13 metros de alto, 10 de ancho y 30 de largo ocupa ya la sala de turbinas de la Tate Modern de Londres. Se trata de la última obra del artista polaco Miroslaw Balka (Varsovia, 1958), una creación para la serie Unilever que, cada año, transforma el gigantesco espacio de acceso a la galería británica y lo convierte en una experiencia diferente, y gratuita, para sus visitantes.
Si antes fueron enroscados toboganes o una gigantesca araña, en esta ocasión, quienes se acerquen hasta la antigua estación eléctrica de la orilla derecha del Támesis, encontrarán un espacio dentro de otro espacio. Una nueva sala que, completamente oscura por la ausencia de ventanas, genera una inquietante sensación de claustrofobia. Por si fuera poco, también se puede andar bajo la mole de acero, que ha sido montada sobre vigas y tiene una rampa para acceder a su interior.
Un gran contenedor dentro del aún mayor contenedor que es la Tate Modern, pero a diferencia de la luminosidad de la Sala de Turbinas del museo londinense, en el espacio creado por el artista polaco Miroslaw Balka reina la oscuridad.
«How It Is», la décima instalación de la serie Unilever, es una robusta estructura rectangular de acero que mide 13 metros de alto, 10 de ancho y 30 de largo. Todos su lados parecen cerrados, pero el público descubre uno abierto en la parte posterior, por el que por una rampa puede accederse al interior. Desde el umbral se comienza a andar con algo de luz del exterior, pero cuando se avanza hacia el fondo del contenedor la oscuridad se hace más opaca.
El artista polaco presentó How it is en la Tate Modern de Londres, un oscuro contenedor metálico donde se producen experiencias sensoriales personales y colectivas
Azulejos del Patio de los Arrayanes, en la ciudad palatina de La Alhambra, en Granada.
El divulgador de Oxford combina en un ensayo la ciencia con las obras de Escher, Borges y Bach para desentrañar los patrones que rigen la naturaleza
ABEL GRAU – Madrid
Al célebre divulgador británico Marcus du Sautoy (Londres, 1965), capaz de convertir un documental sobre aritmética en un éxito de audiencia, le cuesta contener su fascinación por la Alhambra. «¡Es el palacio de la simetría!», exclama. La magnífica ciudad palatina que domina Granada desde las alturas encierra un hipnótico secreto matemático.
Sus azulejos, dispuestos en tramas y repeticiones obsesivas, se rigen por una estricta serie de esquemas simétricos. De manera que si se giran, conservan la misma apariencia (algo parecido a rotar un triángulo equilátero), lo que quizá explique algo de su magnetismo. Toda esa belleza ornamental se basa exactamente en 17 patrones, que es el número máximo de composiciones simétricas en una superficie de dos dimensiones.
«La Alhambra es un microcosmos de todo el problema de la simetría», subraya Du Sautoy mientras se rebulle en un sofá de la Residencia de Estudiantes de Madrid. Allí acudió el pasado martes para presentar su nuevo ensayo, Simetría. Un viaje por los patrones de la naturaleza (Acantilado), en el que mezcla las referencias a los grabados de Escher, los cuentos de Borges y la música de Bach y Schönberg para adentrarse como un explorador pionero en el continente inmaterial de las formas simétricas.
Los haces de hilos iluminados recorren el Palacio de Cristal.
La artista belga Joëlle Tuerlinckx juega con el espacio en el Palacio de Cristal
Hay que entrar con cuidado en el Palacio de Cristal del Retiro madrileño para no toparse de bruces con el último trabajo de la artista belga Joëlle Tuerlinckx. Es difícil competir con la arquitectura de este espacio decimonónico y Tuerlinckx ha querido utilizar su principal elemento, la luz, a su favor. Más bien ha recreado la que entra en tromba por las vidrieras con tres haces de hilos de materiales diferentes -nailon negro, fibra naranja y plástico transparente-, iluminados por el sol en distintos momentos del día.
