El sorprendido viajero, como cabalgando sobre una máquina del espacio-tiempo, no ha terminado de dejar las construcciones de Girona cuando, mágicamente, se ve sumergido en un mar de bosques umbríos y horizontes que sólo conocen el verde intenso que se desparrama en todas direcciones. Y allá, en mitad de la verdura, imponente, Mas Murtra.
Construida en el siglo XIV, esta bella masía ha sido restaurada con elegancia y pureza, destacando las características voltes catalanes, la limpieza en los acabados, la amplitud espacial y la selección del mobiliario, que alterna desde la sobriedad soluciones contemporáneas con algunas piezas antiguas.
Simulación por ordenador de la acción artística en el acueducto de Segovia de Eugenio Ampudia
El artista Eugenio Ampudia instalará un zócalo de espejos bajo el monumento para simular que flota
ELPAÍS.com – Madrid –
Hace 125 años el acueducto de Segovia (obra de ingeniería romana de los siglos I-II) fue declarado monumento nacional. Para conmemorar esta fecha, el Ayuntamiento de la ciudad, el ministerio de Cultura y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales han diseñado un programa de actividades cuya estrella es la acción de Eugenio Ampudia (Melgar, Valladolid, 1958). El artista ha instalado hoy un «zócalo prismático» en la base del monumento que ofrece la ilusión óptica de que el acueducto flota a una altura de dos metros.
«La intervención diseñada por Eugenio Ampudia juega con el concepto que encarna el monumento como crisol de culturas, ideas, conocimientos, credos y voces plurales», señala la organización en un comunicado.
La segunda acción de Ampudia implica, de forma activa, la participación de los habitantes de Segovia y de sus visitantes. Desde el atardecer hasta las 02.00 de la madrugada se va a proyectar sobre el milenario cuerpo del acueducto un interactivo audiovisual que transformará los sonidos emitidos por los espectadores en una espectacular intervención luminosa.
AURELIO MARTÍN – Segovia –
El arte contemporáneo invade las calles y rincones de Segovia, se mezcla con los monumentos más representativos y oxigena la ciudad, que aspira a ser capital europea de la cultura en 2016.
Por eso, el Ayuntamiento ha denominado Oxigenarte a una actividad que el visitante podrá ver hasta el domingo próximo y que nace con vocación de continuidad. En Oxigenarte se mezclan, en un tributo a lo efímero, pintura, escultura, videoarte, performance, música y danza, y en ella participan 39 artistas.
Entre San Miguel y Olmos está uno de los (túneles) mejor conservados - Foto Pep Vicens
PATRIMONIO | De la Guerra Civil
Bajo el castillo hay un laberinto de cuevas y túneles
Sirvieron de refugio durante más de 600 años
El Ejército lo utilizó como almacén de armas y explosivos durante la guerra
El cónsul inglés en Palma, Allan Hillgarth, envió un informe secreto a su gobierno el 29 de junio de 1937 en el que anunciaba lo siguiente:«Se está construyendo un gran almacén subterráneo bajo el Castillo de Bellver. Relevos de más de cien hombres trabajan constantemente». Soldados y presos republicanos abrieron un espacio en las entrañas de la montaña de casi 50.000 metros cuadrados para guardar cientos de camiones cargados de armas, gasolina y dinamita. No obstante, la historia de esta fortaleza subterránea comenzó con la construcción del propio castillo, en el siglo XIV.
Actualmente, el Ayuntamiento de Palma lo utiliza como atracción turística sólo un día al año:el 20 de enero, fiesta de San Sebastián. Cada año unos 3.000 palmesanos admiran sus centenarias inscripciones, desde una en carboncillo hecha en 1461 a las más recientes dedicadas al «glorioso caudillo».
Su entrada está escondida en el bosque. Para llegar hay que subir hasta el castillo y seguir el letrero que reza «secció montada». Al final del camino se guardan los doce caballos de la policía local de Palma. Un poco más arriba hay una pequeña casa en la que pasa el día Martí Company, vigilante y maestro de llaves. «Sobre estas cuevas no hay nada escrito. Ahora saldrá un libro de Pere Galiana que revelará su verdadera historia», afirma.
Existe la leyenda de que hay un túnel que conecta el castillo con el centro de Palma. Martí lo desconoce pero deja una puerta abierta al misterio:«En las últimas reformas del castillo se ha descubierto un túnel, pero está en muy mal estado. Nadie sabe dónde acaba. Yo he recorrido 25 metros a gatas».
El puente de Traba, en Noia, lleva años esperando que la Xunta lo rehabilite.
