El diseño interactivo podría dejar de traducirse por el consabido «pulse un botón» para implicar la toma de decisiones. Una empresa portuguesa especializada en kits de bricolaje, Movelpartes, ha visto el potencial de la relación entre la crisis y el legendario «hágalo usted mismo». Y ha decidido plantarle cara a Ikea. ¿Cómo? Con armas tradicionales suecas: diseño y simplificación.
Los portugueses quisieron sumar diseño a sus productos para facilitar el montaje. Y para llegar a otro tipo de hogares. Una mujer, la directora de la bienal de diseño portugués y nueva responsable artística de la empresa, Guta Moura Guedes, está detrás de la idea que reta a los diseñadores a inventar y a los empresarios a fabricar piezas de cuidado diseño. El asunto es peliagudo porque Movelpartes es una firma especializada en kits de mobiliario y exige que sus productos puedan montarse fácilmente, empleando tan sólo entre 5 y 25 minutos en la hazaña. La empresa tiene también alergia a los precios de vértigo y en su libro de estilo figura que el coste de sus piezas no se escape del margen que queda entre 54 y 250 euros. Con esas limitaciones convertidas en retos, el estudio barcelonés Lagranja fue elegido, junto a los lusos Miguel Vieira Baptista y el estudio Pedrita -formado por Pedro Ferreira y Rita Joâo- para poner al día la antigua colección de la empresa Make it (Hazlo,en inglés), rebautizada ahora como Make it better (Hazlo mejor).
SARRAMONE busca las huellas del fenómeno en la literatura, el ensayo y el tango, entre otras fuentes posibles. (Archivo Gral de la Nación)
El escritor Alberto Sarramone investigó el impacto inmigratorio a principios del siglo XX. Allí rastreó los orígenes de una nacionalidad argentina que se presenta como una pregunta de respuesta incierta.
En Inmigrantes y criollos en el Bicentenario, bajo la égida de un enfoque predominantemente sociológico, Alberto Sarramone se aboca a la tarea de mensurar el impacto inmigratorio en la formación de la nacionalidad argentina, ese aluvional crisol de razas que torna temeraria y, en muchas ocasiones, imposible de responder la pregunta por el ser nacional (una extraña quintaesencia que se pretende prototipo de rasgos y características singulares y, a un tiempo, compartidas). El peso que comportó el carácter inmigratorio se ilustra con clari dad en la progresión de carácter numérico: en el Censo Nacional de 1895, una de cada cuatro per sonas era extranjera; en el Censo de 1914, una de cada tres, pero los dos tercios de argentinos res tantes eran hijos o nietos de inmigrantes. Pero si en el resto de América latina hay fundamentos suficientes para hablar –según la expresión ya consagrada de Haya de la Torre– de «pueblos indoamericanos», en Argentina, señala el autor, se torna inevitable la expre sión «euro-americano» en virtud de la genealogía inmigratoria.
En términos generales, indica Sarramone, no sería un error des estimar la figura paradigmática del inmigrante que arriba «con una mano atrás y otra adelante», tal y como reza el lugar común, no pudieron salir de su tierra quienes eran extremadamente pobres en tanto que el pasaje en barco había que pagarlo y no era barato, aun viajando en clase hacinada y económica.
