La arquitectura no es garantía de felicidad, es una promesa. Puede provocar mayor o menor goce visual, puede tener mayor o menor utilidad funcional, pero (para ser considerada arquitectura) debe tratar de acercarse a esa sintonía que nos hace sentir bien. Claro que, como toda promesa, el problema de la arquitectura es la distancia entre las expectativas que despierta y la posibilidad real de satisfacerlas. Un riesgo que vale la pena correr.
Hoy, la imagen ha eclipsado a las otras cualidades de los edificios y las promesas que la arquitectura solía hacer parecen menos comprometedoras. Una imagen fuerte y llamativa alcanza para satisfacer a muchos.
Peter Eisenman asegura que lo que llevó a que los edificios sean cada vez más mediáticos es que los inversores quieren que salgan en los diarios, los periodistas necesitan noticias y los arquitectos les siguen el juego a los dos. «Nos hemos obsesionado con el deseo de algo material que palpar, gozar», asegura Eisenman y dictamina que no se puede entrar en un edificio, tomar imágenes y salir sin pensar sobre él. Pero, mal que le pese a Eisenman, cuando la voracidad informativa carece de sentido crítico, la gente prefiere imágenes fáciles de digerir y suficientemente fuertes como para recordar. Entendida así, la arquitectura es una promesa fácil pero efímera, un placebo que nos hace felices por un momento y nos deja huérfanos después.
Unos días atrás os recomendábamos una entrevista a Peter Eisenman en inglés realizada por Designboom. Esta vez os la ofrecemos totalmente en Español, cortesía de Kredo quien se tomó el tiempo de realizar la traducción. Peter Eisenman
Arquitecto y Educador, nació en 1932 en Newark, New Jersey, EE.UU. Recibió un grado de Bachillerato en Arquitectura de la Universidad de Cornell en 1955, una Maestría de Arquitectura de la Universidad de Columbia, postgrados M.A. y Ph.D. de la Universidad de Cambridge, y Doctor Onoris Causa por la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Illinois, Chicago.
Brasilia ha sido construida en tres años y medio - ABC (España) Hemeroteca digital
m; í í v. v- En el corto espacio de tres años y medio se ha transformado un paraje casi desértico, de Brasilia, la ciudad más moderna del mundo, ha sido inaugurada el jueves último. Surge como ejemplo de urbe futura en el mundo actual. La nueva capital brasileña, construida a 1.500 kilómetros de las costas y a 1.200 metros de altitud, es el punto de encrucijada de las redes ferroviarias y de las pistas más importantes del país. Su arquitectura responde a las más depuradas técnicas modernas. El artífice de esta obra revolucionaria es el arquitecto Oscar Niemeyer. Su proyecto de ciudad es HA SIDO CONSTRUIDA EN TRES AÑOS Y MEDIO.
Brasilia nació mucho antes de su fundación, acontecimiento que cumple esta semana 50 años. Nació como un modelo abstracto en la cabeza de los pioneros del Movimiento Moderno a comienzos del siglo XX y como un deseo en el corazón de los brasileños desde sus más remotos orígenes coloniales (ver La historia…). Ese encuentro de voluntades no podía haberse producido en otra época que no fuera el final de los 50. Por caso, mucho antes, cuando en los Estados Unidos decidieron crear la capital de una nación joven, la construyeron siguiendo los patrones clásicos que le impusieron a Washington el sello imperial que ofrecía la antigüedad. Brasilia, por el contrario, para tomar forma se alimentó de lo que no existía. Encontró inspiración en el optimismo futurista, en la esperanza positivista y cartesiana que ofrecían las vanguardias de su época. Tres años y diez meses, los «mil días» establecidos por el presidente Juscelino Kubitschek (JK), fue el tiempo que demandó la construcción de la capital más joven de Latinoamérica. Se inauguró el 21 de abril de 1960. Fue una proeza técnica y política llevada a cabo por los brasileños más brillantes de su momento, destacados profesionales del urbanismo, la arquitectura y la ingeniería, así como paisajistas y artistas.
