Tercer mes consecutivo que gracias a la eficiente Anne-Lise de Wikio ofrecemos el Ranking Arquitectura, de manera exclusiva, antes de su difusión oficial (este junio será liberado el día 5)
Observarán que mi Blog está mejor posicionado que en los dos meses previos (es decir, registro mi mejor ranking desde el lanzamiento de la categoría por parte de Wikio) Desde ya estoy pendiente de los acontecimientos que se registren este mes y esperando en su momento el ranking de julio de 2010.
El Pabellón de España para la Expo de Shanghái 2010 ha obtenido el Premio Internacional de Arquitectura del Royal Institute of British Architects (RIBA) 2010. La construcción fue diseñada por el estudio Miralles Tagliabue EMBT.
El aspecto de este pabellón combina novedades en tecnología con la utilización del mimbre. Su apariencia orgánica se ha logrado a través de 8. 524 paneles de mimbre de gran tamaño que cubren la fachada y que ocultan un esqueleto de 25. 000 metros de acero tubular, ha recibido el apodo del «pabellón cesto».
Según explica la responsable actual del estudio EMBT, Benedetta Tagliabue, «el material es una fibra natural, una artesanía manual de tradición común a Oriente y Occidente y que, por lo tanto, se convierte en la principal conexión entre España y China». En su propuesta, Tagliabue también intentó apartarse del concepto tradicional de edificio como contenedor y abrió camino a espacios a modo de grandes cestos de mimbre que permiten el flujo sencillo de los visitantes.
El Pabellón de España en Expo Shanghai 2010 diseñado por el estudio de arquitectura Miralles Tagliabue EMBT ha obtenido el permio internacional de arquitectura del Royal Institute of British Architects (RIBA) 2010.
Estos galardones premian la excelencia en el trabajo de sus miembros en todo el mundo y se otorgan a empresas de fuera del Reino Unido, a construcciones en el exterior de las islas y a empresas británicas que construyen fuera de la Unión Europea.
Con su proyecto «Éclats», 3.000 paraguas con una luz incorporada, la española amplió la arquitectura de la nueva sede de una de las colecciones de arte moderno más sobresalientes de Europa
JAVIER DÍAZ-GUARDIOLA |MADRID
Una llamada en diciembre de 2009 al estudio de Maider López marcaría cómo serían los actos de inauguración de la nueva sede que el Pompidou preparaba en Metz, que el pasado 15 de mayo abrió definitivamente sus puertas. Los responsables de esta institución artística sabían de la trayectoria de la española–que ya había participado en las celebraciones del X aniversario del Guggenheim-Bilbao– y contaban con que no les defraudaría: «Tenían muy claro que querían un proyecto que invitara a la participación ciudadana y que tuviera presente la potente arquitectura del nuevo edificio», explica la propia Maider López.
La donostiarra se puso a darle vueltas, y tras visitar el inmueble, diseñado por Shigeru Bany Jean de Gastines, y desechar alguna idea, «porque se desarrollaba en un plano más íntimo», vio finalmente la luz, nunca mejor dicho: «Me di cuenta de que el contexto real de la inauguración iba a ser el exterior del museo, y que la misma marca Pompidou arrastraría a muchísimas personas. Había que pensar en algo a esa escala».
Y así fue. López se imaginó entonces el nuevo edificio-icono como un núcleo sólido, y a las personas que pulularan a su alrededor, como pequeños átomos «que se relacionan libremente y que libremente hacen suyo el espacio público». El día marcado, el pasado día 15, a la hora señalada, las 21,15 horas, la artista comenzó a distribuir entre los convocados y con la ayuda de unos 150 voluntarios de la ciudad hasta 3.000 paraguas, blancos como la superficie del edificio. Las existencias se agotaron en cuestión de minutos y muchos, muchísimos más se quedaron con las ganas de recibir uno.
Personas frente a edificios. Así ha planteado Philippe Starck su radical intervención en la Alhóndiga bilbaína, el antiguo almacén de vinos y aceites de la ciudad. Esto es Bilbao y aunque el edificio fuera una manzana muerta durante casi tres décadas hoy vuelve a ser el centro del mundo. El almacén fantasma ha sido conquistado por los ciudadanos. Y anuncia una nueva época: si el Guggenheim trajo turistas (615.545 el año pasado), la Alhóndiga está pensada para el disfrute de los bilbaínos.
