(Latin architectura, from the Greek ἀρχιτέκτων – arkhitekton, from ἀρχι- «chief» and τέκτων «builder, carpenter») is the art and science of designing buildings and other physical structures. Wikipedia.
Exterior e interior del Dansk Radio Byen, en Copenhague, ideado por Jean Nouvel.-
REPORTAJE: Diseño
Los auditorios del siglo XXI reclaman a los arquitectos imaginación para hacerlos adaptables a múltiples usos
M. JOSÉ DÍAZ DE TUESTA – Madrid
Los auditorios ya no son -ni serán- lo que eran. Este siglo XXI premia la versatilidad. Y la tendencia es que este tipo de edificios dedicados a la celebración de actos están dejando de ser únicamente lugares cerrados para escuchar música. Ahora se trata de sacarles más partido y de acondicionarlos para otros usos, como bailes o comidas. «Ya nadie construye una ópera tipo París, eso se acabó, ahora todo el mundo busca la versatilidad», afirma Juli Capella (Barcelona, 1960), que ha publicado el libro Seating together Arquitecturade auditorios en el siglo XXI. La edición es de Figueras, una de las empresas de asientos punteras en el mundo. Sirvan dos ejemplos: en la Casa Blanca colocó los asientos de la sala de prensa y también los de la sala de la cúpula de Barceló en la ONU.
En Seating together, el arquitecto Capella realiza un breve repaso por la historia de los espacios celebrativos. Desde las pirámides hasta los teatros griegos, que introducen la gran novedad: las gradas ocupan la hondanada y el escenario la parte más baja, de forma que el espectador asiste sentado a la función. O cómo se sofistican en el siglo XVIII y la huella que dejará en estos templos del entretenimiento el art déco o la Bauhaus en el XX. De los 29 auditorios que repasa el libro, realizados durante los nueve años de este siglo,
REPORTAJE: Realidades y utopías de la arquitectura
La nueva torre Khalifa en Dubai(Burj Dubai), de 818 metros, ha resucitado el interés por los rascacielos
ANATXU ZABALBEASCOA – Madrid
Hay consenso entre ingenieros y arquitectos: la altura de un rascacielos podría ser ilimitada. «Si el Everest mide 8.850 metros, el hombre pude reproducirlo», explica Miguel Ruano, arquitecto jefe del hotel Arts, de 154 metros, en Barcelona. «Otra cosa es el coste». «Y otra que tenga sentido», apunta Carlos Rubio, autor junto a Enrique Álvarez Sala, de la torre Sacyr de 236 metros, al final de la Castellana madrileña. Ambos coinciden en que la fibra de carbono o el hormigón armado de alta resistencia ofrecen mayor dureza que los materiales naturales y permiten levantar estructuras hasta alturas sin límites. Eso hace que el problema actual no sea tanto el tamaño de los rascacielos como su rentabilidad. «Hay un umbral para lo absurdo. Por encima de 300 metros la planta queda tan repleta de ascensores y su uso tan reducido que resulta más rentable levantar dos torres de 300 metros que una de 600», explica Rubio.
¿Hasta dónde subir? Arquitectónicamente, lo más sorprendente del 11-S no fue que las Torres Gemelas se cayeran sino que tardaran tanto en hacerlo. «Ningún edificio está preparado para aguantar el peso adicional de un avión con pasajeros más el impacto de ese avión. El World Trade Center lo hizo». Ruano ilustra así la resistencia de las estructuras actuales: la mayoría redundantes, sobre calculadas. Si el récord de la torre Khalifa -la más alta del mundo: de 818 metros y 160 plantas- tarda en batirse no será por cuestiones técnicas. Es más, experto en Dubai, Ruano cree que no pasarán cinco años antes de que aparezca allí mismo una nueva torre. «De 1.200 ó 1.400 metros». Ante la incredulidad de las cifras el arquitecto explica que hace 10 años el incrédulo era él, cuando le hablaban de una isla con forma de palmera en cinco kilómetros ganados al mar. Hoy hay tres islas con esa forma. Una de 15 kilómetros. «Hay un antes y un después de Dubai. Lo que en otros países supondría 50 años de consultas y permisos previos, allí sucede de inmediato», explica.
