Vivienda integrada en el paisaje de México del estudio Cadaval & Solá-Morales
REPORTAJE: Diseño
Un proyecto muestra el trabajo vigoroso, colorista y de coste sensato de 14 estudios emergentes iberoamericanos
M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA – Madrid
¿Qué están haciendo los arquitectos emergentes al otro lado del Atlántico? Y otra cuestión, a posteriori, nada irrelevante: ¿cómo darlo a conocer al mundo? El proyecto Freshlatino, comisariado por la arquitecta Ariadna Cantís, que se expondrá en varias sedes del Instituto Cervantes (Francfort, Hamburgo, Lyon, Bucarest, Río de Janeiro y Lisboa), trata de responder a ambos interrogantes. El proyecto reúne a 14 estudios iberoamericanos que en una videoinstalación responden a una cuestión básica: cómo ven la ciudad del futuro. Si atendemos a sus proyectos, éstos hablan de una arquitectura desprovista de prejuicios, con mucha energía, colorista, muy próxima a lo cotidiano, de pequeña escala y de presupuestos modestos (opuesta a la otra, versión americana), que difícilmente logra colarse en los canales de difusión.
Como una proa que se yergue en el cruce del Canal Grande con el de la Giudecca –las dos grandes vías que surcan Venecia–, el nuevo Centro de Arte Contemporáneo de la Fundación Pinault en la Punta Della Dogana, (los viejos depósitos de la aduana) ha sido el eje de todos los comentarios a favor y en contra en estos días previos a la apertura oficial de la Bienal.
Nunca la democrática parada del «vaporetto» en iglesia de La Salute, frente a la plaza de San Marcos, se vio tan perturbada por lanchas taxis y gente glamorosa que subía y bajaba de las embarcaciones con vestidos Prada y bolsos Louis Vuitton.
«Me piace molto este Pinaultbourg», aprobó displicente uno de esos elegantísimos italianos con acceso irrestricto al nuevo espacio de arte contemporáneo que desde ahora tendrá a cargo el millonario francés François Pinault, cuyas inversiones cubren un rango tan diverso como la casa de subastas Christie’s, el Carrefour y la cadena de librerías FNAC. Su irónica alusión al Pompidou, que los franceses llaman familiarmente Beaubourg tiene que ver con que fue este centro el primero en priorizar la atención en el edificio más que en la colección.
Con el centro que se inauguró ayer en Venecia ocurre algo parecido. Por largos años en desuso, este edificio del Siglo XVI, magníficamente acondicionado por el arquitecto japonés Tadao Ando, vuelve a escena para convertirse en el «símbolo veneciano del nuevo milenio». Sus amplias salas de piedra y ladrillo centenario, con vista al Gran Canal, lucen magníficas debajo de las vigas de pinotea de la estructura original. En el interior, y ante la tremenda expectativa generada por la arquitectura, las obras, por último, empiezan a ser relegadas a un segundo plano. Podría decirse, por otro lado, que el conjunto de obras de la colección exhiben una singularidad: representan a la constelación de artistas estrellas pero no siempre sus obras más rutilantes.A la entrada, la muestra impacta con un caballo tamaño natural que incrusta su cabeza en uno de esos muros, obra emblemática del italiano Maurizio Cattelan. Más adelante una escena dantesca de los ingleses Jack & Dinos Chapman. Se trata de Fucking Hell (maldito infierno) una escena de guerra en miniatura. Diríase que un infierno de Bosch en registro contemporáneo que vale la visita por sí mismo.
Un niño de plástico observa asombrado la rana que sostiene en la mano derecha. Está allí, blanco, mirando la plaza San Marcos, ajeno a los turistas. Lo fotografían desde el vaporetto porque saben que será un nuevo icono, esta vez moderno, de Venecia, esa «señora» harta ya de que la consideren un parque temático de lo viejo.
El niño de la rana está en la punta del triángulo que forma la antigua aduana del mar reconvertida ahora en museo de arte contemporáneo tras una brillante intervención del arquitecto japonés Tadao Ando. Parece una escultura clásica, alejandrina, pero su autor es un artista californiano actual (Charles Ray), que ha tenido el privilegio de dejar su sello en la desembocadura del Gran Canal gracias al multimillonario francés François Pinault. Éste se mostraba exultante ayer en la presentación del nuevo centro de arte, que exhibe parte de su colección y que abrirá al público el sábado, víspera del inicio de la 53ª edición de la Bienal de Venecia.
