Los nuevos proyectos ponen el acento en una óptima relación con el medio ambiente, de donde obtienen algunos materiales; los terrenos, entre 25.000 y 100.000 dólares, se ofrecen con planes de financiación.
El cuidado del medio ambiente pasó a ser una de las principales preocupaciones; en muchos casos, un poco impulsados por la moda y en otros por la concientización. Esto se comenzó a reflejar en los proyectos inmobiliarios de todo el país.
Hernán Giménez, gerente comercial de Noregon Territorio Natural (un proyecto de 257 hectáreas ubicado a sólo 15 minutos de San Martín de los Andes, sobre la ruta 62, camino al lago Lolog), afirma que una de las principales características se asocia con el cuidado y la preservación de la naturaleza.
«En el caso de Noregon, todo fue proyectado a conciencia, desde el estudio de impacto ambiental -que llevó un trabajo de un año y medio realizado por el biólogo ambiental Horacio Botta- hasta el trazado del desarrollo y el diseño urbanístico. Entre las decisiones clave hay que mencionar la preservación del bosque nativo y la conservación de más de la mitad del terreno para espacios verdes. Además, se declaró la cima del cerro como intangible y de uso común, sin lotearlo. Otra medida fue no interferir las vertientes que existen en el terreno. Los edificios comunes son construidos con materiales de la zona y hay una lógica de integración con el paisaje», explica Giménez.
El estudio, que sirvió como base del diseño urbanístico realizado por la firma Pondal Malenchini, incluyó un relevamiento de las pendientes, los cursos de agua, la densidad de pasturas, bosques y fauna autóctona.
Para Fernando Coelho, responsable de marketing de Algodon Wine Estates (ubicado en San Rafael, Mendoza), la principal característica es el máximo cuidado del medio ambiente y de la naturaleza mediante la preservación de los recursos naturales, para lograr una mejor calidad de vida.
Los countries denominados ecológicos suelen contar con un 50% de su superficie total destinada a terrenos y el resto, a espacios verdes y deportes.
Fernando Sánchez Castillo, con la obra el 'Burro Grande'
Una fundición de Rivas fabrica la escultura de 14 metros de alto que el artista Fernando Sánchez Castillo colocará en Atocha para celebrar la Noche en Blanco
PATRICIA GOSÁLVEZ – Madrid
«El mito romántico del artista solitario es basura; detrás siempre ha habido empresas, encargos, ayudantes…». Fernando Sánchez Castillo (Madrid, 1970) destroza el mito del creador único entre hierros y chispas de soplete, rodeado de los obreros que ultiman su nueva obra. En el taller de la fundición Capa en Rivas el ruido es ensordecedor. Es el sonido que convierte las ideas en cosas a golpe de sierra, fuego y pintura.
La idea se titula Burro grande y es la obra más espectacular de esta edición de la Noche en Blanco: un pollino de chapa de 14 metros de alto y 9,50 de ancho que recuerda al mítico toro de Osborne. «Una obra así crea puestos de trabajo, no la puedes hacer tú solo», dice Sánchez Castillo paseando por el interior de la estructura de acero inoxidable que sujetará su creación. «Me gusta venir a ver cómo se hace realidad», dice el artista, «y ver qué opinan todos los implicados en el proceso, del concejal al soldador, aunque luego no haga caso a ninguno».
Puede que acabe siendo un trabajo colectivo, pero las obras siempre empiezan con un papel, un lápiz y una idea: crear una obra de arte inspirada en un cartel publicitario, el toro diseñado en 1956 por Manolo Prieto, «que a su vez se ha convertido en patrimonio y parte del paisaje de la… Península», dice el artista. No ha escogido la palabra «península» al azar. «Burro grande reflexiona sobre la animalidad de los nacionalismos». En el trasfondo de la obra está la polémica en torno al toro de Osborne como símbolo de españolismo repetido mil veces en camisetas y pegatinas para el coche sobre la bandera. En Cataluña, donde el único cartel taurino ha sido reiteradamente derribado, se creó como alter ego del toro el ruc catalá (la silueta en negro de un burro autóctono).
Para velar satisfactoriamente una noche inolvidable, buena idea acercarse a la luna sin necesidad de vagar por las nubes. En el Museo Naval de Madrid, una piedra a la vista de todos los terrícolas que quieran volverse algo más lunáticos, asumiendo el riesgo de convertirse en hombre lobo sin esperarlo. «Es del valle de la luna Taurus-Littrow», asegura el capitán Enrique Jarque, concretando aún más esa etérea cartografía de la galaxia.