Lynne Cooke, subdirectora del Museo Reina Sofía y comisaria de la instalación y de la exposición de la artista (que se exhibe al mismo tiempo en el edificio Sabatini de la misma institución), señala que las intervenciones de esta creadora, que ha explorado la relación entre espacio y tiempo en toda su obra, pueden parecer a primera vista «evasivas, insustanciales y modestas». Pero, a medida que se aproxime, el visitante verá cómo los haces de hilos se convierten en rayos de luz y descubrirá en la base de cada uno una brújula. El subtítulo de la instalación del Palacio de Cristal, Reflexión sin sol/Proyecciones sin objetos, no es casual: «Los haces de luz y las brújulas de Tuerlinckx no funcionan como un reloj solar, no son funcionales. Son una traducción poética que nos invita a enfrentarnos de otra forma con el mundo», explica Cooke. «Vivimos una época en la que los referentes se han perdido. Espero que este trabajo contribuya a recuperarlos. La poesía es lo único que nos puede hacer viajar en medio de este sentimiento de pérdida», dijo la artista ayer en el Retiro.
La artista belga juega con la modulación luminosa y el espacio
La muestra se completa en el Museo Reina Sofía
Mercedes Cerviño (Efe) | Madrid
La artista belga Joëlle Tuerlinckx ha diseñado para el Palacio de Cristal del Retiro unas instalaciones que, bajo el título ‘Crystal Times. Reflexión sin sol/Proyecciones sin objeto’, juegan con la modulación luminosa y el espacio, en una muestra que se completa en el Reina Sofía.
El museo fue quien animó a la artista a visitar el Palacio de Cristal del Retiro para que se inspirase y así pudiese jugar con el espacio. La muestra, que permanecerá abierta hasta el 22 de febrero, cuenta con la comisaria Lynne Cooke quien ha explicado el interés que tiene por el trabajo de Joëlle Tuerlinckx, especialmente por «los diferentes tratamientos que realiza de la naturaleza del espacio y del espacio-tiempo que aborda en su obra».
Las Casas Autóctonas de Haiti se encuentran en la lista de monumentos amenazados
Según el World Monuments Fund hay 93 enclaves culturales de 47 países que requieren medidas activas para garantizar su preservación; nueve están en América latina y el Caribe.
NUEVA YORK (AFP). -Del Teatro Colón de Buenos Aires al monasterio de Phajoding en Bhután, pasando por el sitio arqueológico de Chankillo en Perú, 93 monumentos del patrimonio cultural peligran en el mundo.
El organismo independiente World Monuments Fund (WMF) lo anunció este martes en Nueva York al presentar un informe que publica cada dos años su panel internacional de expertos en arqueología, arquitectura e historia del arte.
La idea es identificar cada dos años un centenar de lugares y así generar conciencia de la opinión pública que ayudará a proteger sitios que se consideran amenazados por negligencia, vandalismo o conflictos. Abarca sitios famosos como Machu Picchu (Perú), inesperados, como la autopista Merritt Parkway, construida en los años 30 en Connecticut, o desconocidos, como los castillos en el desierto de Khorezm (Uzbequistán).
«Los sitios de la lista 2010 representan tajantes ejemplos de la necesidad de hacer coincidir diversos sectores –económico, ambiental, preservación histórica y social– cuando hacemos planes que nos afectarán a todos», dijo Bonnie Burnham, presidente del WMF.
La nómina incluye 93 sitios de 47 países, de los cuales nueve de América latina y el Caribe. Señala al Teatro Colón y el centro histórico de Buenos Aires o de Ciudad de Panamá, las iglesias de Arica y Parinacota en el norte de Chile o las ruinas de Todos los Santos en Cuenca (Ecuador).
En el caso del Colón, por ejemplo, el WMP denuncia que el controvertido plan gubernamental de renovación del teatro construido en 1908 «provocó el cierre del edificio, desmanteló todas las actividades, dispersó el personal sin que haya un plan de acción claro y calendario para su reapertura».
Identifican 93 lugares culturales del mundo cuya preservación corre peligro
El Fondo Mundial para los Monumentos anunció hoy su selección bienal de 93 lugares del mundo que requieren de una ayuda urgente para garantizar su preservación, ya sea por la falta de concienciación pública sobre el peligro que corren o por la escasez de recursos dedicados a su mantenimiento.