Fue la bibliotecaria Marián Egaña, consejera delegada del proyecto, quien ideó este centro para cultura y salud de acceso público en el corazón de la ciudad. Con los últimos recortes, esa vocación social podría parecer un vestigio del pasado. En realidad es futurista. Tiende un puente entre el civismo de la plaza pública romana y el espacio para animar un ocio no comercial en el siglo XXI. Lo de no comercial merece la pena aclararlo porque, aunque en las termas romanas sí cupieran los vendedores, la Alhóndiga está pensada para que cualquier visitante pueda enriquecerse todo menos el bolsillo.
Alhóndiga Municipal de Bilbao. Wikipedia
Exposiciones, piscinas con luz natural, solarium de 3.000 metros cuadrados, cines de arte y ensayo, mediateca, restaurantes, un enorme gimnasio y solo una tienda de recuerdos ocupan el interior del antiguo almacén. Arquitectónicamente, por mucho que Starck se haya mostrado contenido y por mucho que la prioridad sean ahora los ciudadanos, el modelo remite al Guggenheim.
Tras ser rechazada por Gehry como primera ubicación para el propio Guggenheim y declarada posteriormente bien de interés cultural en 1999, la Alhóndiga resultaba intocable. Con un inmueble así ¿a quién encargar la reforma de 43.000 metros cuadrados por 75 millones de euros? Al mejor interiorista del mundo. Por lo menos al más famoso. El resultado ha sido certero. Donde el Guggenheim ofrecía espectáculo, la Alhóndiga ofrece sorpresas. Una detrás de otra. Se vació el fortín del arquitecto Bastida y se instalaron dentro tres cubos de ladrillo agujereados por arcadas y soportados por columnas que imprimen al conjunto un aire metafísico, rossiano, como de pintura de Giorgio de Chirico.
ARQUITECTURA | PROYECTO INTERNACIONAL | GREEN POINT STADIUM
El nuevo estadio de Ciudad del Cabo es una obra monumental que, a pesar de eso, busca ser amigable con el paisaje natural. Fue ideado para ser la «postal» del Mundial de fútbol, en un sitio turístico emblemático.
Es lo normal, o debería serlo, que una obra de arquitectura considere el entorno urbano en que se emplaza, ya sea para adaptarse o sobresalir en él, e incluso modificarlo. Mucho menos frecuente, en cambio, es que el proyectista deba operar directamente sobre un entorno natural imponente con un proyecto de gran escala. Esto último es lo que sucede con el estadio de Green Point, en Ciudad del Cabo, donde el 11 de junio se jugará el partido inaugural de la Copa del Mundo Sudáfrica 2010.
Ubicada en una franja vecina a la playa sobre el Océano Atlántico, que baña al Cabo de Buena Esperanza por el oeste, y enmarcada por la cadena de elevaciones (Table Mountain, Devil’s Peak y Signal Hill) que rodea a la ciudad, la zona de Green Point Common, donde ya existía un viejo estadio destinado al rugby, fue elegida por la FIFA y el gobierno sudafricano para que fuera la «postal» del campeonato. De hecho, ese mismo paisaje, con el telón de fondo de Table Mountain y su cúspide amesetada, ya era una de las imágenes turísticas más famosas del país sin necesidad de ninguna obra humana.
Nuevo estadio de Ciudad del Cabo, situado en el barrio de Green Point (Foto: FIFA)
Por eso, el estadio fue concebido «como un objeto escultural, pero con un respeto genuino por la belleza del paisaje natural de la ciudad», según cuenta Henning Rasmuss, socio de Paragon Architects, uno de los cinco estudios locales (los otros son Comrie + Wilkinson, Jakupa, Munnik +Visser y Louis Karol) y uno alemán (GMP Architekten, de Hamburgo, líder del proyecto) que se asociaron a los alemanes en el equipo Stadium Architects Joint Venture, después de haber sido elegidos en concurso de antecedentes. Efectivamente, este cuenco abierto hacia afuera, etéreo y con un techo ondulante que suaviza la lógica volumétrica, intenta no competir con lo que Rasmuss llama «el dramatismo» de Table Mountain pero sí mimetizarse con el océano.
Con el mismo criterio de discreción, su fachada continua, leve y etérea, una membrana uniforme confeccionada con tiras horizontales de fibra de vidrio, parece fundirse en el paisaje más que violentarlo. «La carcaza traslúcida absorbe y refleja la luz solar, se vuelve roja al atardecer, azul de noche y plateada en los días nublados», explican en GMP, el único del equipo con expertise en estadios, y responsable también de la sede en Durban.