Según las cifras del Censo de 1914, el cincuenta por ciento de la población que moraba en Bue nos Aires era inmigrante; no en vano unos años antes, en 1887, Sarmiento se interroga: «¿Estamos en Italia o en Buenos Aires?, ¿en Europa o en América?» Julio Argentino Roca reflexiona: «Buenos Aires no es la Nación porque es una provincia de extranjeros», y Juárez Celman abunda: «Seré el presidente de la inmigración». Notablemente, nada afectó la intensidad del flujo inmigratorio, ni siquiera la tristemente célebre Ley de Residencia, promulgada en 1902 (y recién abolida en 1958) e inspirada en las huelgas de fines del siglo XIX, que autorizaba al Poder Ejecutivo a expulsar del país a cualquier extranjero que «comprometa la seguridad o perturbe el orden público». El sentimiento enraizado en una genuina xeno fobia, el temor a lo radicalmente otro, la inmigración externa o la migración interna contempladas como una de las formas más vejatorias de invasión al espacio propio y (en principio) intocado alimentaron manifestaciones lite rarias tan disímiles en tiempos y ejecución como las novelas En la sangre (Eugenio Cambaceres), La Bolsa (Julián Martel) y los cuentos «Casa tomada» (Julio Cortázar) y «Cabecita negra» (Germán Roz enmacher). No menos evidentes resultan los aportes inmigratorios a la formación del porteño de fines del siglo XIX y principios del XX, nacido y crecido –como bien apunta Sarramone– al calor de movimientos socioculturales propios y extraños; la presencia de la inmigración italiana en los nombres del tango es considerable: D’Arienzo, De Caro, Piazzo lla, Franchini, Di Sarli, Discépolo, Pugliese, Troilo, Canaro, Bassi y un larguísimo etcétera. Así como los títulos de algunas letras: des de «Giusseppe el zapatero» hasta «Canción del inmigrante». En este marco resulta, cuanto menos, astigmático el fervoroso anhelo de Ricardo Rojas proponiendo «restaurar el alma nacional» o la malhadada descripción de Leopoldo Lugones definiendo a los grupos inmigratorios como «la plebe ultramarina».
Madrid ha sufrido una de sus mayores transformaciones en los últimos diez años
EL PAÍS – Madrid
Esta ciudad ya no es lo que era. La movida de los ochenta dejó paso a los estériles noventa. Se acabó aquello de la cultura en la calle, pero las calles seguían igual. La última década, que comenzó con el cambio de siglo, trajo por fin la revolución urbana. Para bien o para mal, Madrid ha sufrido una de las mayores transformaciones de su historia. En sólo 10 años, el paisaje de la capital está irreconocible. Comenzó con las perforaciones el anterior alcalde, José María Álvarez del Manzano, y cogió el testigo, un tanto hiperactivo, el actual regidor, Alberto Ruiz-Gallardón. A este nuevo escenario se han sumado unos 300.000 vecinos. Ya somos 3.273.000.
Los 200 kilómetros de metro que el alcalde perforó como presidente de la Comunidad quizá le abrieron el apetito. Desde 2003 ha soterrado la M-30, la calle de O’Donnell y Santa María de la Cabeza, o ha vaciado de todas las entrañas la céntrica y vital calle de Serrano para construir aparcamientos subterráneos. Mucho ruido, y en algunos casos, no tantas nueces, piensan algunos vecinos.
Otros, como los de Arganzuela o la avenida del Manzanares, pueden abrir la ventana de su casa y respirar un aire que no huele a tubo de escape. Un total de 250 hectáreas de jardines están empezando a cubrir ya la antigua M-30, cuya reforma costó unos 5.000 millones y que, entre otras cosas, ha mejorado el tráfico.
Pese a la poca producción, en Europa y Asia, Zaha Hadid, Jean Nouvel y Toyo Ito tienen motivos para festejar. Frank Gehry, Thom Mayne y Steven Holl están llamados a renovar el panorama arquitectónico de los EE.UU.
por Nicolai Ouroussoff. Crítico de arquitectura y periodista
Quizá el futuro sea sombrío pero al menos algunos arquitectos pueden recordar el año con sensación de triunfo. Tras más de una década de demoras en el diseño y la construcción, Zaha Hadid terminó su museo de arte contemporáneo Maxxi en Roma, uno de los proyectos más ambiciosos de la ciudad desde 1960, cuando Pier Luigi Nervi completó su Palazzetto dello Sport.
Las sinuosas formas de hormigón del museo, que parecen extraer energía de las calles circundantes, juegan a las escondidas con el barrio. Emplazado a mitad de cuadra entre hileras de edificios indefinidos, el Maxxi apuesta a la seducción lenta.
Jean Nouvel terminó la Sala de Conciertos de Copenhague, una reluciente caja azul adornada con imágenes fragmentadas de músicos que flotan como en un sueño. La cualidad etérea de su piel, hecha de una tela de alta resistencia, crea un inquietante contraste con la solidez de la sala que parece tallada en un enorme bloque de madera dura.