Entre los lugares identificados como en grave peligro por El Fondo Mundial para los Monumentos están lugares tan famosos como Machu Picchu, en Perú -al que acompañan hasta una treintena de lugares en América Latina y seis de España-; otros tan remotos como el monasterio Phajoding, en las montañas de Bután, y algunos tan desconocidos como los castillos del desierto de la ancestral región de Khorezm, en Uzbekistán.
«Todos ellos requieren de la acción colectiva y de una gestión cultural sostenible», explicó hoy la presidenta del Fondo Mundial para los Monumentos, Bonnie Burnham, durante una conferencia de prensa en Nueva York.
Burnham agregó que esos monumentos «son un claro ejemplo de la necesidad, nunca más presente, de crear un equilibrio entre la conservación del patrimonio cultural y los intereses de la comunidad en aspectos sociales, económicos y ambientales».
El edificio Taipei 101, 50 metros más alto que las Torres Petronas de Malasia, domina la capital - Foto: CORBIS
Pequeño territorio, grandes sorpresas; de los ultramodernos 101 pisos de su torre insignia a los vivos colores de sus templos más antiguos
TAIPEI.- El nombre Taiwan, para muchos, remite inmediatamente a tecnología, a aparatos electrónicos, a una nación factoría, un eficiente y remoto polo industrial. Es difícil separar a Taiwan de las palabras made in grabadas sobre todo tipo de dispositivos, diminutos, sofisticados, enormes, descartables, baratos o impagables.
Cuesta imaginar algo más lejano a ese concepto que el Taroko, uno de los siete parques nacionales en esta isla bautizada por navegantes portugueses como (curiosamente, para los argentinos) Formosa. Son 270.000 hectáreas de prodigiosas montañas atravesadas por el poderoso y erosivo río Liwu, y por caminos que dan prueba de la laboriosidad taiwanesa, con túneles de hasta dos kilómetros.
Durante una gira de una semana alrededor de la isla, el Taroko, sobre la costa este, es el lugar donde nos cruzamos con más turistas occidentales en pleno trekking. Será que si bien se pueden visitar parques nacionales en muchas partes del mundo, no en tantas se ven estos intrigantes templos de techos colorados asomando entre la profunda forestación, ni paradores-spa de renombre internacional.
Pero el Taroko es apenas una de las muchas razones para darle una oportunidad a Formosa, adonde llegan mayormente viajeros de negocios, aunque, en realidad, es una conveniente puerta de entrada para un tour asiático más amplio. Es un país que sorprende a quien espere encontrar poco más que un cúmulo de rascacielos ultramodernos haciendo equilibrio para no caerse al Pacífico. En verdad, aunque la densidad de la población es alta y sólo el 35% de esta montañosa isla es habitable, ni siquiera Taipei es la agobiante capital asiática con la que alguno podría fantasear. Con algo más de dos millones y medio de habitantes, es una ciudad relativamente baja (por el peligro de los terremotos), caminable y nada vertiginosa, salvo para quien se aventure a manejar entre los cientos de miles de scooters que circulan a toda hora por sus calles.
El río Tajo, sus sinuosas calles, el Alcázar, la Catedral, el arte mudejar y el plateresco, el Greco, Cervantes o los Reyes Católicos han concedido a la ciudad de Toledo un carácter único. La historia de España es la que cuentan sus calles, monumentos y también su principal fuente de vida, el Tajo. Toledo fue declarada en 1986 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Un premio merecido que avala la trayectoría de Toledo como una ciudad que lleva impreso en cada rincón las huellas de las distintas épocas.
Tradicionalmente lugar de ocupación, espacio de actividades culturales, residenciales y productivas que han ido cambiando a lo largo de los siglos. Rastros de la edad de Bronce, de la esplendorosa época romana que ensalzó a Toledo como ciudad universal. Recoge también los pasos visigodos y la ocupación islámica, además de convertirse en la cuna de la difusión de la doctrina católica durante la edad contemporánea. Momentos históricos unidos inevitablemente a su rico patrimonio monumental, que hablan de Toledo como una ciudad que ha concentrado durante siglos el poder económico, político y cultural de España.