ARQ coincide en su edición número 400 con el 50 aniversario de la inauguración de Brasilia. Por eso el tema central de esta edición especial está dedicado a la capital brasileña. Y además, para completar el festejo, esta entrega viene con la revista DNI de regalo.
El 21 de abril de 1960 se inauguró Brasilia, el gran sueño urbano del Movimiento Moderno que, como pocos, se convirtió en realidad. Hoy, una realidad mucho más compleja de la que imaginó Lucio Costa con esos dos trazos que formaban un avión de cara al futuro. Ahora, ese dibujo, esa maqueta escala 1:1 con sus magníficos edificios, dejó de ser, como dice Roberto Segre, una «ciudad» para convertirse en un sistema urbano complejo con ciudades satélite, más en concordancia con las contradicciones políticas, económicas, sociales y culturales del Brasil contemporáneo. Brasilia fue una proeza técnica, política y estética. Toda una epopeya realizada en tan solo 1.000 días. Los suficientes como para empezar a cambiar la historia, equilibrar el basto territorio brasileño y construir casi de la única mano de Niemeyer una constelación de edificios magníficos que, vistos uno por uno, emocionan; pero que en conjunto adquieren una potencia tal que ratifican lo que el presidente Juscelino Kubitschek quiso lograr: la ciudad más bella del mundo.
Cómo se revaloriza Brasilia frente a los problemas de otras grandes operaciones urbanas como Barcelona, Dubai y Bogotá.
Marcelo Corti . Especial para Clarín
Para Bill Gates es más fácil: un programa informático mal diseñado se retira del mercado, se reelabora y en pocos meses está de nuevo a la venta. Pocos se acuerdan del error original. Con las ciudades es distinto. Los edificios que las componen y las infraestructuras que las hacen viables son muy caras y necesariamente deben amortizarse en el tiempo. Las ciudades se renuevan cada 50, 70 o 100 años, sus trazados permanecen por siglos.
Apenas inaugurada Brasilia, las críticas hicieron pensar que había fracasado en su concepción urbana, más allá de la belleza de algunos de sus edificios. Fue el modelo mismo de la ciudad de la Carta de Atenas el que sufrió aquellos embates. Se cuestionaban los paradigmas de especialización funcional, disolución del tejido urbano y el espacio público y la alta demanda de movilidad que requería su funcionamiento. Estas cuestiones aparecían ya en grandes operaciones urbanas y especialmente en las reconstrucciones de las ciudades europeas luego de la Posguerra, pero en Brasilia y su antecesora Chandigarh se manifestaban por primera vez a escala de una gran ciudad construida por completo con las concepciones de la vanguardia. Se sumaba, además, la desaforada pretensión de determinar hasta el último detalle de una ciudad de 500.000 habitantes desde un único centro de decisiones.
Roberto Segre. doctor en planeamiento regional y urbano, docente
para conmemorar el 50° aniversario de Brasilia, ríos de tinta fluirán en libros, revistas, ensayos, entrevistas… Pero ¿qué es lo que se desea conmemorar? Porque, con certeza, todos los textos estarán acompañados de fotos del Eje Monumental, del Congreso Nacional o de la Plaza de los Tres Poderes. Pero ¿se resume Brasilia en estas imágenes? Ellas representan Brasilia, sin duda. Y éste es el primer punto fundamental. Lucio Costa y Oscar Niemeyer consiguieron una proeza única en el siglo XX. Crear la imagen icónica de una ciudad moderna, reconocida no solamente en Brasil sino en el mundo entero. O sea, la arquitectura monumental de Brasilia, que representa al estado brasileño, tuvo la misma repercusión popular que el fútbol, el carnaval y la Bossa Nova. Esto nunca había ocurrido con la arquitectura, que identificara a una ciudad nueva. Los íconos históricos siempre estuvieron en ciudades tradicionales: la Basílica de San Pedro en el Vaticano, la Torre Eiffel en París, el Empire State en Nueva York.