Por otra parte, su techo constituye la «quinta fachada» del estadio, casi como un requerimiento del programa, ya que fue concebido para que las cámaras de televisión lo filmen desde el cielo para transmitir las imágenes a todo el planeta, sobre todo durante la ceremonia de apertura. Su forma sutil de amplias curvas y contracurvas, que alternan superficies cóncavas y convexas, fue realizada con piezas de vidrio laminado sostenidas por cables de acero (aseguran que es la estructura más grande del mundo con estas características) y está recubierto con una membrana en su interior.
Para el interior del estadio, explican que se siguieron los principios del diseño de salas de teatro, donde la distancias desde el espectador hasta el escenario (el campo de juego en este caso) se acortan lo máximo posible, las líneas de visión se maximizan y, sobre todo, los niveles de luz se concentran en la cancha, dejando a las tribunas en una semioscuridad con luz natural o artificial.
Jacob Zuma, el presidente de Sudáfrica, inauguró el Soccer City, el estadio donde se disputará el primer partido y también la final. Allí se jugó el primer partido de fútbol profesional antes el comienzo del Mundial. Un detalle: hubo demoras por la cantidad de gente que asistió al encuentro.
Vista del emplazamiento y del barrio sant Joan. | Elmundo.es.
ARQUITECTURA | ‘B14 Matet entre Vies‘ constará de 500 viviendas
El 30% de los hogares será de renta libre y un 70% de protección oficial
Europa Press | Tarragona
El proyecto de viviendas ‘B14 Matet entre Vies‘ llevado a cabo por el equipo francés formado por Aurélien Delchet, Gimena Repetto y Alexis Traficante en el noreste de Reus ha sido ganador de la décima edición del Concurso internacional de arquitectura Europan 10.
La propuesta premiada tiene como objetivo convertir una zona principalmente rural sin acceso posible debido a la existencia de dos vías ferroviarias en un nuevo barrio residencial.
El proyecto arquitéctonico cuenta con la construcción de al menos 500 viviendas, de las cuales un 30% serán de renta libre, otro 30% de viviendas de protección oficial en régimen general y un 40% en régimen concertado.
Un proyecto de viviendas en Reus, del equipo francés formado por Aurélien Delchet, Gimena Repetto y Alexis Traficante y promovido por la Generalitat y el Ayuntamiento, ha sido uno de los ganadores del X Concurso internacional de arquitectura Europan 10.
La propuesta premiada tiene como objetivo convertir una zona de Reus, situada entre vías, en un nuevo barrio residencial con unos 500 viviendas, el 70% de protección oficial
Uno de los proyectos del arquitecto Rem Koolhaas en Dubai, en este caso una isla ecológica con capacidad para un millón de personas, presentado en 2008. (Imagen: ARCHIVO)
Los Gobiernos recuperan proyectos urbanísticos y arquitectónicos, algunos utópicos, cuando más difícil parece lograr financiación.
Los Estados saben que la arquitectura es un arma poderosa de propaganda y buscan en ella legitimidad, aunque luego no cumplan.
Un repaso a algunos proyectos enfangados por la crisis económica.
NACHO SEGURADO.
El Estado necesita al arquitecto para que glorifique sus virtudes, caso de tenerlas, o que las invente, si es que anduviera escaso de ellas. El arquitecto necesita al Estado para que le extienda un cheque en blanco a sus proyectos, excesivos o sensatos. Nada nuevo desde Amenhotep. «Pon un [Norman] Foster en tu programa, y tendrás al pueblo de tu lado«, le dijo un día cierto alcalde al arquitecto Oriol Bohigas.
La crisis es una oportunidad; también para la arquitectura. Un buen momento, dice Ignacio Alcalde, director del Master de Urbanismo de la Escuela de Negocios del CEU, para prescindir de los «proyectos que engrandecen el ego» y de «los fuegos artificiales».
Pero, salvo excepciones que todavía no son la norma, la megalomanía sigue siendo un vicio terco. Como escribió en La arquitectura del poder el crítico Deyan Sudjic, «la forma de la arquitectura sigue dependiendo de los poderosos».