El marino español comenta que esta «joya» no se recibió en 1969, cuando el hombre puso el pie en la luna por primera vez. «Fue el viaje del Apolo-17, misión entre el 7 y el 19 de diciembre de 1972», aclara siguiendo la documentación oficial. Un regalo de Nixon al almirante Carrero Blanco en 1973, por entonces presidente del Gobierno. A la muerte de Carrero Blanco, su hijo -almirante también llamado Luis- heredó esta roca que donó al museo. La piedra permanecerá expuesta junto a un distintivo del almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada que Pedro Duque llevó (y trajo de vuelta) en una misión de la Agencia Espacial europea a la Estación Espacial Internacional. El Museo Naval también expondrá la carta de Juan de la Cosa, el primer mapa que representa América cuando fue descubierta por Colón.
Científicos griegos y británicos investigan ahora las razones del hundimiento de esta urbe de la Edad del Bronce, descrita por Pausanias
ATENAS (EFE).- Una ciudad sumergida desde hace 1700 años frente a la península del Peloponeso está empezando a desvelar sus secretos, gracias a los movimientos del fondo marino que han facilitado los trabajos arqueológicos.
Según informó hoy el Ministerio griego de Cultura, la ciudad, cuyo origen se remonta a la Edad del Bronce, unos 2000 años antes de Cristo, comenzó a ser excavada el pasado verano tras varios cambios en el fondo marino, pese a que su existencia es conocida desde hace 40 años.
La ciudad había sido descrita por el historiador de la antigüedad Pausanias en el II siglo d.C y se cree que fue destruida por un terremoto en el siglo IV.
Los arqueólogos han descubierto ya los restos de varias calles, patios y edificios, entre ellos una construcción de 35 metros de largo que se cree fue vivienda de algún influyente personaje de la época.
También se han rescatado 230 cántaros, que se han datado en varios tramos que van desde el tercer milenio a.C hasta el año 1100 a.C.
La capital de la «isla blanca», Ibiza, es conocida en todo el mundo por su actividad nocturna y sus preciosas calas. Sin embargo poco han trascendido los tesoros arqueológicos que Ibiza guarda entre sus murallas. Sus blancas fachadas, estrechas calles y monumentos hablan de Ibiza como punto de encuentro de navegantes comerciales durante muchos siglos. En 1999 Ibiza fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Ibiza se convierte en la única ciudad española, bañada por el mar, con este preciado galardón.
Murallas que esconden muchos secretosLa murallas románicas que rodean el casco histórico llaman la atención del viajero. Esta fortificación, tradicionalmente llamada Dalt Vila (barrio alto), posee cinco puertas de entrada. La principal es el portal de ses Taules situado frente al barrio marinero de la Marina. Pasado el portal se accede al Patio de Armas, lugar singular con diez arcos de medio punto que durante años acogió el primer mercado «hippy» de la isla.
Justo al lado del Museo Arqueológico se encuentra una de las razones que explica por qué Ibiza fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Se trata de la Necrópolis de Puig des Molins, un yacimeinto arqueológico que fue el cementerio de Ibiza desde la fudación de la ciudad por los fenicios occidentales en el siglo VII. El recinto es la necrópolis más grande y mejor conservada de la cultura fenicio-púnica con más de 3000 tumbas púnicas.
Realizaron un show de acrobacias, en el que pintaron los colores de las banderas francesa y argentina.
Los que este mediodía circularon por la 9 de Julio, Puerto Madero, Plaza de Mayo y otros puntos de la Capital tuvieron el privilegio de disfrutar de un espectáculo memorable: el cielo quedó dibujado con los colores de las banderas francesa y argentina por las estremecedoras y ajustadas piruetas de la célebre Patrouille Acrobatique de France (Patrulla Acrobática de Francia, conocida también como PAF). Se trata del equipo especial de demostraciones aeronáuticas de la Fuerza Aérea francesa, creado en 1931 y reconocido como uno de los más antiguos y mejores del mundo, que volará por primera vez en la Ciudad.
El ilustrador de literatura infantil y juvenil Miguel Calatayud ha sido galardonado con el Premio Nacional de Ilustración, que concede por segundo año el Ministerio de Cultura.
El premio, dotado con 20.000 euros, distingue el conjunto de la labor realizada por Calatayud en el campo de la ilustración de literatura infantil y juvenil.
Miguel Calatayud (Aspe, Alicante, 1942) comenzó en el mundo de la ilustración a finales de los años 60 con un particular enfoque estético y conceptual, tanto en la historieta gráfica como en los libros infantiles y juveniles o en el de la publicidad.