BELÉN KAYSER – Noia
Empieza a torcerse. Sus piedras están separándose varios centímetros desde hace años y sólo ahora parece tener fecha la reforma del puente medieval de Traba, en Noia. La falta de conservación de su estructura, cubierta por una vegetación descontrolada, hace el puente peligroso para el tránsito. Por eso se encuentra cerrado al tráfico desde hace seis meses, cuando el alcalde comprobó, con sus propios ojos y unas botas de agua altísimas, que la vista desde abajo evidenciaba que el Traba empezaba a agrietarse. La Xunta, que aprobó hace un año una partida para restaurarlo, ha licitado por fin las obras, pero aún no hay equipo para realizarlas, ni fecha de inicio. Los vecinos de San Bernardo y O Couto (los barrios que conecta el puente) no terminan de creer en la reforma. Muchos, cuenta el alcalde, Rafael García Guerrero (PSdeG), llegaron a plantear al Ayuntamiento que tirara el viaducto, levantado entre los siglos XIII y XV, y construyera otro nuevo.
No todas las ciudades pueden presumir de contar con un puente como el de Traba. Cruza un río donde aún funcionan molinos; en la Edad Media era lugar de tránsito de mercaderes, y desde entonces es un lugar de paso clave. Hoy, la pasarela sigue siendo sitio de tránsito, pero las inundaciones y desbordamientos, unidas al retraso en la puesta en marcha de iniciativas de conservación y cuidado, podrían acabar con esta función histórica. Cada día lo atraviesan a pie cientos de personas cargadas con la compra del día. Las motos y bicicletas pasan esquivando trozos de cemento, enormes planchas metálicas y gravilla. Las ramas de los árboles se abalanzan sobre la orilla de un río que, si un día llevaba el volframio de las minas que las mujeres recogían para enviarlo al frente, ahora arrastra basura.
Sigue cerrado el puente de Traba Patrimonio, en contra de lo que había anunciado en un principio, no realizará una actuación de urgencia en esta infraestructura para habilitarla al tráfico ·· Los trabajos previstos por la Xunta para reforzar los pilares y bóvedas no se llevarán a cabo hasta el próximo mes de junio
Convivencia: La típica grilla de triángulos de Foster, emerge del Edificio histórico de la Corporación Hearst.
Berto González Montaner. Editor jefe ARQ
bmontaner@clarin.com
¿Qué hacer cuando la vida útil de un edificio venció? ¿Hay que tirarlo abajo o es posible recuperarlo? La pregunta no tiene única respuesta. Foster, en pleno Manhattan, pinchó el antiguo edificio Déco del imperio periodístico Hearst con una modernísima torre (ARQ 8/08/06). Una idea que ya habían mostrado los argentinos Agrest – Gandelsonas en la década del 70 cuando plantearon hacer lo mismo con una construcción existente en Madison y la 71, en pleno distrito histórico. A HOK y al Estudio Aisenson, autores del Edificio La Nación (Bouchard 551), no les pareció importante conservar la carcaza del diario proyectado por SEPRA en los años 60, una excelente pieza de la arquitectura moderna criolla. Se apoyaron en su estructura y construyeron una torre que no dejó vestigios del antiguo edificio. En la torre del Banco Galicia, en el microcentro porteño, simplemente tiraron abajo el viejo Banco Español, construyeron la torre y, por requerimiento municipal, dejaron solo como testimonio del pasado dos caricaturas de la fachada antigua. Los marplatenses Mariani – Pérez Maraviglia tomaron otras decisiones con los ex-talleres del diario La Prensa, en Azopardo y Chile (pág. 6). Desactivadas sus rotativas, usaron los espacios obsoletos para erigir una torre mientras en el resto del edificio sigue funcionando la redacción. Retrocedieron la traza de la torre dejando así una suerte de basamento que logra no desnaturalizar la escala urbana y la memoria del lugar.
Artquitectos de la Bauhaus: De izquierda a derecha, Josef Albers, Hinnerk Scheper, George Muche, László Moholy- Nagy, Herbert Bayer, Joost Schmidt, Walter Gropius, Marcel Breuer, Wassily Kandinsky, Paul Klee, Lyonel Feininger, Gunta Stölzl y Oskar Schlemmer, en 1926.