Pinault, de 72 años, tiene que demostrar varias cosas estos días. En 2007 ganó el concurso convocado por el Ayuntamiento de Venecia, empeñado en darle vida a este antiguo edificio del siglo XVII, abandonado y casi en ruinas, que durante siglos fue aduana de mar. Competía por dotar al lugar de un nuevo museo con la Fundación Guggenheim, que aportaba un proyecto de Zaha Hadid, y las controversias fueron fuertes. Ayer, pues, era su día. Más importante incluso que cuando en 2006 presentó por primera vez su colección en el Palazzo Grassi de Venecia, antes emblema de Fiat y desde entonces propiedad de un hombre que comenzó siendo empresario de maderas y se ha retirado como dueño de un imperio que incluye desde Gucci a la FNAC pasando por un equipo de fútbol o la casa de subastas Christie’s. Este último aspecto, por cierto, justifica -más que su propia colección- que algunos medios consideren a Pinault la persona más influyente del arte contemporáneo.
En realidad, Cuenca son dos ciudades unidas entre sí, la alta y medieval y la baja y moderna
La urbe manchega es, en realidad, dos ciudades. Una es la baja, moderna y actual. Y otra la alta, donde se ubica su admirable casco antiguo, con ese aire medieval todavía impreso en cada calle, cada iglesia y cada plaza, todas acomodadas a las dificultades geográficas del lugar.
Celia Rivera
Bien podría decirse que Cuenca son dos ciudades. La primera, la monumental, está allá arriba, en la parte alta, ubicada en un espolón largo y escarpado en la confluencia de dos cursos fluviales. El trazado de sus enigmáticas calles es fruto de las dificultades del lugar, pero sigue conservando ese aire medieval y los edificios característicos, tanto civiles como religiosos, que le han dado fama. La segunda Cuenca, la de la ciudad baja, es la zona moderna surgida de los ensanches acometidos a partir del siglo XIX. De momento, nos quedamos con esa urbe alta que bien merece una ruta por esos enclaves que resultan de la perfecta fusión entre ciudad y paisaje.
El recorrido por el casco antiguo de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1996 comenzaría (siempre a pie) por las hermosas plazas y calles que dejan entrever en cada rincón sus muchos lustros de historia. Junto a la catedral, la Plaza Mayor es una parada obligada, con su superficie irregular, simulando casi un trapecio, auténtico nudo de coumnicaciones entre los diversos elementos urbanísticos de la parte antigua. Y es que allí está el Ayuntamiento rococó, construido en la época de Carlos III sobre tres arcos de medio punto.
Varios fragmentos de un mosaico expuestos en la muestra 'Tarraco Pedra a Pedra'
El de los mármoles puede parecer un tema pesado. Pero cuando se piensa en la importancia que tuvieron en la Antigüedad, especialmente en la Roma imperial, como símbolos de poder, y la cantidad de información histórica que acumulan en sus pétreas hechuras, se miran de otra manera. Los mayores especialistas en mármoles de la Antigüedad están precisamente estos días en Tarragona, donde ayer comenzó, con investigadores de 25 países y bajo patrocinio del Instituto Catalán de Arqueología Clásica, (ICAC), la IX conferencia internacional de Asmosia (Asociación para el estudio de mármoles y otras piedras en la Antigüedad, en sus siglas inglesas), que prestará especial atención a los mármoles de la Península ibérica. En coincidencia con el tema, se inaugura hoy en el Museo Nacional de Arqueología de la ciudad la exposición Tarraco pedra a pedra, que mostrará los principales materiales pétreos de las canteras hispanas usados en la Antigüedad.
Los romanos denominaban mármoles, marmora, a toda una serie de piedras que incluían los mármoles pero también granitos, calcáreas y gres, entre otras. «Los marmora no eran sólo material caro, además cada tipo ofrecía un mensaje ideológico», explica la directora del ICAC, Isabel Rodà. «El pórfido rojo, por ejemplo, llegó a estar reservado para el emperador y su familia. Los buenos marmora, el pavonazzetto, el brocattello, eran símbolo de condición y poder. Hubo una época en que todo el mundo quería tener una columna en casa como ahora un Miró».