Rijksmuseum o Museo Nacional de Amsterdam -EFE / Publico.es
ISABEL FERRER – La Haya –
La reforma del museo nacional de Ámsterdam (Rijksmuseum) ha entrado en su recta final. El acceso principal a la gran galería, a pie de calle, respetará la autonomía de los ciclistas. Al mismo tiempo, permitirá el movimiento de peatones y visitantes. El nuevo diseño, firmado por los arquitectos españolesAntonio Cruz y Antonio Ortiz, al igual que el resto de los trabajos del centro, ha logrado el apoyo unánime del Ayuntamiento local y de la poderosa Federación Ciclista. Sus socios consideraban peligroso compartir el arco exterior del museo que ahora albergará la entrada con los miles de turistas que se esperan a partir de 2013, fecha de conclusión de las obras.
El creador del Beaubourg de París sigue siendo uno de los arquitectos más activos, con proyectos en todo el mundo. Se considera «un artesano». «Mi trabajo se basa en la verdad», afirma
LUCIA MAGI
Su estudio es una caja de cristal en equilibrio entre mar y montaña. Descansa en la ladera de una colina, justo encima de la bahía de Punta Nave, unos 30 kilómetros al oeste de Génova. Se accede por un ascensor transparente que trepa a cielo abierto hasta la puerta. Los cincos niveles de este fortín de luz son un hervidero de gente reunida alrededor de diferentes mesas, examinando dibujos, escrutando maquetas o charlando en los pasillos con un rotulador entre los labios. Renzo Piano se para, asiente con la cabeza, se toca la barba meditativo, sonríe. Su estudio, el Renzo Piano Building Workshop, es uno de los más activos y laboriosos del mundo. En este momento cuenta con 27 obras en curso: desde el campus de la Columbia University hasta el Tower Bridge de Londres; de un monasterio de monjas en Ronchamp, Francia, a Gandía, Valencia, donde acaba de arrancar la calificación urbana del puerto. La Fundación ICO de Madrid le homenajeará con una retrospectiva a finales de septiembre. A sus 72 años -nació en Génova en 1937- parece inagotable. Salta de un rincón a otro del planeta, dividiéndose entre la sede italiana del RPBW, la de Nueva York y la más antigua, abierta en 1981 en París, donde vive. Luego controla las obras in situ, observa, come entre los andamios, habla con trabajadores y vecinos.
Unos 350 artistas habitan desde 2001 un barrio construido con contenedores de barco
El alquiler de una de estas ‘viviendas Lego’ oscila entre 250 y 1.800 euros mensuales
De zona portuaria degradada a icono de la experimentación arquitectónica
BEATRIZ CEBAS
LONDRES (REINO UNIDO).- El joven diseñador británico Matt Savage y su compañera de piso Sophia Afxentiou pagan 900 libras (1.004,60 euros) al mes de alquiler, un precio más que razonable para la prohibitiva área metropolitana de Londres. Desde hace dos años, habitan dos de los módulos de contenedores de barco que componen una de las rarezas arquitectónicas londinenses más deseadas y visitadas por los amantes del género: ‘Container City‘.
Cada mañana, colocan sobre su mesa del ‘Estudio M’ los materiales que van a utilizar para fabricar los bolsos y complementos que más tarde venderán. Mientras, su habitáculo de unos 50 metros cuadrados va iluminándose gracias a un balcón y a las grandes ventanas circulares que miran a la ribera del Támesis. Fuera, esta luz se refleja en el amarillo, rojo y naranja del metal pintado de las fachadas.
Antes de la construcción de la ‘Ciudad Contenedor’, esta antigua zona portuaria conocida como Trinity Buoy Wharf, al Este de Londres, estaba degradada. Desde 2001, y gracias a la idea de Eric Reynolds, Urban Space Management (USM) y el estudio de arquitectos Lacey & Partner, el lugar se ha convertido en un importante centro de creación, poblado por artistas y profesionales vinculados al mundo del diseño. Y es que para ocupar una de las casas del barrio hace falta cumplir dos cosas: apuntarse a su larga lista de espera y estar relacionado con el mundo de la creatividad.
Puede chocar a primera vista, pero el reciclaje de contenedores en viviendas y oficinas ya es una práctica habitual en ciudades como Londres o Amsterdam, la última frontera en una sociedad en la que la vivienda se ha convertido en un bien escaso.