La exposición ‘Miguel Ángel, arquitecto en Roma‘ reivindica con más de 30 documentos autógrafos la figura del genio renacentista florentino como arquitecto, además de sus facetas, quizá más conocidas, de pintor y escultor.
La muestra, que se inauguró el pasado 5 de octubre y continuará hasta febrero de 2010, se encuentra en un lugar privilegiado, la Pinacoteca Capitolina, en la plaza del Capitolio, que fue reformada por el propio Miguel Ángel entre 1536 y 1539.
Avergonzado por el estado ruinoso de la colina Capitolina durante una visita a Roma del emperador español Carlos I, el papa Pablo III ordenó a Miguel Ángel realizar una plaza a la altura de la capital papal.
El artista diseñó tres palacios que enmarcarían la estatua ecuestre del emperador Marco Aurelio, en lo alto de una rampa orientada hacia San Pedro del Vaticano, y concibió un pavimento oval de intrincadas formas que, sin embargo, no se llevó a cabo hasta 1940.
En uno de esos palacios, el de los Conservadores, se exhiben ahora 105 piezas, entre maquetas, dibujos, grabados y manuscritos del propio Miguel Ángel Buonarroti.
En total, se pueden ver más de 30 documentos autógrafos del genio renacentista, así como dos retratos: un óleo atribuido a Marcello Venusti y un busto de mármol de su discípulo Daniele da Volterra.
Hasta febrero de 2010, la exposición en uno de sus edificios, la Pinacoteca Capitolina, repasa las principales obras que Miguel Angel proyectó en Roma, como la plaza del Capitolio, la Capilla Sixtina y la gigantesca cúpula de San Pedro del Vaticano
Los pilotos, para acumular horas de vuelo y aprender a conducir un avión, desarrollan algunas habilidades mediante la ayuda de un simulador de vuelo. El sistema ofrece un valioso aporte: salvaguardar la integridad de los pasajeros y de la máquina.
De la misma forma se utiliza hoy en ámbitos académicos y también empresariales un software especializado para que los estudiantes puedan poner en práctica sus conocimientos o las empresas seleccionen su personal.
Estos simuladores, también llamados juegos, se presentan hoy a estudiantes, ejecutivos y empresas a modo de desafío, para que a través de determinadas decisiones tomadas online se pongan de manifiesto habilidades de todo tipo: cognitivas, de toma de decisiones y estratégicas.
Un ejemplo de lo que se puede ver on line: una ciudad presenta grandes edificios, modernos por supuesto. En el interior de uno de ellos, oficinas prolijas. Todo está en su lugar. De pronto, avatares, esa especie de humanos digitales, irrumpen en la pantalla de la PC para hacer preguntas, pedir cosas, brindar información, exigir eficiencia.
Instituciones educativas y empresas utilizan este mundo virtual donde todo es válido y el mejor jugador es aquel que obtiene lo que busca: demostrar conocimientos o lograr el puesto de trabajo.
En mi Tesis de Maestría (disponible desde aquí) hice énfasis en estas ideas, particularmente en lo que llamamos «el simulador de contrucción». Hay que persistir en esta línea de trabajo e innovación aplicada en arquitectura, construcción, proyecto y diseño.
Ferrán Barenblit (Buenos Aires, 1968) vive en un combate perpetuo con una tesis propia: «Una institución es tan poderosa como el precio del metro cuadrado que ocupa». El Centro de Arte Dos de Mayo (CA2M), que inauguró la Comunidad de Madrid con la conmemoración del Bicentenario de la Independencia de Madrid (1808) y que él dirige desde hace justamente un año, está en Móstoles (unos 2.300 euros el metro cuadrado): «A 23 minutos de Madrid desde la estación de Embajadores«, puede leerse en todos los folletos de publicidad. Son, así de entrada, dos distancias las que tiene que salvar en su escalada de este K-2: por un lado la física (los 18 kilómetros que separan el centro de la capital de esta ciudad del sur), y por otro lado la artística, que tiene que ver con ese espacio indefinido que separa el arte contemporáneo del público y que remite siempre a la misma cuestión: «Pero… ¿esto es arte?». Para acometer esta empresa con éxito, la Comunidad de Madrid le ha dado un presupuesto de dos millones de euros anuales, aunque sólo la mitad va destinada a la actividad del centro.
