Casa Eames, California. Foto: es.WikiArquitectura.com
De bajísimo costo, el hogar de Charles y Ray Eames acaba de cumplir 60 años y conserva intacto su encanto. ¿La explicación? Es la más pura expresión de la sensibilidad de sus diseñadores, pioneros del reciclado.
Alice Rawsthorne. Crítica de diseño
Ocho obreros trabajaron exactamente una jornada y media para armar la estructura, de 11 toneladas de acero. Las paredes se hicieron con paneles prefabricados, y las ventanas elegidas fueron las que por lo general se colocaban en las fábricas. La escalera fue encargada a través de un catálogo de materiales de construcción para barcos. ¿Y cuál fue el costo? El costo fue: U$S 10 por metro cuadrado.
Corría el año 1949, y la factura no incluyó el trabajo de los dueños – que eran quienes habían diseñado la casa – ni el de sus empleados. Aun así, 10 dólares por metro cuadrado era muy barato, sobre todo en comparación con los U$S 110,50 que por entonces costaba construir un metro cuadrado de una casa estadounidense típica. Y parece todavía más barato si se tiene en cuenta que la casa fue ocupada por sus dueños y diseñadores, Charles y Ray Eames, durante casi cuarenta años. Los Eames llegaron a ser los diseñadores industriales más famosos de Estados Unidos, y su nuevo hogar habría de ser una de las residencias más influyentes –y más queridas– del siglo XX.
La Casa Eames, situada en Pacific Palisades, California, cumplió 60 años en junio y lo celebró con un picnic en los jardines. La creatividad con que fue armada la estructura prefabricada deslumbró a los arquitectos y diseñadores de la época, y aún hoy resulta deslumbrante. Además, los Eames crearon un lugar excepcionalmente hermoso para vivir y trabajar. Preservada por la Eames Foundation como un Hito Histórico Nacional, la Casa Eames es muy seductora. No conozco a nadie que haya estado allí y no se haya enamorado de ella.
Egipto mostró el lunes una serie de tumbas de más de 4.000 años de antigüedad descubiertas recientemente y dijo que pertenecieron a trabajadores de las grandes pirámides de Giza que no eran esclavos como se ha creído popularmente sino personas cercanas al rey.
Las fosas de 2,74 metros (nueve pies) de profundidad tenían unos 12 esqueletos de los constructores de pirámides perfectamente conservados por la arena seca del desierto. En ellas también había vasijas que alguna vez tuvieron cerveza y pan para la vida en el más allá.
Las tumbas de ladrillos de arcilla fueron descubiertas la semana pasada muy cerca de la parte trasera de las pirámides y se amplían más allá de un sitio de entierros descubierto por primera vez en la década de 1990.
Datan del tiempo de la cuarta dinastía (2575 a.C. a 2467 a.C.), el tiempo en el que se erigieron las grandes pirámides de Egipto a las afueras de lo que ahora es El Cairo.
El antiguo historiador griego Herodoto describió alguna vez a los constructores de las pirámides como esclavos y creó lo que los egiptólogos consideran un mito que fue propagado por las películas de Hollywood.
Nuevas tumbas encontradas en Giza apoyan la visión de que las Grandes Pirámides fueron construidas por trabajadores libres y no por esclavos, dijo el jefe de arqueología de Egipto.
En distintos medios se han representado a esclavos que trabajan duro en el desierto para construir las pirámides, sólo para encontrar una muerte miserable.
Estas tumbas fueron construidas al lado de la pirámide del rey, lo cual indica que esta gente no era por ningún motivo esclava, dijo en un comunicado Zahi Hawass, arqueólogo que encabeza el equipo de excavación egipcio.
Panorámica de la parte antigua tomada desde la Torre Bujaco. En la misma se pueden observar la torre de la Concatedral de Santa María, las de San Francisco Javier y la Iglesia de San Mateo, además de parte de la muralla que rodea al recinto.
La ciudad extremeña de Cáceres, declarada ciudad Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1986, posee uno de los conjuntos monumentales más importantes del mundo.