BRASILIA — La ciudad de Brasilia, con su formato de un pájaro en vuelo, constituye el símbolo del antiguo sueño brasileño de unión e integración nacional, y a sus 50 años es una obra mayor que el arquitecto centenario Oscar Niemeyer ayudó a definir y diseñar con líneas sinuosas y cemento armado.
Obra conjunta del urbanista Lúcio Costa, el paisajista Roberto Burle Marx y Niemeyer, la capital brasileña que festeja su cincuentenario esta semana nació ya innovadora, diferente de todas las otras ciudades del país, pero fueron los edificios futuristas del arquitecto nacido en 1907 los que la tornaron instantáneamente famosa.
Los edificios que dotaron a Brasilia de su prestigio fueron surgiendo de a poco, pero el modernista edificio del Congreso, con sus semiesferas invertidas y avenidas pasando por el techo, así como la monumental Catedral se convirtieron de inmediato en iconos del país.
Considerada por sus admiradores como la obra maestra del modernismo en la arquitectura y por sus detractores como una artificial «Isla de la Fantasía», la capital federal brasileña, Brasilia, cumple el miércoles 50 años de existencia tan rodeada de polémicas como cuando fue inaugurada, el 21 de abril de 1960.
Noticias EFE
Eduardo Davis
Brasilia, 16 abr (EFE).- Brasilia, que celebra este 21 de abril cinco décadas de su fundación, nació como un proyecto de desarrollo para el centro y el oeste del país, pero en los últimos años se ha convertido en un estratégico polo de poder suramericano.
La ciudad que reemplazó a Río de Janeiro como capital de Brasil comenzó a construirse en 1956, fue inaugurada el 21 de abril de 1960 y supuso la coronación del sueño del entonces presidente, Juscelino Kubitschek, quien aspiraba a promover el desarrollo al interior de de un país con dimensiones continentales y volcado al Atlántico.
La epopeya que supuso la edificación de una ciudad en medio de la nada, donde solamente había un cruce de caminos de tierra distantes unos 200 kilómetros de la urbe más próxima, despertó la curiosidad de numerosas personalidades extranjeras ya desde su concepción.
Río de Janeiro, Brasil.- Hace casi dos décadas, cuando algunos amigos le preguntaron cómo le gustaría ser recordado, dijo que desearía ver en su lápida una frase sencilla: «Oscar Niemeyer, brasileño, arquitecto. Vivió entre amigos, creyó en el futuro«.
Ahora, a los 102 años de edad cumplidos en diciembre, Niemeyer se limitará a seguir de lejos los festejos por el cincuentenario de la fundación de Brasilia, la ciudad que, con Lucio Costa, hizo nacer en la desploblada y árida región centrooccidental de Brasil, en el estado de Goiás, y que se inauguró el 21 de abril de 1960.
Niemeyer, a quien jamás le gustó viajar en avión, siente ahora el peso de los años, y limita sus desplazamientos al trayecto entre su departamento y su oficina, ambos en el barrio de Copacabana, en Río de Janeiro.
Pero sigue trabajando activamente -ayudado por Vera, 40 años más joven, con quien se casó hace poco más de tres años- en varios proyectos, entre ellos las reformas de varios monumentos y edificios que instaló en Brasilia, como el Palacio del Planalto, la sede del gobierno, reformado con ocasión de los festejos de medio siglo de la ciudad a un costo estimado en unos 57 millones de dólares.
En una entrevista reciente, el arquitecto aseguró que, mirando hacia atrás, está en general satisfecho por su obra más famosa: «Creo que no modificaría nada de gran importancia», aseveró.
Sin embargo, rechazó la idea de que es un «ícono» de la ciudad declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y considerada como un símbolo mismo de la arquitectura modernista del siglo XX.