Ha publicado 49 libros de ficción ilustrados, seis de los cuales con textos e ideas propios; ha colaborado en otros 19 libros y ha publicado 10 álbumes de historieta gráfica de los que también es autor de los textos.
Ha realizado 12 exposiciones individuales y ha participado en 58 exposiciones colectivas, entre las que se encuentran las más importantes en el sector del libro a nivel internacional.
Vivienda restaurada en el municipio coruñés de A Capela. | elmundo.es
DESPOBLACIÓN RURAL EN A CORUÑA Y LUGO
En Galicia se han quedado sin habitantes más de 460 lugares o núcleos de población
Un promotor madrileño rehabilita uno de ellos en la localidad de A Capela (A Coruña)
MARÍA FERNÁNDEZ
FERROL.- Cuando, hace seis años, el promotor madrileño Juan Luis Redruello Nieto fue de vacaciones a Galicia, todavía no sabía que acabaría unido a esa tierra. Redruello cambió las urbanizaciones de la capital por A Capela, un municipio unos 15 km de Ferrol, donde adquirió dos lugares abandonados con la intención de restaurarlos y dedicarlos al turismo rural. [Ver álbum]
Barbela es uno de esos lugares, uno más de los cientos que se han quedado deshabitados en el campo gallego. Allí, Juan Luis Redruello compró por unos 180.000 euros las cinco casas de piedra que habían quedado a merced de la maleza. Tras un largo proceso para adquirirlas y restaurarlas, este invierno espera concluir las obras y empezar a funcionar como aldea de turismo rural, además de utilizar una de ellas como segunda residencia.
Redruello tiene también intención de rehabilitar otro conjunto de viviendas abandonadas en Outeiro, la primera aldea que adquirió por unos 200.000 euros. Su restauración se paralizó por problemas con la normativa urbanística municipal, pero ahora que se han solventado su dueño espera seguir el ejemplo de la vecina Barbela.
Según recuerda, todo el proceso «fue una odisea». Comenzó con la búsqueda de los lugares por la comarca del Eume, famosa por sus fragas, uno de los pocos bosques atlánticos que todavía se conservan en Europa. Además de encontrar las aldeas que quería comprar, debió localizar a los propietarios, cinco diferentes, y convencerles de que vendiesen.
Las negociaciones llevaron su tiempo. «Los gallegos son muy desconfiados», recuerda. «Te pedían cosas como conservar las piedras del horno, o que emplearas a su hijo». En cada uno de los lugares tardó entre uno y dos años en cerrar el trato. Después comenzaron las obras para recuperar unas construcciones que estaban muy deterioradas.
Una selección de las propuestas de la ‘madrugada blanca’
P. O. D. – Madrid –
Es difícil saber por dónde empezar esa noche en la que todo parece ocurrir a la vez. Con un programa modelo sábana en el que se comprimen (en letra imposible no sólo para hipermétropes) las 200 actividades programadas, La Noche en Blanco, que este año se celebrará el próximo 19 de septiembre, obliga a realizar un importante ejercicio de selección. Para ponerlo un poco más fácil, a continuación presentamos algunas de las propuestas más novedosas de esta cuarta edición.
Interior del nuevo Centro Darwin en el Museo de Historia Natural de Londres.
Londres estrena un moderno centro dedicado al evolucionista para 2.500 visitantes diarios – El público podrá interactuar con 200 investigadores
WALTER OPPENHEIMER – Londres
La segunda fase del llamado Centro Darwin, en los locales del Museo de Historia Natural de Londres, abrirá sus puertas desde hoy a 2.500 visitantes diarios que podrán interactuar no sólo con los instrumentos científicos y de comunicación puestos a su disposición, sino con los 200 científicos que tendrá su laboratorio en las nuevas instalaciones y que, si quieren y pueden, podrán dialogar con los visitantes.
El nuevo edificio es una espectacular estructura vertical con forma de capullo de gusano de seda de 60 metros de alto, 12 metros de ancho y paredes de 30 centímetros de grosor capaces de mantener en el interior del edificio una temperatura de 17 grados y una humedad relativa del 45%, consideradas condiciones ideales para el trabajo de los científicos. Diseñado por el despacho escandinavo de arquitectos C.F. Møller, con sede en Åarhus (Dinamarca), el edificio está cubierto por una inmensa urna de vidrio que lo une a las viejas instalaciones victorianas del museo, uno de los más característicos de los varios que se levantan en esa zona de Londres, en el selecto barrio de South Kensington.