Los principales objetivos de la muestra apuntan a dar a conocer la producción de los dos últimos años de los diseñadores y las empresas, generar un espacio anual de exhibición de los nuevos trabajos y fomentar el vínculo entre diseño e industria. Estarán presentes los trabajos de Diana Cabeza, Ricardo Blanco, Vanina Mizrahi y Federico Churba entre otros
Los ganadores del concurso Vivienda Social ARQ tienen una obra diversa, caracterizada por su espíritu lúdico. Ponen el énfasis en el proceso proyectual y apuntan a la producción de estímulos.
POR GRACIELA BADUEL .
gbaduel@clarin.com
Exultantes, los ganadores del primer premio del Concurso Vivienda Social ARQ recorren de una punta a la otra el stand de Diario de Arquitectura en Batimat-Expovivienda. Miden los perfiles metálicos, juegan con la maqueta… Todavía no pueden creer que lo que hasta hace poco era un render hoy haya tomado forma tridimensional.
Ingeniosos, irreverentes y descontracturados, los tres integrantes de Paaar, Leonardo Jáuregui, Leandro Zapata y Marcos Calvari, se sacan chispas para hablar de sus obras. El estudio marplatense tiene apenas dos años de vida y se caracteriza por la diversidad de proyectos y por el espíritu lúdico que se adivina en cada uno de ellos, algo que se refleja también en el nombre que eligieron para la firma.
«Al igual que en nuestras obras –dice Jáuregui– la múltiple interpretación da como resultado numerosas respuestas, todas certeras. Para nosotros, se refiere a la producción del par ‘arte arquitectura’, no como dos elementos separados sino como un ente homogéneo, testimonial e intrínsecamente responsable… Cada uno de nosotros tres adopta una ‘a’ (por arte, arquitectura, acción, aberración, o cualquier cosa que se quiera).»
Representación del último gran incendio de la Plaza Mayor, el 16 de agosto de 1790. El fuego dejó a 1.302 personas con su hogar reducido a cenizas, aunque no hubo víctimas mortales
La muestra recoge en paneles reproducciones históricas de la Plaza Mayor, como este grabado de 1862, cuyo original está en el Museo de Historia
El Salón de Bóvedas de la Casa de la Panadería de Madrid albergará, desde finales de mes y hasta el 31 de julio, una exposición con las propuestas planteadas por técnicos expertos y sectores implicados para mejorar la calidad y accesibilidad de la plaza Mayor, dentro de la elaboración del Plan Integral de Calidad Urbana de la zona.
Además de galardones como el Pritzker, deberían instaurarse distinciones que apunten a los valores solidarios, el respeto ecológico y el respeto por los materiales y los recursos constructivos de cada lugar.
ROBERTO FRANGELLA – ARQUITECTO.
La buena arquitectura es siempre buena arquitectura. Aquella expresión que en función del hombre le construye su hábitat, satisfaciendo sus necesidades, respetando su idiosincracia, en su paisaje natural, y con los medios constructivos que se dispone. Cuando estos espacios habitables se conjugan con armonía, valores estéticos y vuelo poético, estamos seguros de haber diseñado la mejor arquitectura. Estos valores son independientes del tamaño de la obra y de su programa arquitectónico. Deben estar presentes tanto en un gran edificio como en la encomienda mas pequeña. Y son independientes de los presupuestos o recursos disponibles.
Mesa y sillas de la colección Fronzoni Color realizadas este año por Giulio Cappellini y mesas nido Hip, de Leonardo Talarico.
Los productores apuestan por un diseño esquemático llevado a su mínima expresión – El ‘gurú’ Giulio Capellini encabeza esta vuelta a lo esencial
ANATXU ZABALBESCOA – Madrid
También entre sillas y mesas nacen y renacen las modas de los kilos de menos. O de los kilos de más. El volumen y el peso son, en realidad, la mitad del diseño. Y estirar, o redondear, un tercio de la estrategia de un diseñador. Pensemos en el escocés Charles R. Macintosh y en los respaldos alargados, imposiblemente altos, de sus sillas Arts&Crafts. Evoquemos la sinuosidad fondona del pop o las curvas estilizadas del art nouveau. Aunque, también en diseño, la redondez no indica siempre sobrepeso, sí es cierto que los ángulos rectos remiten, inequívocamente, a la seriedad matemática. Y no están los tiempos para muchas bromas.