Mil objetos muestran en Berlín la obra de la escuela más influyente del siglo XX
JUAN GÓMEZ – Berlín –
La escuela Bauhaus se identifica a menudo con la costumbre de construir edificios rectangulares y amueblarlos con buen gusto. Sin embargo, 90 años después de que la fundara Walter Gropius, una institución educativa casi centenaria que apenas subsistió tres lustros, todavía mantiene un halo intacto de revuelta y de modernidad radical. La gran exposición Modelo Bauhaus, inaugurada estos días en el Martin-Groupius-Bau de Berlín, presenta más de 1.000 objetos originales de aquellos 14 años entre 1919 y 1933. Muebles y demás menaje, maquetas de edificios, vestidos, dibujos, pinturas o fotografías atestiguan el entusiasmo creativo de los alumnos y los profesores de la escuela. Su enorme disparidad desmiente que existiera algo así como un «estilo Bauhaus», e incita a reflexionar sobre las aspiraciones y los logros de ese proyecto utópico. La codirectora de la exposición, Ulrike Bestgen, destaca las paradojas de la escuela Bauhaus. Pretendían democratizar las artes, pero hoy sus objetos son carísimas piezas de coleccionista. Trataban de «mejorar la vida» de todos, pero la escuela nunca abandonó un elitismo despreciado por la mayoría de sus contemporáneos. Su modelo, el trabajo comunitario y anónimo de los gremios de construcción medievales (las bauhütten), no impidió el aplauso público a los miembros más prominentes, como Gropius o Ludwig Mies van der Rohe. Ni siquiera la aureola de campeona antinazi queda intacta: algunos colaboraron con el régimen, Fritz Ertl, fue oficial de la SS y arquitecto del campo de exterminio de Auschwitz. Para Bestgen, la Bauhaus son «muchas Bauhäuser».
Nakagin Capsule Tower Building - Torre Cápsula por jumbo185usa en FlickrLA C.3
Raro ejemplo del Metabolismo japonés, la obra de Kisho Kurokawa podría terminar bajo la picota. Su estructura está deteriorada y sus residentes prefieren tirarla abajo. Ninguna institución está interesada en restaurarla. Por qué debería mantenerse en pie.
Qué tan viejo tiene que ser un edificio para que apreciemos su valor? ¿Cuándo se impone su importancia cultural a las consideraciones prácticas? Son preguntas en las que se piensa de inmediato en relación con la probable destrucción de la histórica Torre Cápsula de Nakagin, de Kisho Kurokawa, en Tokio.Se trata de un raro ejemplo del Metabolismo japonés, un movimiento cuyas visiones urbanas fantásticas se convirtieron en emblemas del resurgimiento cultural del país después de la guerra. La Torre Cápsula, de 1972, se encuentra muy deteriorada. Sus habitantes aprobaron hace dos años la demolición y ahora buscan que un desarrollador la reemplace por una torre más grande y moderna. Si el edificio sigue en pie es gracias a la crisis financiera actual más que por algún tipo de comprensión de su valor histórico.
Sin embargo, la demolición sería una gran pérdida. La Torre Cápsula no sólo es una obra arquitectónica magnífica, es la cristalización de un ideal cultural de amplio alcance. Su existencia es también un poderoso recordatorio de caminos que no se siguieron, de la posibilidad de mundos conformados según sistemas de valores diferentes. El movimiento Metabolista, que fundó un grupo de arquitectos a fines de la década de 1950, buscaba crear modelos urbanos flexibles para una sociedad en rápido cambio. Ciudades flotantes. Ciudades inspiradas en plataformas petroleras. Edificios que recordaran bandas de ADN. Esas propuestas reflejaban la transformación de Japón de una sociedad rural en una urbana. Sin embargo, también reflejaban tendencias más universales, tales como la dislocación social y la fragmentación de la familia tradicional. De los cinco miembros del grupo, Kurokawa era el más glamoroso. Atractivo y atildado, era un habitué de los clubes nocturnos de Tokio. Su Disco Cápsula Espacial, inaugurada en la década de 1960, era uno de los lugares de moda entre la gente joven creativa.
Fachada de la capilla de los Dolores, en Grado (Asturias). A la izquierda, la Casa de Cultura.
UNA CASA PARA LAS METÁFORAS
El concejo asturiano en el que nació el fundador de El Corte Inglés alberga un centro dedicado a la poesía. Su impulsor es el escritor Fernando Beltrán, inventor de nombres como Amena y Faunia
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Para algunos, Jorge Luis Borges entre ellos, el paraíso tiene la forma de una biblioteca. Para otros, la de El Corte Inglés: un universo con escaleras mecánicas en el que la vida se organiza verticalmente y del que nada, salvo la pobreza, ha quedado excluido. Paradójicamente, los dos extremos confluyen en Grado. El promotor de los grandes almacenes más famosos de España -es lo primero que te dicen cuando llegas- salió de este pueblo asturiano de 7.000 habitantes, famoso por un tocinillo de cielo también paradisíaco y vigilado por el río Cubia, que atraviesa un paisaje sin precio, esto es, que no cabe en El Corte Inglés. Todavía. Está visto que todo son metáforas. Y dinero.