Y Toyo Ito, un arquitecto cuyo trabajo ha sido injustamente relegado fuera de su Japón natal, recibió un reconocimiento por el nuevo estadio de Kaohsiung, Taiwán, construido para los Juegos Mundiales. Su forma serpenteante, que se despliega sobre un parque urbano hasta ahora olvidado para enmarcar uno de los lados de una vibrante plaza pública, crea una reconfortante sensación de recogimiento al tiempo que ofrece vistas lejanas de la ciudad.
Parece mentira, finalizó la primera década del nuevo siglo. La empezamos cuando se cocinaba la crisis 2001-2002 y la terminamos tratando de salir no muy heridos de otra crisis, la internacional. A pesar del sacudón, el último año trajo para el crítico del The New York Times, Nicolai Ouroussoff algunas obras para recordar: el Museo de Arte Contemporáneo Maxxi, de Zaha Hadid en Roma; la Sala de Conciertos de Jean Nouvel en Copenhague; el nuevo estadio de Kaohsiung, de Toyo Ito en Taiwán; y en Nueva York, la High Line, el edificio académico para la Cooper Union de Morphosis y la Beekman Tower de Frank Gehry, aún en construcción. Según parece para los registros de Ouroussoff, debajo del trópico de Cáncer, no pasó nada.
Lingotto es un barrio de Turín, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat. La primera piedra fue colocada hacia 1916 y fue abierto en 1923; el diseño, del joven arquitectoGiacomo Mattè-Trucco, era raro ya que tenía hasta cinco pisos. La materia prima entraba por la parte inferior, y se iban transformando en automóviles mientras subían en espiral por el interior del edificio. El vehículo acabado aparecía en el terrado, donde se encontraba un circuito de pruebas oval con curvas peraltadas y esperaba un piloto de competición, para dar una nueva vuelta y comprobar su correcto funcionamiento. Fue, en su día, la mayor fábrica de automóviles del mundo, siendo considerado un edificio de vanguardia, muy influyente e impresionante; tanto que Le Corbusier le llamó »una de las mejores imágenes de la industria«, y una »guía a seguir para el diseño de las ciudades«. 80 modelos diferentes fueron fabricados a lo largo de su historia, incluyendo el famoso Fiat Topolino de 1936.
El blog Una breve historia dedica una entrada al edificio Lingotto, fábrica de automóviles FIAT en Turín, diseñada por el arquitecto Giacomo Mattè Trucco. Inaugurada en 1923, fue la mayor fábrica de automóviles de su época y funcionó hasta 1982, en que se transformó en museo. De sus muchas características peculiares destaca que poseía una pista de pruebas ubicada sobre su techo, a cinco pisos de altura. Leer más: Una breve historia: Un circuito en el tejado
La factoría de Fiat en Turín es uno de los iconos de la Italia contemporánea, del motor, y de todo lo que lo rodea. El «Lingotto» es un gran prisma, en su día la fábrica más grande del mundo, en cuyo techo, a seis grande plantas del suelo, se ubica una pista de pruebas de 2’4 km de largo y 24 m de ancho. Un edificio glosado por Le Corbusier, cantado por los futuristas, e inmortalizado para el cine y la publicidad por la película de Peter Collinson «The Italian Job» (1969). Demos una vuelta por la pista de pruebas más asombrosa del mundo.