Destaca su recinto amurallado. En él se encuentra el conjunto de arquitectura civil y religiosa más importante del Renacimiento español que se conserva todavía hoy en excelentes condiciones.
Cáceres es una ciudad del oeste de España, capital de la provincia homónima. Se encuentra situada en la zona central de la antigua provincia romana de la Lusitania, en la comunidad autónoma de Extremadura. Con 93.131 habitantes (INE2009), es la ciudad más grande y poblada de la provincia, acumulando el 22,51% de la población total de la misma. Es además el municipio más extenso de España con una superficie de 1.750,33 km².
La ciudad antigua de Cáceres constituye un privilegiado conjunto monumental único en España. El recinto amurallado de Cáceres contiene el conjunto de arquitectura civil y religiosa más importante del Renacimiento español que se conserva intacto en nuestros días. La gran mayoría de los edificios civiles y religiosos que componen el casco antiguo de Caceres data finales del siglo XIV, y especialmente de las reformas, ampliaciones y nuevas construcciones efectuadas durante el siglo XV y el siglo XVI. Debido a este esplendor monumental, Cáceres fue declarada Monumento Nacional en 1949 y, en 1986, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
El château data del siglo XVI y su precio es de 3,65 millones de euros
Situado en Lembeye (20 km al norte de Pau), tiene cinco salones y diez dormitorios
ELMUNDO.ES
MADRID.- El Château d’ Arricau-Bordes, el castillo donde el novelista francés Alejandro Dumas encontró la inspiración para escribir ‘Los tres mosqueteros‘ (1844), su obra cumbre, ha colgado el cartel de ‘se vende’. En plena crisis inmobiliaria -que también afecta al país vecino- sus dueños quieren jugar la baza de inmueble legendario y lo han tasado en 3,65 millones de euros. [Álbum]
Localizado en Lembeye (provincia de Gascoña), a 20 km al norte de Pau y a 90 de Biarritz, el château d’ Arricau-Bordes se levantó en el siglo XVI y fue propiedad de Charles de Batz-Castelmore, que fue conde de D’Artagnan y capitán de la guardia de mosqueteros de Luis XIV. Su figura sirvió de inspiración a Alejandro Dumas para crear al mosquetero D’Artagnan, protagonista de la novela ‘Los tres mosqueteros’.
A lo largo de su dilatada historia ha tenido más moradores ilustres, como el abuelo del actual Conde de Monpezat, Henri de Laborde, príncipe consorte de la Reina Margarita II de Dinamarca, en el siglo XIX.
The château that inspired ‘The Three Musketeers’ is up for sale. Adam Edwards profiles a magnificent castle with an illustrious history . By Adam Edwards
Rem Koolhas (Rotterdam, 1944), fue periodista antes de ser arquitecto y fundar el estudio OMA, donde divide su tiempo entre escribir ensayos y proyectar edificios Foto:Pritzker Prize
Nacido en Rotterdam en 1944, fue periodista antes de ser arquitecto y fundar el estudio OMA, donde divide su tiempo entre escribir ensayos y proyectar obras de pequeña, mediana y gran escala
Por Alejandro Rapetti
Para LA NACION
Remmet Koolhaas nació el 17 de noviembre de 1944 en Rotterdam, Holanda, y en su adolescencia vivió en Indonesia. En sus inicios se dedicó al periodismo, trabajó en el rotativo de La Haya para luego dedicarse a estudiar Arquitectura en la Architectual of Association de Londres. De regreso a los Países Bajos, en 1975 junto a tres socios abrió su estudio al que bautizó Office for Metropolitan Architecture (OMA), hoy convertido en una destacada firma internacional con oficinas en Europa (OMA Rotterdam), América del Norte (OMA Nueva York) y Asia (OMA Pekín).