«Soy muy consciente del cariño, de la apreciación que me tiene la gente de Brasilia. Eso me conmueve especialmente… Pero no me considero como un ícono de Brasilia. Me gustaría ser recordado como uno de los arquitectos que contribuyeron a concretar el sueño favorito del presidente Juscelino Kubitschek (1955-1961), agregó.
La construcción de la ciudad comenzó en 1956, siendo Lúcio Costa el principal urbanista y Oscar Niemeyer el principal arquitecto. En1960, se convirtió oficialmente en la capital de Brasil. Junto con Putrajaya (la capital administrativa de Malasia) y Naypyidaw (la nueva capital de Birmania) es una de las ciudades capitales de más reciente construcción en el mundo.
Brasilia se localiza en el Distrito Federal, el cual no tiene las mismas fronteras que la ciudad. El Distrito Federal se encuentra rodeado por el estado brasileño de Goiás, excepto por una corta frontera que comparte con Minas Gerais.
Fue trazada sobre un plano y construida en apenas tres años.
Reúne algunas de las obras más espectaculares de Niemeyer.
Es la única ciudad construida en el siglo XX que es Patrimonio de la Humanidad; tiene forma de avión.
RAFA VIDIELLA.
Es, quizá, la ciudad menos brasileña de Brasil. Nada de playas y mar, mucho fútbol y naturaleza exuberante: aquí lo que resalta es la huella humana. La de políticos como Lula, que gobierna desde el Palacio del Planalto; la del arquitecto Oscar Niemeyer, autor de éste y otros edificios de la ciudad, o la de Lucio Costa, el urbanista que trazó la capital futurista del que, según el escritor Stefan Zweig, sería siempre «el país del futuro».
Futuro… Ésa es la palabra más idónea para definir lo que uno encuentra aquí, en medio del inmenso Brasil. Ya desde el cielo impresiona: cualquiera que llegue en avión verá, desde el aire, su fascinante trazado, mezcla de avión y de cruz. Un guiño estético de la única ciudad construida en el siglo XX que es Patrimonio de la Humanidad.
Un guiño racional de una ciudad diseñada sobre un plano, en la que las alas agrupan viviendas y comercios y el fuselaje avenidas y oficinas federales. La cabina, por supuesto, es ocupada por la plaza de los Tres Poderes, que reúne al Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Hoy ya no somos los que éramos. Consecuentemente, la arquitectura tampoco debería ser lo que fue.
Rafael Iglesia. Arquitecto
Se podría decir que la recta, como el camino más corto entre dos puntos, «funciona» como metáfora de la Modernidad, ya que en esta etapa de la Historia, el desafío mayor era ahorrar energía. La arquitectura no escapó a este mandato y respondió organizando racionalmente la ubicación de las puertas y las ventanas, los muros y las personas, optimizando las circulaciones entre ellas, a fin de desarrollar «funciones» pre-vistas. Pero la Modernidad es una clasificación del tiempo y del espacio que estamos abandonando. Hoy Internet es el signo más claro de lo mucho que han cambiado estas dimensiones. También cambian las metáforas con las que entendemos nuestro mundo, la recta pierde significado, ya que estamos entrando en laberintos. Y en ellos, dos puntos vecinos pueden estar muy cerca o muy lejos. Internet es un laberinto, no ahorra distancias como lo hace la recta, las ignora.
En consonancia con esta metáfora, deberíamos trabajar con conceptos que nos permitan interpretar nuestra época, tal como lo hicieron los Maestros en su momento, pero sin olvidar que nuestros paradigmas son muy distintos.