La pista de pruebas construída por Giaccomo Matte – Trucco en lo alto de la planta de producción de Fiat en Turín es a día de hoy, sin ninguna duda, un icono de la ciudad en el exterior. Matte-Trucco era esencialmente un ingeniero, al que Giovanni Agnelli le encargó, después de quedar fascinado por las plantas de Ford en Estados Unidos, una factoría que fuese la envidia del mundo. La obra de Matte – Trucco, construída entre 1916 y 1923, fue rápidamente adoptada por los Futuristas como «La primera obra futurista construída en el mundo», y no resultaba difícil imaginar por qué (ver un dossier PDF de 1934 aqui). Aunque el arquitecto no estaba implicado en el Movimiento Futurista, la gran aportación de Italia a las vanguardias históricas que redibujaron el panorama del arte en el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, el Futurismo fue un movimiento esencialmente italiano. Los futuristas, para siempre vinculados al encendido manifiesto publicado por el poeta Filippo Marinetti en “Le Figaro” en 1909, glosaban las bondades de la modernidad, haciendo del maquinismo un nuevo icono de la belleza. Y en aquel éxtasis futurista, Marinetti parió aquella metáfora hiperbólica tantas veces aludida, de que es más bello un automóvil rugiente con sus tubos cromados al sol, que la Victoria Alada de Samotracia. Pero en el otro “Manifiesto Futurista”, el enunciado por el arquitecto Antonio Sant’ Elia, había mucho más de concreción y de formulación de un nuevo mundo, porque se trataba de concebir, con todo el delirio y el entusiasmo arrogado a la capacidad del progreso, las ciudades de un futuro que todos trataban de imaginar cómo sería. Por eso consideraron el «Lingotto» y su pista de pruebas un paradigma del futurismo. El edificio, después de que la producción cesara en 1982, fue rehabilitado por Renzo Piano, el arquitecto del Centro Pompidou de Paris, para instalar en él un gran centro cultural que alberga, entre otras cosas, la pinacoteca de la familia Agnelli.
The 11th Intl. Architecture Exhibition, Out There: Architecture Beyond Building, directed by Aaron Betsky, closed on 23rd November 2008. In the Arsenale venue, 23 Installations were set up, whereas in the Padiglione Italia at Giardini it was possible discover the experimental work of 55 international firms. The awards ceremony took place on 13th September 2008.
Se podría decir que la nueva terminal aérea de Carrasco, Uruguay, proyectada por Rafael Viñoly, pone en cuestión a gran parte de la arquitectura de los aeropuertos de todo el mundo. Esto sucede porque, hoy, cualquier aeropuerto remite a la construcción más exitosa de Marc Augé: el concepto de no-lugar. El pensador francés designó así a aquellos espacios de transitoriedad que no tienen las características necesarias para ser considerados «lugares».
En Carrasco, Viñoly rompe el vínculo establecido por Augé entre aeropuerto y no-lugar, tanto al intensificar la calidad del espacio (que resulta inolvidable en oposición a la indiferenciada categoría espacial del no-lugar), como al envasar el programa en un extraordinario objeto arquitectónico imaginado sobre el patrón morfológico de la topografía uruguaya.
Justamente, el gesto que cautivó al empresario Eduardo Eurnekian, presidente de la empresa concesionaria del aeropuerto fue el único trazo de lápiz con el que Viñoly describió el proyecto: una suave curva que evoca a las lomadas charrúas. Fue el instante inefable en que una línea pone en funcionamiento la maquinaria arquitectónica.
Así, el aeropuerto de Carrasco fue construido sobre una idea poderosa que el propio Viñoly describe como muy simple: «Un gran techo debajo del cual se ubican todas las funciones».
Sin embargo, para conseguir mantener la simplicidad del gesto inicial fue necesario desarrollar una estructura extremadamente compleja, una enorme cubierta de 366 metros de largo por 131 de ancho, triplemente curvada. Una cáscara que flota sobre las tres plantas del edificio. La sección longitudinal del techo es una extensa curva simétrica que se alarga hasta apoyar ambos extremos en el suelo. En el sentido transversal, la curva es asimétrica con el ala más alta y extendida hacia el lado de las espigas de embarque, y la más corta y baja, hacia el lado de los accesos. La tercera curvatura del techo se verifica en su proyección en planta, una figura suavemente curvada por sus cuatro lados, más pronunciada por el lado de la pista.
Por debajo de la cubierta, el edificio propiamente dicho es un dispositivo organizador de la rutina del aeropuerto. Las áreas de llegadas y de partidas, están proyectadas como bandejas superpuestas. En la planta baja están ubicados los arribos y en el primer piso las partidas, articulados por el hall público y las cuatro espinas que conectan con las mangas. Por sobre el nivel de partidas, en el segundo piso, se ubica la terraza cubierta de uso público con servicio de gastronomía y locales.