Koolhaas es también un destacado teórico de la arquitectura que ha publicado numerosas obras. Entre las más destacadas se encuentran S, M, L, XL, Mutaciones, Content y Delirious New York: A Retroactive Manifesto for Manhattan. A Koolhaas le interesan, sobre todo, los proyectos a gran escala y siempre ha defendido la libertad de modelos y una arquitectura de lo esencial que manifiesta su interés por el futuro, en estrecha comunicación con su ritmo vertiginoso y sus configuraciones en cambio permanente. No es casual que sus escritos ganaran importante repercusión aun antes de ser volcados a la construcción, y muchos de sus más celebrados diseños jamás salieron del tablero de su estudio. Distinguido por sus proyectos edilicios de clara consistencia física, en los que la masa adquiere un carácter predominante, en 2000 recibió el Premio Prizker, máximo galardón internacional de arquitectura. En el momento de otorgarle el premio, el jurado lo describió como un visionario y un filósofo.
Desde entonces, Koolhaas es profesor invitado en la Universidad de Harvard y se ha convertido en uno de los arquitectos más influyentes y destacados del ámbito internacional.
SARRAMONE busca las huellas del fenómeno en la literatura, el ensayo y el tango, entre otras fuentes posibles. (Archivo Gral de la Nación)
El escritor Alberto Sarramone investigó el impacto inmigratorio a principios del siglo XX. Allí rastreó los orígenes de una nacionalidad argentina que se presenta como una pregunta de respuesta incierta.
En Inmigrantes y criollos en el Bicentenario, bajo la égida de un enfoque predominantemente sociológico, Alberto Sarramone se aboca a la tarea de mensurar el impacto inmigratorio en la formación de la nacionalidad argentina, ese aluvional crisol de razas que torna temeraria y, en muchas ocasiones, imposible de responder la pregunta por el ser nacional (una extraña quintaesencia que se pretende prototipo de rasgos y características singulares y, a un tiempo, compartidas). El peso que comportó el carácter inmigratorio se ilustra con clari dad en la progresión de carácter numérico: en el Censo Nacional de 1895, una de cada cuatro per sonas era extranjera; en el Censo de 1914, una de cada tres, pero los dos tercios de argentinos res tantes eran hijos o nietos de inmigrantes. Pero si en el resto de América latina hay fundamentos suficientes para hablar –según la expresión ya consagrada de Haya de la Torre– de «pueblos indoamericanos», en Argentina, señala el autor, se torna inevitable la expre sión «euro-americano» en virtud de la genealogía inmigratoria.
En términos generales, indica Sarramone, no sería un error des estimar la figura paradigmática del inmigrante que arriba «con una mano atrás y otra adelante», tal y como reza el lugar común, no pudieron salir de su tierra quienes eran extremadamente pobres en tanto que el pasaje en barco había que pagarlo y no era barato, aun viajando en clase hacinada y económica.
Según las cifras del Censo de 1914, el cincuenta por ciento de la población que moraba en Bue nos Aires era inmigrante; no en vano unos años antes, en 1887, Sarmiento se interroga: «¿Estamos en Italia o en Buenos Aires?, ¿en Europa o en América?» Julio Argentino Roca reflexiona: «Buenos Aires no es la Nación porque es una provincia de extranjeros», y Juárez Celman abunda: «Seré el presidente de la inmigración». Notablemente, nada afectó la intensidad del flujo inmigratorio, ni siquiera la tristemente célebre Ley de Residencia, promulgada en 1902 (y recién abolida en 1958) e inspirada en las huelgas de fines del siglo XIX, que autorizaba al Poder Ejecutivo a expulsar del país a cualquier extranjero que «comprometa la seguridad o perturbe el orden público». El sentimiento enraizado en una genuina xeno fobia, el temor a lo radicalmente otro, la inmigración externa o la migración interna contempladas como una de las formas más vejatorias de invasión al espacio propio y (en principio) intocado alimentaron manifestaciones lite rarias tan disímiles en tiempos y ejecución como las novelas En la sangre (Eugenio Cambaceres), La Bolsa (Julián Martel) y los cuentos «Casa tomada» (Julio Cortázar) y «Cabecita negra» (Germán Roz enmacher). No menos evidentes resultan los aportes inmigratorios a la formación del porteño de fines del siglo XIX y principios del XX, nacido y crecido –como bien apunta Sarramone– al calor de movimientos socioculturales propios y extraños; la presencia de la inmigración italiana en los nombres del tango es considerable: D’Arienzo, De Caro, Piazzo lla, Franchini, Di Sarli, Discépolo, Pugliese, Troilo, Canaro, Bassi y un larguísimo etcétera. Así como los títulos de algunas letras: des de «Giusseppe el zapatero» hasta «Canción del inmigrante». En este marco resulta, cuanto menos, astigmático el fervoroso anhelo de Ricardo Rojas proponiendo «restaurar el alma nacional» o la malhadada descripción de Leopoldo Lugones definiendo a los grupos inmigratorios como «la plebe ultramarina».