La primera fase del Centro Darwin se inauguró en septiembre de 2002 y permitió conservar en alcohol un total de 22 millones de especímenes zoológicos. La segunda fase, adjudicada a C. F. Møller en 2001 tras convocarse un concurso internacional, ha costado 78 millones de libras (88,5 millones de euros), se ha construido en 25 meses y permite mantener 17 millones de ejemplares entomológicos y tres millones de muestras botánicas. Sus 16.000 metros cuadrados se distribuyen en ocho plantas que contienen unos 3,3 kilómetros de aparadores y pueden acomodar a 220 empleados y científicos visitantes.
El llamado Cocoon por su forma como la crisálida de muchos insectos, como el gusano de seda, contiene 40 instalaciones de alta tecnología para que los visitantes puedan interactuar con un mundo científico que hasta ahora trabajaba a espaldas del público. Podrán ver cómo viajan, cómo nombran nuevas especies, cómo preparan especímenes y organizan colecciones y cómo todo ese trabajo puede ser utilizado para estudiar problemas reales como pueden ser la malaria o el cambio climático.
El Centro Darwin de Londres es el último estadio en la evolución de los museos de ciencias naturales. Abierto hoy al público, está lejos de la prehistoria que hasta ayer separaba a científicos, por un lado, encerrados en sus laboratorios, y a un público con acceso restringido a una mínima parte de los fondos de las colecciones, por otro.
En la nueva ala del Museo de Historia Natural de Londres, investigadores y visitantes comparten espacio en un edificio ahuevado de hormigón de ocho pisos de altura, concebido como un inmenso capullo que actúa de «larvario» de 17 millones de especímenes de insectos y tres millones de ejemplares de plantas. La instalación de 3.500 metros cuadrados, en la que la temperatura se mantiene a 17 grados y la humedad relativa es del 45 por ciento, coordenadas ideales para la conservación de una de las mayores colecciones de entomología y botánica del mundo, ha permitido sacar de los almacenes gran parte de los fondos del museo y abrirlos al público, al tiempo que éste camina entre unos doscientos científicos en plena actividad.
Apuesta estética
Los investigadores han recibido cursos de comunicación para saber intercalar en su jornada algunos parones para explicar su trabajo a quienes discurren por el camino en espiral que desciende desde la parte superior del capullo (así, con el inglés «cocoon», se ha bautizado al edificio), que tiene una altura de 65 metros. El acceso es gratuito, pero el número de visitas se mantiene dentro de un límite para poder asegurar la interacción que se busca.
Obra del estudio de arquitectura escandinavo C. F. Moler, la estructura ahuevada está dentro de un armazón exterior de acero y vidrio. Todo ello supone una apuesta estética del siglo XXI para un museo tan característico del arte decorativo victoriano del siglo XIX.
En el complejo existe una muro de doce metros de altura en el que se proyectan imágenes del cambio climático, con gráficos interactivos que muestran la desertización de la Tierra. Otro rincón es el Estudio Attenborough, donde las más innovadoras tecnologías ofrecen una experiencia virtual en la exploración de la naturaleza. El propio David Attenborough, gran divulgador de la vida natural, participó ayer, junto con el Príncipe de Gales, en la inauguración de la extensión del museo.
En la edición del 25 aniversario de Casa FOA conviven la tecnología de última generación con propuestas sustentables. Un recorrido por los 47 espacios, que se pueden ver hasta el 18 de octubre en el Hipódromo.
Vivian Urfeig y Daniel Moya.
Espacios de reunión y descanso. Areas domésticas y puestos de trabajo conforman la edición número 25 de Casa FOA, la muestra de arquitectura y diseño interior que celebra su aniversario en la Tribuna II del Hipódromo de Palermo, un edificio emblemático que vuelve a prestar su arquitectura para la muestra, como lo hizo cinco años atrás. A través de los 47 espacios se aprecian las nuevas tendencias en cuanto a materiales y soluciones de diseño. Este año conviven lo high tech junto a propuestas sustentables que cuidan el medio ambiente. Dispositivos ultra tecnológicos que controlan la intensidad de la luz o el audio se llevan tantas miradas como la casa construida en un container, con materiales reciclables. Hay mesas italianas y banquetas de autor, pero también hay lugar para espacios poco convencionales, como una garita que, con humor e ironía advierte sobre la inseguridad. Aquí, un panorama de las novedades que a lo largo y a lo ancho del emblemático edificio recuperado se imponen como cita obligada de arquitectura interior, paisajismo y diseño local.