Tal vez lo dé la tierra, pero aquí nació en 1891 Valentín Andrés Álvarez, que sabía de las dos cosas, de retórica y de plusvalías. De hecho, su nombre lleva siempre pegada una etiqueta: «el economista de la generación del 27». Fue, efectivamente, catedrático de economía, poeta mediano y dramaturgo de cierto éxito. Frecuentó en París a los surrealistas, en los cafés a Gómez de la Serna y en las aulas a Ortega y Gasset, que lo definió como «el hombre que siempre está dejando de ser algo». Valentín Andrés fue, además, el que trajo a Grado La Barraca de su amigo Federico García Lorca. Una placa en la plaza del pueblo recuerda que en 1932, el año en el que empezó a rodar, pasó por allí aquella compañía universitaria republicana empeñada en llevar a la periferia a Lope, Tirso y Calderón.
Una pareja pasea por la exposición en el museo Martin Gropius. | Efe
Exposición | Hasta el 4 de octubre
El museo Martin Gropius acoge la exposición de más de 1.000 objetos
La muestra repasa los 90 años del movimiento vanguardista.
Gemma Casadevall (Efe) | Berlín
El museo Martin Gropius de Berlín ha abierto la exposición ‘El modelo Bauhaus‘, una retrospectiva consagrada al movimiento vanguardista identificado con la utopía, la linealidad y la estética de lo funcional, desde su nacimiento hace 90 años hasta que el nazismo lo envió al exilio, en 1933.
De su fundación, en 1919 por Walter Gropius, en Weimar (este de Alemania), y el traslado y apertura de la Escuela Bauhaus a la vecina ciudad de Dessau, en 1925, a las redadas nazis en Berlín, en 1933; la muestra berlinesa recorre el origen de un movimiento cuyo sello quedó impregnado en la arquitectura y diseño modernos.
Se trata de la primera exposición surgida del esfuerzo coordinado de las tres instituciones que tutelan el legado Bauhaus en Alemania (la Fundación Clásicos de Weimar, su homóloga de Dessau y el Archivo Bauhaus de Berlín), que estará en Berlín hasta octubre tras lo cual viajará al MoMA de Nueva York.
La muestra incluye más de 1.000 objetos: desde el mobiliario legendario de Marcel Breuer a maquetas de edificios diseñados por Walter Gropius para la municipalidad de Dessau, a los rompedores diseños del maestro de la nueva arquitectura Miers van der Rohe.
El modernismo en Tarragona yace en forma de cascotes alrededor de una acera. «¿Esta casa se viene abajo?», comenta Sophie, turista recién llegada de Toulouse. No se viene abajo la casa Salas, construida en 1907 y dominada por pináculos floridos junto a onduladas barandas de hierro. Décadas de olvido han dejado un puntal del modernismo convertido en viejo palomar. «Da lástima, el edificio es una joya pero plagada de pájaros. Llevamos mucho tiempo ignorando el capital modernista de Tarragona», explica Rosa Rossell, concejal de Patrimonio del Ayuntamiento y presidenta de la Comisión del Modernismo que el Consistorio constituyó la semana pasada.
Incluso Gaudí, que dejó en Tarragona su única obra en la provincia, se mueve en el olvido. El altar mayor de la capilla de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, esculpido en mármol y ubicado en una iglesia escondida tras un vulgar portalón, es la gran desconocida de entre las obras del maestro reusense. Las monjas de Jesús María lo encargaron alrededor de 1878 a un joven estudiante próximo a graduarse en arquitectura. El primerizo Gaudí sacó tiempo de sus estudios para representar en mármol una serie de bustos angélicos enmarcados por las típicas columnas gaudinianas. También dejó otros trabajos en la misma iglesia, un ostensorio y una serie de bancadas que fueron destruidos por la Guerra Civil en 1936. A cambio, el joven solicitó a las monjas que admitieran en manutención a su sobrina, con quien le unía un gran afecto.
Muy pocos en Cataluña conocen estos primeros pasos del futuro gran arquitecto. La alargada sombra de Roma ha eclipsado también las cerca de 70 obras documentadas que salpican de motivos florales la parte vieja de la ciudad. «El legado romano ha pasado por encima del legado modernista. Tampoco el Ayuntamiento le había dedicado esfuerzos, al contrario de lo que ha hecho Reus. Y eso que aquí tenemos un trabajo de Gaudí y ellos no», lamenta Rossell.