En los últimos años, los Gobiernos han desempolvado proyectos que en el pasado fueron rechazados por utópicos, costosos o dudosamente útiles (bastantes de ellos, por las tres cosas a la vez). En otros casos, planes radicalmente nuevos han sido presentados a la opinión pública como la receta mágica para regenerar un territorio yermo o embellecer una ciudad obsesionada por convertirse en la nueva Samarcanda. Algunos de estos proyectos aún no conocen otra realidad que el plano.
¿Habíamos dicho que la carrera de los megapíxeles ya no tenía sentido? Bueno, tal vez sea así, pero en lo que se refiere a fotografías de esta envergadura, lo que no tiene sentido es usar la palabra «mega» para definir las dimensiones de semejante imagen.
Lo que simplemente estaba orientado a ser una prueba técnica, se ha convertido en la fotografía digital más grande jamás hecha, alcanzando una impresionante resolución de 45 gigapíxeles, superando ampliamente al récord anterior.
Dubai es el segundo emirato más grande sobre el total de siete que componen los Emiratos Árabes Unidos. Destacado como uno de los lugares con mayor relevancia comercial y económica a nivel mundial (sin mencionar su extraordinario atractivo turístico), se ha convertido en el hogar de la torre más alta del mundo, el Burj Khalifa. Sin embargo, ahora es parte de un nuevo récord, aunque poco tiene que ver con la construcción y la arquitectura.
Los programas de dibujo con computadora no pueden reemplazar al lápiz y al papel como instrumento para clarificar y plasmar ideas.
Ariel Cristofalo. Especial para Clarín
«El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos«, cantó Luca Prodan un día de 1986. Nunca hubiera imaginado el frontman de Sumo que tantos años después, su frase podría encabezar una nota de arquitectura. Para el caso de la representación arquitectónica, la cita encaja muy bien. Más o menos para la misma época en la que Luca decía esto, mediando los años 80, aparecían las primeras versiones de los programas de diseño asistido por computadora para dibujos en 2D y 3D. Claro que, en versión DOS, no eran nada prácticos ni difundidos como los actuales. Hoy han ganado mucho terreno en el ámbito profesional y académico, pero aún así, el dibujo a mano no pasa de moda. Ni pasará.
Más allá de la comodidad y la utilidad probadas de programas como el AutoCad o el Sketch Up, por ejemplo, los especialistas y formadores aseguran que la herramienta del dibujo a mano es irremplazable. «Por empezar, considero que hay un error semántico muy común a la hora de mencionar este tipo de programas de computación como herramientas de diseño asistido», empieza a explicar el arquitecto chileno Iván Cartes, decano de la Facultad de Arquitectura, Construcción y Diseño de la Universidad de Bío-Bío. Y continúa: «Cuando se dice aquello, se desestima totalmente al real proceso de diseño para un proyecto arquitectónico, que por cuestiones pedagógicas e innatas, debe comenzar con un lápiz y una hoja de papel, bocetando una y otra vez.
«El boceto a mano es más rápido, no depende del consumo energético y expresa una idea inicial clara. El croquis es connotativo y selectivo: realza lo que quieres mostrar y comunicar. Y es más demostrativo, porque sitúa al observador en el plano que necesitas y recrea un ambiente que es capaz de restituirse como experiencia sensorial.
Particularmente sigo opinando que lo que distingue a un buen arquitecto es la calidad de su mano alzada. Que el ordenador y el CAAD no son más que herramientas para la modelación, la visualización y la comunicación de los proyectos – como cualquier otra herramienta para un fin. Y que todas las modalidades se potencian con la mano alzada que es la esencia del oficio (además de la geometría, expresarse por escrito para transmitir idea y cuantificarlas, su expresión numérica, el paradigmático ¿cuánto pesa su edificio? de B. Fuller)
Bastante escribí sobre lo que dimos en llamar «diseño híbrido» (también proyectación híbrida, buscar en TyC o CuminCAD y dejar de preocuparse tanto por el 2D y el 3D, que en la mente del arquitecto sus ideas y obras siempre son multidimensionales)
Actualización: Afiche recuperado del SIGraDi 2002 – UCV, Caracas
ARTHUR SCHOPENHAUER: "La arquitectura es música congelada. - Imagen: Revista Ñ / Clarín
De Monteverdi a Miles Davis y de allí a los efectos sonoros del cine, la arquitectura tuvo un rol central en la historia de la música. Estudios y discos recientes vuelven a poner esa relación en primerísimo plano.