El ajedrez fue diseñado por el español Jaime Hayon, estrella de la muestra. se podía jugar.
Terminó el London Design Festival. Un ajedrez gigante en Trafalgar Square fue la principal atracción del año.
Por: Carolina Muzi
Londres hierve a la temperatura exacta del agua para el té. Y esta asociación no es apenas un camino fácil de identificación con el elemento más cálido del imaginario británico. Ayer, última jornada de septiembre, la capital del Reino Unido cerró los quince días de diseño con que argumentó su autoproclamación como Capital Creativa global. Al London Fashion Week, que cumplió sus 25 años, se sumaron 10 días de London Design Festival, una iniciativa que ya tiene 7 temporadas y creció a partir de la feria comercial 100% Design, que ahora cumplió los 15.
Con más de 200 actividades diseminadas por todos sus puntos cardinales (es notable cómo el Este ya se prepara para los Juegos Olímpicos 2012), la ciudad se consagró Capital Creativa. Y tuvo en el ajedrez gigante de Trafalgar Square su cénit de convocatoria en el espacio público: con piezas de finísima porcelana diseñadas por la nueva estrella española Jaime Hayón, el tablero se instaló a los pies del almirante Nelson. Así, la gente pudo presenciar cómo los contrincantes, sentados en unas graciosas poltronas daban las órdenes para mover peones y caballos del tamaño de una persona.
Con esta propuesta, que recrea el simbolismo histórico y cultural británico, el diseñador se remontó a la batalla de 1805, en que las huestes de Nelson derrotaron al imperio francoespañol de Napoleón.
Este fue el enclave que eligió el alcalde Boris Johnson para declarar a Londres como capital creativa, señalando «el rol esencial que cumple el diseño en esta ciudad».
A sólo sesenta kilómetros al suroeste de Hanoi, Chua Hong – La Pagoda del Perfume – es un lugar sagrado, en medio de una naturaleza esplendorosa, llena de magia y encanto. Cada año concita a miles de peregrinos budistas que acuden en masa durante los grandes festivales de primavera, entre marzo y abril, y también todos los fines de semana.
Texto | Fotos: Francisco López-Seivane
Casi sin darse cuenta, pasa uno del marasmo de tráfico de Hanoial océano de campos de arroz que se extiende hasta el horizonte en cualquier dirección. Es un descanso dejar que la vista se pierda sin fin por los inacabables arrozales, verdes y amarillos, salpicados de coloridas figuras humanas, bajo ese pequeño volcán de paja con que se protegen del sol (y de la lluvia) los vietnamitas. Los campos que nos rodean sólo se ven interrumpidos, más bien partidos, por la línea interminable de la carretera.
En la distancia, una larga cordillera de formas caprichosas pone un telón de fondo al paisaje. Al pie de las colinas, un pueblo sofocado por el mar de arroz que lo circunda, aprieta defensivamente sus casas como si temiera ser tragado por los tallos que lamen sus muros. Una nube horizontal, suspendida misteriosamente en el aire, impone el fulgor de su blancura sobre la policromía agostada de los arrozales.
Es como si Sorolla hubiera añadido la magia de su luz a un cuadro de Van Gogh. Me dicen que el pueblo se llama Van Son (‘Nube en la montaña’). Nada que objetar, excepto que al atravesarlo encontramos la carretera completamente cubierta de gavillas de arroz secándose al sol como si fuera un era. Ni que decir tiene que el conductor dejó rodar su vehículo sobre la parva como si tal cosa, recordándome mi infancia en las trillas de Castilla.
Desde el aeropuerto de Noi Bai ( a 37 kms. de Hanoi) un autobús nos trasladó hasta el centro de la ciudad de Hanoi. Durante el trayecto habíamos visto en la guía, un hotel que teníamos la intuición que sería interesante pernoctar en él.
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