Simulación del futuro Museo Munch (el edificio inclinado de la izquierda), proyectado por Juan Herreros, enfrente del edificio de la Ópera y el Ballet Nacional de Oslo.-
El proyecto del arquitecto español Juan Herreros para el nuevo museo del autor de ‘El grito‘ suscita una fuerte controversia a causa de sus dimensiones
ISABEL LAFONT – Madrid
Los críticos de arte aullaron en 1893 cuando vieron por primera vez El grito, la obra más famosa de Edvard Munch. Más de un siglo después, también se han alzado voces contra el proyecto del nuevo museo que albergará el legado artístico del pintor noruego. El debate, en esta ocasión, tiene que ver con el impacto urbanístico del edificio proyectado por el arquitecto español Juan Herreros que, en 2013 según los plazos previstos, se alzará en el barrio de Bjorvika, en la bahía de Oslo. Es parte de un gran plan de remodelación que pretende abrir la capital noruega al mar.
El director general de Patrimonio Nacional en Noruega, Jorn Holme, ha sido el último en expresar sus reservas sobre el proyecto, que el pasado mes de abril se adjudicó Herreros tras ganar un concurso internacional al que también se presentaron superestrellas como Zaha Hadid o Tadao Ando. El plan, llamado Lambda, abarca, además del Museo Munch, una playa, un barrio residencial y una biblioteca.
Según declaraciones de Holme, sus objeciones se refieren a la totalidad del proyecto urbanístico de la capital noruega, que afecta a la zona en la que Oslo fue fundada en la Edad Media y que contiene un importante patrimonio cultural. «La intención del director general nunca ha sido suscitar o participar en un debate arquitectónico», puntualiza Margrethe Tviberg, directora general en funciones de Patrimonio Nacional. «Jorn Holme no tiene nada que decir respecto a Lambda, el proyecto para el Museo Munch, o la arquitectura del reconocido Juan Herreros como tal. Patrimonio Nacional ha expresado su objeción al emplazamiento del edificio, no al edificio en sí mismo». Tviberg insiste en que esa preocupación se encuadra en la discusión sobre la remodelación urbanística de la capital noruega que tiene como interlocutor al Ayuntamiento de Oslo -que es quien lo ha promovido- y que «no se trata de un debate sobre el nuevo Museo Munch específicamente».
Madrid ha sufrido una de sus mayores transformaciones en los últimos diez años
EL PAÍS – Madrid
Esta ciudad ya no es lo que era. La movida de los ochenta dejó paso a los estériles noventa. Se acabó aquello de la cultura en la calle, pero las calles seguían igual. La última década, que comenzó con el cambio de siglo, trajo por fin la revolución urbana. Para bien o para mal, Madrid ha sufrido una de las mayores transformaciones de su historia. En sólo 10 años, el paisaje de la capital está irreconocible. Comenzó con las perforaciones el anterior alcalde, José María Álvarez del Manzano, y cogió el testigo, un tanto hiperactivo, el actual regidor, Alberto Ruiz-Gallardón. A este nuevo escenario se han sumado unos 300.000 vecinos. Ya somos 3.273.000.
Los 200 kilómetros de metro que el alcalde perforó como presidente de la Comunidad quizá le abrieron el apetito. Desde 2003 ha soterrado la M-30, la calle de O’Donnell y Santa María de la Cabeza, o ha vaciado de todas las entrañas la céntrica y vital calle de Serrano para construir aparcamientos subterráneos. Mucho ruido, y en algunos casos, no tantas nueces, piensan algunos vecinos.
Otros, como los de Arganzuela o la avenida del Manzanares, pueden abrir la ventana de su casa y respirar un aire que no huele a tubo de escape. Un total de 250 hectáreas de jardines están empezando a cubrir ya la antigua M-30, cuya reforma costó unos 5.000 millones y que, entre otras cosas, ha mejorado el tráfico.
Pese a la poca producción, en Europa y Asia, Zaha Hadid, Jean Nouvel y Toyo Ito tienen motivos para festejar. Frank Gehry, Thom Mayne y Steven Holl están llamados a renovar el panorama arquitectónico de los EE.UU.
por Nicolai Ouroussoff. Crítico de arquitectura y periodista
Quizá el futuro sea sombrío pero al menos algunos arquitectos pueden recordar el año con sensación de triunfo. Tras más de una década de demoras en el diseño y la construcción, Zaha Hadid terminó su museo de arte contemporáneo Maxxi en Roma, uno de los proyectos más ambiciosos de la ciudad desde 1960, cuando Pier Luigi Nervi completó su Palazzetto dello Sport.