Por: Juan Carlos Garay
Hace apenas unos meses se llevó a cabo la cuarta versión del Festival Internacional de Música en Cartagena de Indias. Entre tantos festivales dedicados a la música clásica, éste tiene un atractivo especial. La ciudad en que García Márquez ubicó su novela El amor en los tiempos del cólera conserva todavía el sistema de transporte de carrozas tiradas por caballos, los añejos faroles en las fachadas de las casas y, en general, la arquitectura de los siglos diecisiete y dieciocho. Algunas cosas han cambiado, pero no mucho: los primeros conventos de monjas, hoy convertidos en lujosos hoteles, mantienen más que el nombre y la fachada. Cada celda es ahora una lujosa habitación, pero la roca sólida, los dinteles bajos, parecen contener los ecos de los rezos o los suspiros de las novicias.
Los conciertos que se ofrecieron en las capillas de los hoteles nos mostraron algo más allá del refinamiento de los intérpretes. Nos mostraron un sonido característico, una resonancia especial entre esos altos muros de piedra blanca y esas enormes vigas de madera. La capilla del hotel Santa Clara, construida en 1617 para la oración de las monjas Clarisas, dejó resonando durante eternos segundos las enormes vibraciones de Fratres para violín y orquesta de Arvo Pärt. En tanto que la capilla del hotel Santa Teresa, de la misma época pero más pequeña, se prestó para músicas de cámara, más íntimas, como las Escenas infantiles para piano de Robert Schumann. Nunca como en ese momento fue tan evidente la frase que dijera Schopenhauer: «la arquitectura es música congelada«.
Es irónico que sólo a partir de esas experiencias extremas volvamos a reflexionar sobre el espacio como componente de la música. Las dimensiones, los planos, las proporciones con que trabajan los arquitectos son conceptos que también, a su manera, ocupan a los compositores. En el marco de las religiones, por ejemplo, la creación sonora ha estado ligada al espacio en que se interpreta. La psicóloga Susan Elizabeth Hale propone que las cuevas, nuestros primeros habitáculos, nos parecían acogedoras por ser una remembranza del útero.
De ahí brota el impulso humano de construir, de inventar nuevos espacios para magnificar esa sensación. En su libro Sacred space, sacred sound, Hale recrea ese trayecto de la cueva a la capilla y luego a las grandes catedrales, deteniéndose especialmente en el aspecto sonoro. Como su especialidad no es la física, sus definiciones acústicas terminan pareciéndose más a una poesía mística. De la Catedral de Chartres, en Francia, dice: «Es música en sí misma. La catedral puede hacer un eco con el sonido más leve. Incluso los susurros suenan como un aleteo de ángeles en el cielo». Pero algo queda resaltado a lo largo de su libro: cada lugar tiene una reverberación única determinada por las dimensiones, los materiales, la temperatura, la humedad y tantas otras sutiles variables. No hay dos construcciones que suenen igual.
El sitio oficial del Vaticano ofrece un tour virtual por el templo, realizado de forma conjunta con la Universidad Villanova; el proyecto implicó cinco noches de trabajo fotográfico en el recinto.
Estudiantes y profesores de la Universidad Villanova de Estados Unidos crearon el tour virtual con vistas en 360 grados de la Capilla Sixtina . El desarrollo se encuentra disponible en el sitio oficial del Vaticano , y fue un proyecto que demandó dos años de trabajo, gracias a una autorización especial que permitió registrar en formato digital las diversas obras del recinto.
Representante de la tradición intermedia japonesa, Daigo Ishii concibe sus proyectos, generalmente viviendas unifamiliares, equilibrando tradición y nuevas tecnologías.
El problema de la tradición en la arquitectura contemporánea ocupa un lugar central en el trabajo de Daigo Ishii. Titular del estudio Future-scape desde 1999 y discípulo de Hiroshi Hara, Ishii es cabal representante de la generación intermedia japonesa. Graduado en 1983 en la Universidad de Waseda, desarrolla su práctica en pequeña escala: gran parte de su obra está compuesta por viviendas unifamiliares. Las casas de Ishii suelen mostrar las condiciones que le impone el proyecto, el tironeo que se produce entre las tradiciones constructivas y las nuevas tecnologías, entre el paisaje y la pieza arquitectónica.