Tal vez por eso, este año, el gurúGiulio Cappellini ha querido, en su habitual apuesta múltiple y siempre
acertada, romper también una lanza a favor de lo magro. Así, junto a productos nuevos, como las escuetas mesas nido Hip (de Leonardo Talarico), un clásico en el ahorro espacial sin florituras ni excesos pero, eso sí, coloreadas para que la seriedad se haga más llevadera, ha optado por recuperar el legado de uno de los diseñadores más misteriosos de la historia del diseño. Cappellini ha rescatado, y -atención- coloreado, la colección Fronzoni ’64 del enigmático Angiolo Giuseppe Fronzoni (1923-2002).
La crisis ha paralizado la ejecución de grandes proyectos en Manhattan, como este singular rascacielos de Herzog & De Meuron, de 56 pisos.
Propiedades
La crisis obliga a suspender la construcción de edificios de prestigiosos arquitectos mundiales
SANDRO POZZI
Hace tres años, en el pico de la burbuja inmobiliaria, el promotor Harry Macklowe pagó 498 millones de dólares por un rascacielos de 40 plantas en el número 1330 de la avenida de las Américas, en Manhattan. Ese mismo edificio, situado en la zona más cara en EE UU, y quizá del mundo, se acaba de vender en una subasta por 100.000 dólares.
Macklowe no podía pagar lo que debía. El nuevo propietario del rascacielos, el fondo de pensión canadiense Otera Capital, asume los 240 millones de su hipoteca. El 31% del edificio, que acoge la redacción estadounidense del diario Financial Times, estaba vacío, a pesar del desplome que desde hace meses se ve en el precio de los alquileres. Otro signo de la crisis que azota el centro del capitalismo tras el infarto de Lehman Brothers. Y no es el primer caso, ni será el último.
Real Capital Analytics calcula que sólo en Nueva York hay propiedades comerciales por un valor superior a los 6.000 millones que afrontan problemas serios de financiación y que pueden acabar subastadas por desahucio. Una situación inédita en décadas. Entre las propiedades en serias dificultades se encuentra el rascacielos de Moinian Group.
LA ENTRADA A SAN PEDRO. Bernini diseñó el pórtico con la idea de "modelar toda la ciudad de Roma con sus manos, como si fuese una inmensa escultura".
Aprobado en 1657 por el Papa Alejandro VII, el monumental complejo diseñado por Gian Lorenzo Bernini será restaurado en su totalidad. El plan, que se prolongará durante cuatro años, abarca las 284 columnas y todos los santos y figuras que coronan los dos brazos de la Columnata.
La monumental Columnata de Bernini, en la plaza de San Pedro, será sometida a una restauración que durará cuatro años, informó hoy el director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci.
Paolucci precisó que el 11 de junio será presentado en la Feria de Milán el plan de restauración de las 284 columnas que conforman el espacio ideado por Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) en 1657, cuando el papa Alejando VII aprobó el proyecto del pórtico de San Pedro.
Además de las columnas, también serán restaurados todos los santos y figuras que coronan los dos brazos de la columnata.
Desde hace varias semanas se analiza un grupo de columnas de la parte izquierda y en fechas próximas comenzará la restauración del complejo monumental.
La restauración de la monumental Columnata de Bernini de la plaza de San Pedro durará 42 meses y costará de 10 a 20 millones de dólares (7,1 y 14,2 millones de euros), dijo hoy el secretario del Governatorato (el gobierno que gestiona Ciudad del Vaticano), obispo Renato Boccardo.
Durante la presentación del proyecto de restauración en la Feria de Muestras de Milán, Boccardo dijo -citado por medios locales- que el Vaticano no pagará nada, ya que los costes se cubrirá con diferentes patrocinadores privados.
Trabajarán sobre las 284 columnas que conforman el espacio ideado por Gian Lorenzo Bernini en 1657. Se revisarán cubiertas y canalones de agua, y se retirarán los arreglos viejos
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