Las sinuosas formas de hormigón del museo, que parecen extraer energía de las calles circundantes, juegan a las escondidas con el barrio. Emplazado a mitad de cuadra entre hileras de edificios indefinidos, el Maxxi apuesta a la seducción lenta.
Jean Nouvel terminó la Sala de Conciertos de Copenhague, una reluciente caja azul adornada con imágenes fragmentadas de músicos que flotan como en un sueño. La cualidad etérea de su piel, hecha de una tela de alta resistencia, crea un inquietante contraste con la solidez de la sala que parece tallada en un enorme bloque de madera dura.
Y Toyo Ito, un arquitecto cuyo trabajo ha sido injustamente relegado fuera de su Japón natal, recibió un reconocimiento por el nuevo estadio de Kaohsiung, Taiwán, construido para los Juegos Mundiales. Su forma serpenteante, que se despliega sobre un parque urbano hasta ahora olvidado para enmarcar uno de los lados de una vibrante plaza pública, crea una reconfortante sensación de recogimiento al tiempo que ofrece vistas lejanas de la ciudad.
Parece mentira, finalizó la primera década del nuevo siglo. La empezamos cuando se cocinaba la crisis 2001-2002 y la terminamos tratando de salir no muy heridos de otra crisis, la internacional. A pesar del sacudón, el último año trajo para el crítico del The New York Times, Nicolai Ouroussoff algunas obras para recordar: el Museo de Arte Contemporáneo Maxxi, de Zaha Hadid en Roma; la Sala de Conciertos de Jean Nouvel en Copenhague; el nuevo estadio de Kaohsiung, de Toyo Ito en Taiwán; y en Nueva York, la High Line, el edificio académico para la Cooper Union de Morphosis y la Beekman Tower de Frank Gehry, aún en construcción. Según parece para los registros de Ouroussoff, debajo del trópico de Cáncer, no pasó nada.
Lingotto es un barrio de Turín, Italia, pero el nombre se asocia más con el Edificio Lingotto, sito en la Via Nizza, que fue en su época una enorme fábrica de coches, construida por Fiat. La primera piedra fue colocada hacia 1916 y fue abierto en 1923; el diseño, del joven arquitectoGiacomo Mattè-Trucco, era raro ya que tenía hasta cinco pisos. La materia prima entraba por la parte inferior, y se iban transformando en automóviles mientras subían en espiral por el interior del edificio. El vehículo acabado aparecía en el terrado, donde se encontraba un circuito de pruebas oval con curvas peraltadas y esperaba un piloto de competición, para dar una nueva vuelta y comprobar su correcto funcionamiento. Fue, en su día, la mayor fábrica de automóviles del mundo, siendo considerado un edificio de vanguardia, muy influyente e impresionante; tanto que Le Corbusier le llamó »una de las mejores imágenes de la industria«, y una »guía a seguir para el diseño de las ciudades«. 80 modelos diferentes fueron fabricados a lo largo de su historia, incluyendo el famoso Fiat Topolino de 1936.
El blog Una breve historia dedica una entrada al edificio Lingotto, fábrica de automóviles FIAT en Turín, diseñada por el arquitecto Giacomo Mattè Trucco. Inaugurada en 1923, fue la mayor fábrica de automóviles de su época y funcionó hasta 1982, en que se transformó en museo. De sus muchas características peculiares destaca que poseía una pista de pruebas ubicada sobre su techo, a cinco pisos de altura. Leer más: Una breve historia: Un circuito en el tejado
La factoría de Fiat en Turín es uno de los iconos de la Italia contemporánea, del motor, y de todo lo que lo rodea. El «Lingotto» es un gran prisma, en su día la fábrica más grande del mundo, en cuyo techo, a seis grande plantas del suelo, se ubica una pista de pruebas de 2’4 km de largo y 24 m de ancho. Un edificio glosado por Le Corbusier, cantado por los futuristas, e inmortalizado para el cine y la publicidad por la película de Peter Collinson «The Italian Job» (1969). Demos una vuelta por la pista de pruebas más asombrosa del mundo.