En Tsumari, una pequeña aldea rural cerca de la ciudad de Nigata, en el borde de un bosque público de hayas, Daigo Ishii proyectó para el gobierno regional una cabaña de bajo costo para uso temporal de viajeros y visitantes. Al diseñar la «Cottage C», Ishii se ciñó a las características tipológicas de las casas de la aldea, sencillos volúmenes de madera cubiertos por techos con fuerte pendiente, apropiados para las intensas nevadas.
El clima riguroso y la sencillez de la tradición constructiva local fueron las líneas sobre las que trabajó Ishii al diseñar una gran caja negra, de madera teñida con tina china. Ishii proyectó el mayor volumen que le permitía el presupuesto y repitió los rasgos de las viejas casas de madera oscura que soportan, aisladas y sin mantenimientos especiales, los duros inviernos de Tsumari.
En una segunda estructura, colocó, alineadas y ocupando el menor espacio posible, las funciones domésticas básicas: cocinar, comer, bañarse y dormir. El resultado es un tubo de madera clara incrustado en el volumen indiferenciado de la caja negra. La intersección entre ambas estructuras, el tubo blanco y la caja negra, da como resultado lo que Ishii llama «el lugar inesperado de la cabaña». Sin embargo, el tubo se complica al ajustarlo a las restricciones de la caja; y el desajuste queda expuesto en la gran ventana que toma el ángulo y parte de dos muros de la caja, coincidente con el espacio intersectado de ambas estructuras.
La ventana, que enfoca e introduce en la cabaña las vistas del bosque de hayas, es por una parte la emergencia de la fricción entre dos estructuras, y por otra, es la mínima expresión que diferencia a la cabaña de las viejas casas de la aldea.
También en Nigata, pero en la ciudad, Ishii proyectó una casa, que si bien en apariencia se diferencia de la cabaña de Tsumari, en una visión más detallada muestra los rasgos familiares y las preocupaciones del proyecto de Ishii. La casa está situada en un terreno justo en el límite del tejido urbano, al borde de unos campos de cultivo de arroz.
De alguna manera, los sitios de Tsumari y de Nigata presentan aspectos comunes. Ambas casas están situadas en el deslinde entre dos paisajes diferenciados y de intenso valor visual.
Como en Tsumari, en Nigata Ishii plantea dos sistemas intersectados: un cuerpo chato, paralelo a la calle, que funciona como una plataforma de apoyo y tres volúmenes independizados que Ishii llama las «cabañas». La planta baja es un largo prisma de cristal que contiene el living, con la cocina en un extremo y el complejo baño japonés en el otro.
Por un lado, el living se abre a un jardín, separado de la calle por una pared metálica, y hacia el otro, al escenario de los campos de arroz. Las «cabañas» están diseñadas como piezas independientes abiertas por los cuatro lados, apoyadas en forma levemente desordenada sobre la cubierta del living. Las de los extremos contienen, al oeste, el dormitorio principal con un pequeño estudio, y al este, un segundo dormitorio. La «cabaña» del centro es una habitación para el goce del paisaje, una caja de madera perforada, barrida por el viento, que enmarca las vistas de la ciudad y de los campos de arroz.
La arquitectura seduce por distintos motivos. Jujo Solsona cuenta que el despertar de su vocación estuvo marcado por una experiencia de niño. Le picó el bicho cuando diariamente pasaba de la mano de su padre frente al impactante Concejo Deliberante porteño. A los Vila-Sebastian-Vila, la arquitectura los atrapó por otro lado. Formados entre los últimos años de la dictadura y los primeros de la democracia, el tema ideológico no podía quedar afuera. Cuando tuvieron que decidir su futuro como docentes entre las cátedras «lápiz de oro» de Solsona y la «nac & pop» (nacional y popular) de Jorge Moscato se inclinaron por la última. Pero luego concentraron su atención en construir, junto a otros arquitectos de la región, un lugar alternativo para su generación.
A otros los seduce la construcción. Como al japonés Daigo Ishii que reelaborando las tradiciones constructivas locales concibe obras de pequeña escala con exquisitas estructuras de madera. El terreno de la historia también tiene sus cantos de sirena. Como los que descubrieron Ramón Gutierrez y Patricia Méndez al investigar las huellas de arquitectos alemanes en la Argentina, que luego volcaron en un libro y una muestra que viaja a la exposición de Frankfurt en noviembre.
Hay otra mirada, más macro que también tiene sus seguidores: los temas urbanos, quizás uno de los más gravitantes de este siglo.
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