Lingotto es un barrio de Turín, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat. La primera piedra fue colocada hacia 1916 y fue abierto en 1923; el diseño, del joven arquitectoGiacomo Mattè-Trucco, era raro ya que tenía hasta cinco pisos. La materia prima entraba por la parte inferior, y se iban transformando en automóviles mientras subían en espiral por el interior del edificio. El vehículo acabado aparecía en el terrado, donde se encontraba un circuito de pruebas oval con curvas peraltadas y esperaba un piloto de competición, para dar una nueva vuelta y comprobar su correcto funcionamiento. Fue, en su día, la mayor fábrica de automóviles del mundo, siendo considerado un edificio de vanguardia, muy influyente e impresionante; tanto que Le Corbusier le llamó »una de las mejores imágenes de la industria«, y una »guía a seguir para el diseño de las ciudades«. 80 modelos diferentes fueron fabricados a lo largo de su historia, incluyendo el famoso Fiat Topolino de 1936.
El blog Una breve historia dedica una entrada al edificio Lingotto, fábrica de automóviles FIAT en Turín, diseñada por el arquitecto Giacomo Mattè Trucco. Inaugurada en 1923, fue la mayor fábrica de automóviles de su época y funcionó hasta 1982, en que se transformó en museo. De sus muchas características peculiares destaca que poseía una pista de pruebas ubicada sobre su techo, a cinco pisos de altura. Leer más: Una breve historia: Un circuito en el tejado
La factoría de Fiat en Turín es uno de los iconos de la Italia contemporánea, del motor, y de todo lo que lo rodea. El «Lingotto» es un gran prisma, en su día la fábrica más grande del mundo, en cuyo techo, a seis grande plantas del suelo, se ubica una pista de pruebas de 2’4 km de largo y 24 m de ancho. Un edificio glosado por Le Corbusier, cantado por los futuristas, e inmortalizado para el cine y la publicidad por la película de Peter Collinson «The Italian Job» (1969). Demos una vuelta por la pista de pruebas más asombrosa del mundo.
La pista de pruebas construída por Giaccomo Matte – Trucco en lo alto de la planta de producción de Fiat en Turín es a día de hoy, sin ninguna duda, un icono de la ciudad en el exterior. Matte-Trucco era esencialmente un ingeniero, al que Giovanni Agnelli le encargó, después de quedar fascinado por las plantas de Ford en Estados Unidos, una factoría que fuese la envidia del mundo. La obra de Matte – Trucco, construída entre 1916 y 1923, fue rápidamente adoptada por los Futuristas como «La primera obra futurista construída en el mundo», y no resultaba difícil imaginar por qué (ver un dossier PDF de 1934 aqui). Aunque el arquitecto no estaba implicado en el Movimiento Futurista, la gran aportación de Italia a las vanguardias históricas que redibujaron el panorama del arte en el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, el Futurismo fue un movimiento esencialmente italiano. Los futuristas, para siempre vinculados al encendido manifiesto publicado por el poeta Filippo Marinetti en “Le Figaro” en 1909, glosaban las bondades de la modernidad, haciendo del maquinismo un nuevo icono de la belleza. Y en aquel éxtasis futurista, Marinetti parió aquella metáfora hiperbólica tantas veces aludida, de que es más bello un automóvil rugiente con sus tubos cromados al sol, que la Victoria Alada de Samotracia. Pero en el otro “Manifiesto Futurista”, el enunciado por el arquitecto Antonio Sant’ Elia, había mucho más de concreción y de formulación de un nuevo mundo, porque se trataba de concebir, con todo el delirio y el entusiasmo arrogado a la capacidad del progreso, las ciudades de un futuro que todos trataban de imaginar cómo sería. Por eso consideraron el «Lingotto» y su pista de pruebas un paradigma del futurismo. El edificio, después de que la producción cesara en 1982, fue rehabilitado por Renzo Piano, el arquitecto del Centro Pompidou de Paris, para instalar en él un gran centro cultural que alberga, entre otras cosas, la pinacoteca de la familia Agnelli.