La aventura de uno de los centros sociales okupados (CSO) más emblemáticos de Madrid llega a su fin. Agentes de la Policía Nacional han desalojado el Patio Maravillas, un espacio polivalente autogestionado ubicado en el edificio de la calle Acuerdo, número 8, después de que un juzgado diera orden de dejar libre esta zona, informaron los afectados.
El desalojo se ha producido sin ningún incidente después de que la Policía y los activistas negociaran una salida pactada del edificio. En el momento del desalojo sólo tres personas se encontraban en el centro, que lo han abandonado sin oponer resistencia alguna.
La rápida y pacífica resolución de la actuación contrata on el fuerte dispositivo desplegado en los alrededores de este centro social.
Según relatan los activistas a través de la red social Twitter, los agentes ya se encuentran dentro del edificio y han procedido a identificar a quienes se encontraban en el interior, así como a varias de las personas que se concentran en los alrededores.
Vista con el río Duero en primer plano y la Catedral al fondo.
En esta ciudad se puede palpar la evolución de la Historia y el Arte, pisando la misma tierra que vio pasar a romanos, visigodos o musulmanes. Arrasada y reconstruida en varias ocasiones, su veintena de templos románicos han sido testigos de guerras, pugnas nobiliarias y tradiciones que permanecen vivas en el quehacer diario de sus habitantes.
Almudena Ávalos | Fotos: Sara Janini
En esta ciudad es importante estar con los ojos bien abiertos para rellenar el capítulo de Historia y Arte olvidado desde el colegio. Aparte de la veintena de templos románicos cuenta con importantes vestigios de otras épocas, pues Zamora fue habitada por los vacceos, los romanos, visigodos, fue amurallada bajo las órdenes de Alfonso I, arrasada por los musulmanes, fortificada de nuevo con Alfonso el Magno, tomada por Almanzor y repoblada por Fernando I.
Pero si hay una figura clave en Zamora esa es Viriato. Este guerrero lusitano plantó cara a los romanos y dio la bandera a la ciudad, representada en ocho tiras rojas y un fajín verde, cada tira por cada una de las legiones romanas a las que vencía y a las que arrancaba un trozo de tela; y el fajín, regalo del rey Fernando el Católico.
Conocer Zamora
Rutas, monumentos, fiestas, alojamientos, restaurantes, servicios, etc… son los ingredientes de esta página para dar a conocer Zamora y su provincia.
Maqueta de la VitraHaus que el estudio de arquitectura Herzog & de Meuron ha proyectado en Alemania.-
REPORTAJE: Diseño
La escala intermedia y las apuestas por varios estilos marcan la arquitectura y el diseño que viene en 2010
ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid –
Con Kazuyo Sejima como comisaria de la próxima bienal de Venecia y el Centro Pompidou de Metz, de otro japonés, Shigeru Ban, a punto de inaugurarse al norte de París, parece que los iconos y las estrellas arquitectónicas hablarán otro idioma en 2010. La sostenibilidad, o el intento por lograr una arquitectura menos dañina a base de edificios con menos medios pero con más ideas, está presente en varios inmuebles a punto de estrenarse. Pero también lo está un cambio de escala. La arquitectura está cambiando. Más comprometidas con su trabajo que con las cifras de su empresa, parece que las nuevas estrellas quieren serlo menos. No sucederá en un año. Pero es de esperar que el camino sea sin retorno. Se podría augurar que los arquitectos se divertirán más vigilando las obras que los libros de cuentas. Por eso, de seguir la economía su curso de castigo, se va a acabar el aburrimiento. Sólo los ingeniosos triunfarán. Algunos hasta reinventándose.
No es el caso de Niemeyer, que inaugurará en Avilés otra obra magna, sin duda también emblemática, en la que nunca ha estado. Pero podría serlo el del estudio de arquitectura suizo Herzog & de Meuron que, en un pequeño pueblo alemán, Weil am Rhein, ultima un edificio que combina la gran y la pequeña escala. El encargo tenía truco. Lo hizo un experto en arquitectura, Rolf Fehlbaum, propietario de la futura VitraHaus -un espacio sque servirá para exhibir la colección de la firma de mobiliario Vitra – que ya tuvo el olfato de invitar a Frank Gehry -autor del Vitra Museum- y a Tadao Ando para construir en Europa hace más de 20 años. También fue el primer cliente deZaha Hadid. Fehlbaum llevaba años detrás de Herzog & de Meuron y ahora, en la primavera de 2010, los devolverá a la pequeña escala sin renunciar a la grande.