La pista de pruebas construída por Giaccomo Matte – Trucco en lo alto de la planta de producción de Fiat en Turín es a día de hoy, sin ninguna duda, un icono de la ciudad en el exterior. Matte-Trucco era esencialmente un ingeniero, al que Giovanni Agnelli le encargó, después de quedar fascinado por las plantas de Ford en Estados Unidos, una factoría que fuese la envidia del mundo. La obra de Matte – Trucco, construída entre 1916 y 1923, fue rápidamente adoptada por los Futuristas como «La primera obra futurista construída en el mundo», y no resultaba difícil imaginar por qué (ver un dossier PDF de 1934 aqui). Aunque el arquitecto no estaba implicado en el Movimiento Futurista, la gran aportación de Italia a las vanguardias históricas que redibujaron el panorama del arte en el mundo hasta la Segunda Guerra Mundial, el Futurismo fue un movimiento esencialmente italiano. Los futuristas, para siempre vinculados al encendido manifiesto publicado por el poeta Filippo Marinetti en “Le Figaro” en 1909, glosaban las bondades de la modernidad, haciendo del maquinismo un nuevo icono de la belleza. Y en aquel éxtasis futurista, Marinetti parió aquella metáfora hiperbólica tantas veces aludida, de que es más bello un automóvil rugiente con sus tubos cromados al sol, que la Victoria Alada de Samotracia. Pero en el otro “Manifiesto Futurista”, el enunciado por el arquitecto Antonio Sant’ Elia, había mucho más de concreción y de formulación de un nuevo mundo, porque se trataba de concebir, con todo el delirio y el entusiasmo arrogado a la capacidad del progreso, las ciudades de un futuro que todos trataban de imaginar cómo sería. Por eso consideraron el «Lingotto» y su pista de pruebas un paradigma del futurismo. El edificio, después de que la producción cesara en 1982, fue rehabilitado por Renzo Piano, el arquitecto del Centro Pompidou de Paris, para instalar en él un gran centro cultural que alberga, entre otras cosas, la pinacoteca de la familia Agnelli.
The 11th Intl. Architecture Exhibition, Out There: Architecture Beyond Building, directed by Aaron Betsky, closed on 23rd November 2008. In the Arsenale venue, 23 Installations were set up, whereas in the Padiglione Italia at Giardini it was possible discover the experimental work of 55 international firms. The awards ceremony took place on 13th September 2008.
Se podría decir que la nueva terminal aérea de Carrasco, Uruguay, proyectada por Rafael Viñoly, pone en cuestión a gran parte de la arquitectura de los aeropuertos de todo el mundo. Esto sucede porque, hoy, cualquier aeropuerto remite a la construcción más exitosa de Marc Augé: el concepto de no-lugar. El pensador francés designó así a aquellos espacios de transitoriedad que no tienen las características necesarias para ser considerados «lugares».
En Carrasco, Viñoly rompe el vínculo establecido por Augé entre aeropuerto y no-lugar, tanto al intensificar la calidad del espacio (que resulta inolvidable en oposición a la indiferenciada categoría espacial del no-lugar), como al envasar el programa en un extraordinario objeto arquitectónico imaginado sobre el patrón morfológico de la topografía uruguaya.
Justamente, el gesto que cautivó al empresario Eduardo Eurnekian, presidente de la empresa concesionaria del aeropuerto fue el único trazo de lápiz con el que Viñoly describió el proyecto: una suave curva que evoca a las lomadas charrúas. Fue el instante inefable en que una línea pone en funcionamiento la maquinaria arquitectónica.
Así, el aeropuerto de Carrasco fue construido sobre una idea poderosa que el propio Viñoly describe como muy simple: «Un gran techo debajo del cual se ubican todas las funciones».
Sin embargo, para conseguir mantener la simplicidad del gesto inicial fue necesario desarrollar una estructura extremadamente compleja, una enorme cubierta de 366 metros de largo por 131 de ancho, triplemente curvada. Una cáscara que flota sobre las tres plantas del edificio. La sección longitudinal del techo es una extensa curva simétrica que se alarga hasta apoyar ambos extremos en el suelo. En el sentido transversal, la curva es asimétrica con el ala más alta y extendida hacia el lado de las espigas de embarque, y la más corta y baja, hacia el lado de los accesos. La tercera curvatura del techo se verifica en su proyección en planta, una figura suavemente curvada por sus cuatro lados, más pronunciada por el lado de la pista.
Por debajo de la cubierta, el edificio propiamente dicho es un dispositivo organizador de la rutina del aeropuerto. Las áreas de llegadas y de partidas, están proyectadas como bandejas superpuestas. En la planta baja están ubicados los arribos y en el primer piso las partidas, articulados por el hall público y las cuatro espinas que conectan con las mangas. Por sobre el nivel de partidas, en el segundo piso, se ubica la terraza cubierta de uso público con servicio de gastronomía y locales.
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