La oposición al partido de Berlusconi marca la apertura de un centro de arte y del stand de Italia en la más prestigiosa muestra de arte en el mundo.
No tiene la furia de la Roja, ni es una armada tan invencible (Roland Garros´09 aparte) como la de nuestro tenis. Esta otra armada española, la del arte en la Bienal de Venecia, es tan ecléctica como inclasificable. Hay, como en botica, un poco de todo… y un mucho de nada. Es de justicia comenzar con el líder, que no es Nadal, ni tiene sus bíceps, ni despierta las mismas pasiones (aunque ayer alguna fan le dejó carmín en la mejilla), pero es mallorquín como él. Miquel Barceló quería estar en esta Bienal, le faltaba en su currículo y, para más inri, lo han hecho antes que él otros de su generación.
Cuenta saldada por Exteriores: cúpula en Ginebra y Bienal en Venecia, dos por el precio de uno, que para eso andamos en crisis. Con una hora de retraso llegaba ayer Barceló a su encuentro con los periodistas. Después de tres bienales con pabellones españoles de lo más conceptual, esta vez el comisario, Enrique Juncosa, y el artista nos brindan un pabellón, en el que ha colaborado Seacex, de lo más convencional. Demasiado. Como en Eurovisión, España siempre a contracorriente. Que llevamos flamenco, ganan baladas. Este año, el comisario de la Bienal, Daniel Birnbaum, ha apostado por las instalaciones. Pues nosotros traemos pintura y cerámica. Ah, y una sala de lectura (Vinyoli, Bowles, Palau i Fabre, Gamoneda, Onetti…)
Daniel Birnbaum, director general de la 53» Bienal de Venecia, puso en manos de artistas y curadores la misión de «construir mundos»; adncultura estuvo en los Giardini del Castello, donde se exhiben universos contradictorios, intensos, bellos y terribles
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