El diseño, el arte, la funcionalidad y el confort se conjugan de forma magistral en St. Martins Lane, un hotel boutique que el audaz empresario neoyorquino Ian Schrager proyectó en el West End londinense y en el que ha dejado su inconfundible sello el polifacético diseñador Phillip Starck.
Patricia Osuna
Una loa al surrealismo, puro elogio del arte y del diseño. Así fue concebido en 1999 el St. Martins Lane, un hotel boutique del West End londinense que luce sin ambages la etiqueta de provocador, original, elegante y armónico. Eso sí, no se trata de un mero escaparate. St. Martins Lane es capaz de conjugar la decoración —de un gusto exquisito— con la funcionalidad y el confort.
El artífice de tan innovadora fórmula no es otro que Ian Schrager, empresario neoyorquino y promotor —junto a Steve Rubell— de las célebres discotecas Studio 54 y Palladium, templos del hedonismo y la psicodelia donde lo más granado de la jet set norteamericana y europea dio rienda suelta a sus excesos nocturnos en los 70 y 80.
Impulsado por el éxito que cosechó en Manhattan, Schrager decidió entonces introducir el avant-garde en el anquilosado sector hotelero. Morgans, en Nueva York, encabezaría una larga lista de hoteles con personalidad propia: el Delano en Miami, el Mondrian en Los Ángeles, Hudson en Nueva York o el Clift en San Francisco. Después llegó el momento de cruzar el charco. Recaló en Londres y, con la mejor tarjeta de presentación posible -la de haber sido el acuñador del concepto de boutique hotel– inauguró St. Martins Lane.
Para su proyecto londinense contó con la colaboración del polifacético diseñador francés Phillip Starck. El resultado: un hotel as theatre en el que los espacios comunes son improvisados escenarios teatrales donde el cliente —un amplio espectro de trotamundos y viajeros de la upper class— actúa sin guión.
El edificio más alto del mundo empezó a construirse en septiembre de 2004 en Dubai y se inaugura oficialmente este lunes. Desde lo más alto de sus 818 metros de altura nos llegan imágenes sorprendentes.
Es el Burj Dubaiy desafía todas las leyes de la gravedad con sus 818 metros. Le saca 300 metros al «Taipei 101«, el edificio habitable al que le arrebatará el record el día 4 de enero, y más de 350 a las torres Petronas de Malasia.
Unos 12.000 obreros han trabajado en esta faraónica obra y los que han tenido el privilegio de hacerlo en la cima no han dudado en inmortalizarse. Algunos han burlado la seguridad y han llegado a realizar un salto base. Otros se han conformado con pasar cerca con su avioneta.
Nadie sabe cuánto mide
REUTERS/EP | DUBAI
El rascacielos «Burj Dubai» se convertirá tras su inauguración, hoy mismo, en el edificio más alto del mundo y símbolo del «boom» económico de los emiratos del golfo Pérsico, a pesar de que ahora mismo Dubai se encuentra inmerso en una importante crisis y soporta una enorme deuda.
La construcción del «Burj Dubai» -Torre Dubai en árabe- comenzó en 2004 con unos 12.000 trabajadores. La inauguración, sin embargo, ha sido retrasada en dos ocasiones. Ahora los dirigentes dubaitíes pretenden que el «Burj Dubai» se convierta en el símbolo de la recuperación económica y que infunda optimismo al país.
Dubai, uno de los siete integrantes de los Emiratos Arabes Unidos, se ha hecho famoso por excesos como la construcción de un archipiélago artificial de islas con la forma de un mapa mundi, otros dos archipiélagos con forma de palmera o el levantamiento de una pista de esquí artificial en pleno desierto.
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