Los objetivos de la comisión son ambiciosos: promover una ruta modernista y restaurar las obras que, como la casa Salas, sobreviven entre indiferencia y polvo. La parte más compleja es convencer a los propietarios de los inmuebles para rehabilitar las casas que habitan o tienen alquiladas. «Destinaremos fondos públicos para resolver esta asignatura pendiente», confía Rossell.
Fachada del hotel Fën, ex Savoy, en Rosario, puesto en valor por Plan Arquitectura . Foto: Fën Hoteles
El estudio Plan Arquitectura puso en valor el tradicional edificio del hotel Esplendor Savoy para Fën Hoteles. La obra, de 8500 m2, duró dos años y apuntó a recuperar los elementos originales.
«Savooyyyy», solía repetir el cómico Alberto Olmedo en un juego de palabras con el que rendía homenaje a su ciudad y al hotel Savoy, un icono de la bélle époque rosarina, su tierra natal (algunos dicen que también usaba la palabra para referirse a las Bodegas Savoy, que lo auspiciaban).
La cuestión es que el imponente edificio, emblema de la arquitectura de principios de siglo pasado, está en la céntrica esquina de San Lorenzo y San Martín, y abrió sus puertas el 30 de abril de 1910 para cerrarlas en 2007, ya venido a menos tras haber permanecido ocupado por familias indigentes que lo saquearon durante los últimos 20 años.
Fue entonces que la cadena argentina Fën Hoteles adquirió la propiedad para refuncionalizarla y darle el mismo uso que tuvo en sus orígenes: un hotel de lujo y un punto de encuentro para la sociedad local.
La restauración de la casa, que ocupa 8500 m2 distribuidos en un subsuelo, planta baja y tres pisos, tomó dos años y estuvo a cargo del estudio Plan Arquitectura, formado por Mauro Bernardini y Cecilia Timossi.
El espíritu del proyecto apuntó a respetar el estilo y adaptar las instalaciones a los requerimientos de los viajeros del siglo XXI, para lo que hubo que acondicionar, fundamentalmente, casi todas las áreas interiores.
La recuperación de la fachada, de estilo neoclásico francés rematada por una cúpula de 21,5m2 y una aguja de 30 m, tomó 13 meses de obra, ya que está protegida por normativas municipales que no permiten alterarla.
Pero más allá del paso del tiempo y el abandono, el edificio estaba en buen estado de conservación general, a excepción de la planta baja, donde funcionaron emprendimientos gastronómicos que modificaron las estructuras. «El desafio mayor fue adaptar las instalaciones. Muchas de las habitaciones no tenían baño y la climatización por aire obviamente no existía, – sostiene Bernardini, sentado en el flamante lobby, ahora en un antiguo patio interior que fue abierto y techado con paños de vidrio para traer luz natural al ambiente, equipado con amoblamiento contemporáneo y objetos de Tramando.»
«Por nuestra parte, vamos a poner toda la voluntad para que las obras de la calle Serrano puedan estar finalizadas en diciembre», ha manifestado a ABC el director de Patrimonio Histórico Artístico de la Comunidad de Madrid, José Luis Martínez-Almeida. «Ahora, todo depende de la empresa adjudicataria y de su diligencia para realizar las modificaciones derivadas de la aparición de los restos arqueológicos», añade.
Como venimos informando desde estas páginas, el hallazgo de diversos restos arqueológicos ha obligado legalmente a replantear -que no retrasar- la reforma que se lleva a cabo en Serrano.
En primer lugar, hacia el mes de abril, aparecieron restos de la cerca histórica de Felipe IV justo al lado del Museo Arqueológico, en el tramo de Serrano próximo a la Puerta de Alcalá. La Dirección General de Patrimonio Histórico Artístico, con arreglo a la legislación vigente, estableció que dichos restos han de quedarse donde están y prohíbe su cambio. La cerca está hecha a base de mampostería y su traslado podría provocar daños irreversibles.
Más que por exigencias del guión, para «la realización de excavaciones arqueológicas exigidas por la Comunidad de Madrid». Lo dice en las dos grandes vallas-anuncio instaladas ayer por el Ayuntamiento de Madrid -una en el cruce Serrano-Puerta de Alcalá y otra en el de Serrano-Jorge Juan-, para informar a los ciudadanos que se «suspenden temporalmente» las obras del aparcamiento subterráneo número 3 proyectado en Serrano, es decir, las comprendidas entre Goya y la Puerta de Alcalá.
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