Cúpula y cascarón absidal de la iglesia de los Santos Apóstoles en Nápoles
REPORTAJE: ARTE – Exposiciones
Nápoles pone a la vista lo mejor de su amplio repertorio del barroco a través de media docena de exposiciones y una serie de obras restauradas, en itinerarios urbanos que refuerzan su identidad
ROBERTA BOSCO
Seis exposiciones en otras tantas sedes museales históricas (que de por sí solas, ya valen el viaje), centenares de obras (pinturas, dibujos, esculturas, muebles, joyas, tejidos, cerámicas y porcelanas) y 51 itinerarios urbanos y regionales en los lugares del barroco (iglesias, cartujas, palacios y jardines), conforman Retorno al Barroco.De Caravaggio a Vanvitelli, el más completo e importante proyecto de investigación y difusión de la producción artística en la ciudad de Nápoles a lo largo de 150 años, entre 1600 y 1750.
Treinta años después de la gran muestra sobre el barroco que tras el terremoto de 1980 dio la vuelta al mundo, Nápoles presenta un fascinante recorrido a través de historia, arte y arquitectura, que se propone restituir a la ciudad aquel conjunto de arte y cultura, símbolo de su originalidad y su identidad. «No se trata de una exposición filológica, estructurada por épocas y escuelas, sino de un gran proyecto territorial que, con el objetivo de recuperar la identidad napolitana, documenta los progresos de los últimos 30 años sobre aspectos, momentos y géneros de esta época de exuberancia y esplendor, cronológicamente comprendida entre la llegada de Caravaggio a Nápoles en 1606 y el regreso de Carlos de Borbón a España en 1759», explica Nicola Spinosa, el mayor especialista italiano de arte barroco, que fue durante más de dos décadas superintendente a las Bellas Artes de la región Campania.
La imagen forma parte del proyecto ‘Objetivo barroco’ del fotógrafo Luciano Pedicini, que reúne una serie de imágenes especialmente representativas del triunfo de la arquitectura barroca.- LUCIANO PEDICINI
The Haus der Deutschen Kunst was built in 1933-37 to replace the Munich "Glass Palace" Art Gallery
Fue construido en Munich por Hitler para exhibir 2.000 años de arte germano. Desde el fin de la guerra atraviesa distintas etapas, sin abandonar nunca la discusión de su propia historia. El arte que hoy exhibe interviene su arquitectura, pensada desde el nazismo.
Por: Alberto Giudici
Fue uno de los edificios preferidos de Adolf Hitler. No sólo porque controló obsesivamente cada detalle de su diseño, sino porque la Haus der Deutschen Kunst (Casa del Arte alemán), en Munich, reuniría en su interior dos mil años de la producción artística germana: toda una exaltación del genio ario a lo largo de su historia. De proporciones monumentales, sólo el pórtico medía, y mide hoy, 175 metros de largo. En cada uno de sus extremos había un fóculo, cavidad inmensa para encender el fuego sobre un basamento de piedra: un panteón del arte donde la llama sagrada iluminaba el ideario nazi. Hoy, el fóculo no existe, la solemne escalinata que llevaba al Salón de entrada, el Ehrenhalle, fue eliminada y el pórtico está tapado por una espesa arboleda que recorre la fachada. Difícil ubicarlo si uno va distraído, salvo que detrás del tupido follaje asome como en estos días, algo que parece un interminable edredón de estridentes colores, en azul y rojo. Se trata de una intervención del artista y arquitecto chino Ai Weiwei para su muestra So Sorry (Cuánto lo siento, sería la irónica traducción), abierta hasta el 17 de enero. Salvo en las esquinas, donde tampoco hay arboleda, pero sí pósteres gigantescos del artista con aires de mandarín, la instalación recorre buena parte del frente. Titulada «Remembering» (Recordando), mide 100 m de largo por 10 de alto y 9.000 mochilas de colores, una evocación de los escolares muertos por el derrumbe de colegios, durante el terremoto en la ciudad china de Sichuan, en 2008.