El ingreso por la plaza seca que Diana Cabeza tituló Encuentros funciona como la mejor antesala de la muestra. Los bancos / esculturas están inspirados en rocas graníticas de Tierra del Fuego. En rojo y marrón, «se combinan formando múltiples configuraciones de uso y logrando una ocupación topográfica para albergar los rituales del encuentro», señala Cabeza, convocada por FOA y Redimat para donar estos bancos a una plaza porteña. Como en la edición anterior la Medalla de Oro al Paisajismo recayó en la propuesta de Marta Carena, Florencia Calvella, Susana Furtado y Verónica Lorenzo. Verde al cielo se inspira en el 25 aniversario de Foa, en clara fusión de lo clásico y moderno. «La organización de su trama es clásica, ortogonal, con un eje central y perfecta simetría, en la que lo moderno se apoya en las técnicas de green wall, la iluminación y el equipamiento», explican. El eje central está marcado por un camino que cruza el espacio, materializado en piedra binder gris.
A ambos lados del eje se suceden una serie de espacios ajardinados, de los que surgen paneles con transparencias del cielo, en referencia al logo de la muestra. La propuesta está «atada a lo sustentable, pero no por eso luce silvestre», advierten las autoras. El paseo sigue por un espacio que fue diseñado en 2004, y que hoy permanece casi intacto. Entre los árboles, de Gabriela Barrionuevo, Adriana Sierchuk, Diana Cabeza y Andrea Saltzman mantiene la esencia a partir de un plano verde donde un solado de hormigón determina una plaza seca que se abre camino por los árboles. El deck genera curvas. Una suerte de «corsé» viste de rojo los árboles. «Se humanizan y proponen un soporte para descansar y contemplar la naturaleza del lugar», apuntan las autoras, que eligieron la misma tonalidad del corset para la iluminación del espacio.
La apertura del espacio coincide con el 400 aniversario de la publicación de su obra fundamental Astronomia nova, en la que enunció dos de sus leyes físicas más famosas.
La casa de Johannes Kepler en la capital checa, donde el astrónomo alemán vivió los últimos cinco años de su estancia en esa ciudad, fue hoy abierta al público con una muestra sobre su legado.
La apertura de este modesto Museo de Kepler, en un espacio de 22 metros cuadrados, coincide con el 400 aniversario de la publicación de su obra Astronomia nova.
Este período en la capital de Bohemia fueron «los doce años más importantes de su vida», ya que entre los 30 escritos publicados entonces aquí se encuentra ese trabajo crucial, explicó Pavel Suchan, de la Sociedad Astronómica checa.
Las dos primeras leyes de Kepler están contenidas precisamente en laAstronomia nova, publicada en Praga en 1609, a partir de las mediciones sobre la órbita del planeta Marte realizadas por Tycho Brahe.
Kepler (1571-1630) fue un científico polifacético que revolucionó la astronomía con sus leyes sobre el movimiento de los planetas y, tras la muerte de Brahe, se convirtió en el matemático y astrónomo principal de la corte. «La aplicación de sus saberes llevó al desarrollo de la mecánica celeste, que constituye la base de la cosmonáutica actual», señaló por su parte Petr Hadrava, del Instituto Astronómico de la Academia de Ciencias checa.
Praga conmemora la estancia del astrónomo alemán Kepler en la ciudad
Mientras vivía en un elegante edificio propiedad de la corona francesa, situado junto al praguense Puente de Carlos, el alemán Johannes Kepler completó en 1609 su ‘Astronomía Nova’, un libro que revolucionó la astronomía con las dos primeras leyes sobre el movimiento de los planetas en la órbita solar.
EXPOSICIÓN ITINERANTE: MADRID DESDE 1890 HASTA 1985 | Dónde: Varias localidades de la Comunidad de Madrid
EUROPA PRESS
Una exposición fotográfica itinerante llevará a 30 localidades de la región un total de 81 fotografías en las que se muestra la vida, costumbres y paisajes de la Comunidad desde 1890 hasta 1985, la exhibición comenzará su andadura en Móstoles.
La exhibición, comisariada por Chema Conesa, muestra retratos personales, instantáneas del día a día, fotos relacionadas con el ocio, las fiestas y los ritos, y otras infantiles y sobre oficios.
Por ejemplo, puede verse un retrato de 1900 de la Reina María Cristina dedicado, otro de 1920 coloreado de un soldado con sus mejores galas posando en un estudio, niños en las calles en 1936 días antes de la Guerra Civil, Pío Baroja paseando en 1955 por la Puerta de Alcalá, Sofía Loren en 1962 en la grabación de la película El Cid en unos estudios en Arturo Soria, un tranvía de 1957, o una familia disfrutando en 1959 de uno de los primeros televisores.
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