AFP Imagen del interior del mausoleo donde los arqueólogos creen haber encontrado los restos de Cao Cao
Presente en óperas y libros como el «Romance de los Tres Reinos», es uno de los personajes más famosos de China.
PABLO M. DÍEZ | PEKÍN
Su nombre aparece en el «Romance de los Tres Reinos», una de las novelas históricas más famosas de China; es protagonista de numerosas óperas tradicionales y está presente en dichos populares como «hablando de Cao Cao, por la puerta asoma». Pero nadie sabía dónde reposaban sus restos. Ahora, un grupo de arqueólogos cree haber descubierto la tumba de Cao Cao, legendario militar y estadista chino del siglo III que vivió entre los años 150 y 220. General y poeta, Cao Cao fue un reputado estratega que se convirtió en el último ministro de la dinastía Han y dirigió el Estado más próspero durante la turbulenta época de los Tres Reinos (208-220).
La tumba de Cao Cao, un célebre general y gobernante de siglo III, ha sido descubierta en Anyang, en la provincia central de Henan, según anunciaron el pasado domingo los arqueólogos responsables del hallazgo. Liu Qingzhu, director del Comité Académico de la Academia de Ciencias Sociales de China, fue el encargado de anunciar el hallazgo en una rueda de prensa en Beijing.
Cao Cao (155-220), quien creó el estado de Wei, el más fuerte y próspero durante el Periodo de los Tres Reinos (220-280) de la historia china, es recordado en los anales de la historia por su excelente talento en lo militar y en lo político. Cao Cao también era conocido por sus poemas, que reflejaban su carácter fuerte. Algunos de sus poemas forman parte del corpus de los libros de texto en las escuelas secundarias de la China de hoy.
En la tumba de dos cámaras se encontraron los restos de tres cuerpos, un hombre y dos mujeres. El enterramiento se halla en el pueblo de Xigaoxue, en Anyang. Se cree que el hombre pudo morir rondando los 60 años de edad, lo cual coincide con la edad a la que murió Cao Cao, según se tiene constancia.
El Palacio de Los Patos tuvo su origen en París, según el comentario que hiciera el señor Manuel Chopitea, hijo de don Alfredo Chopitea, propietario original del monumental edificio. Don Alfredo viajaba de manera habitual a Europa con toda su familia. En uno de esos recorridos quedó fascinado con un edificio que vio en la Ciudad Luz y pergeñó la idea de construir uno igual en Buenos Aires. Entonces, ubicó y contrató al arquitecto francés que lo había construido para lograr su sueño. Se trataba de Henri Azière, que sobre los datos del terreno porteño disponible, confeccionó los planos del nuevo edificio.
Pero Don Alfredo consideró que podían aprovecharse mejor los espacios. Entonces contrató al arquitecto Julio Senillosa y modificó el proyecto original. Alcanzaron así las 144 unidades funcionales, que combinaron el diseño original de Azière, el interés de Chopitea y el valioso aporte de Senillosa.
La tradición dice que los primeros inquilinos fueron familias de buena cuna y delgada billetera. La leyenda cuenta que en este edificio encontraron el lugar ideal para disimular sus penurias y aparentar que todo seguía igual. En el lunfardo porteño, la palabra «pato» expresa a la persona carente de dinero. Es que el plumaje del pato, aún estando en el agua, siempre está «seco».
Debe estar conectado para enviar un comentario.