Es decir, la forma de agruparnos, de enclaustrarnos, de relacionarnos, responde según las épocas, a las distintas estructuras, económicas, políticas y sociales, esta última consecuencia de la relación que mantienen las dos primeras. La arquitectura es solo su consecuencia espacial. Y hoy ya no somos los que éramos. Consecuentemente, nuestra «disciplina» tampoco debería ser lo que fue. Nuestro tiempo demanda lugares que no se definan por la organización de las puertas y ventanas y espacios que rompan con la serie de parámetros históricamente determinados. Como se la transmite en los claustros universitarios, donde no buscan, solo reconocen. Para techar otras ecologías culturales estimulando la aparición de otras maneras de relacionarse, y así reencontrarnos con ese vínculo secreto que une las cosas y la carne, los objetos y los hombres. La aparición de «nuevos objetos» será solo su consecuencia.
Jorge Luis Borges nos da una imagen para pensar en el porvenir, a través de esta descripción en El Aleph: «Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es». Y más adelante, como si presumiera el espacio total, sin medidas ni escalas que impone Internet, dice: «El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño».
Así quedarán las primeras viviendas que los vecinos reconstruyen con ayuda de dos arquitectos. | Fotos: http://eva.pescomaggiore.org
ITALIA | Los vecinos lo reconstruyen
Su primer inquilino, un agricultor de 52 años, llevaba un año en una caravana
Con 150.000 euros, el coste de un chalé en la zona, se construyen siete casas
El proyecto ha recibido ya 85.000 euros en donaciones privadas
Irene Hdez Velasco (Corresponsal) | Roma
En Pescomaggiore, una pequeña localidad de montaña a unos 10 kilómetros de L’Aquila, no olvidarán jamás la madrugada del 6 de abril del año pasado. A las 3,32 horas de ese día el terremoto que sacudió toda la región italiana de Los Abruzos causó también importantes estragos en este coqueto pueblo medieval.
Pero aquí lo tuvieron muy claro desde el principio: «Decidimos inmediatamente que no dejaríamos el destino de nuestras casas en manos de constructores y políticos sin escrúpulos», explica Antonio Cacio, presidente de Misa, una asociación de promoción social de Pescomaggiore.
Así las cosas, los vecinos de la localidad optaron por arremangarse y ponerse ellos mismos manos a la obra para construir viviendas en las que alojar a las personas que habían perdido su casa a causa del seísmo. La idea era aprovechar el terreno cedido por un lugareño para levantar ahí un poblado ecológico, que se integrara bien con el entorno del lugar, compuesto por casas provisionales de rápida construcción y de bajo impacto ambiental, lo suficientemente baratas como para que el proyecto pudiera ser autofinanciado por los paisanos de Pescomaggiore y de fáciles de realizar para permitir que los vecinos pudieran ponerlas ellos mismos en pie.
Muchos consideraron la idea la fantasía de un puñado de locos. Paro ahora el sueño se ha hecho realidad. En Pescomaggiore ya se han concluido las dos primeras viviendas en las que alojar a las familias a las que el terremoto dejó en la calle. Se trata de casa de dos o tres habitaciones, fabricadas sin apenas cemento y utilizando materiales naturales, procedentes de la zona y baratos: balas de paja y madera.
En realidad, no es nada habitual que en esta zona del centro de Italia se emplee paja para levantar viviendas. La idea se les ocurrió a Paolo Robazza y Fabrizio Savini, los arquitectos detrás del proyecto de Pescomaggiore, mientras contemplaban los numerosos campos de cereales que rodean esta localidad. La historia de la reconstrucción la cuentan en una web que traducida a seis idiomas.
In 2003, Governors Island was deeded to the people of New York
ARQUITECTURA | Un puñado de artistas la habitan
Julio Valdeón Blanco | Nueva York
El alcalde Bloomberg tiene un sueño para la isla del Gobernador con cañones orientados a la Estatua de la Libertad. La isla, cedida por el gobierno federal al Estado y la ciudad de Nueva York en 2003 al precio de un dólar, queda al fin en manos de esta última; por 260 millones ese peñón yacente al costado del bajo Manhattan revivirá como puerto para niños y turistas, como un barco mental que navegue contra los vientos que azotan desde el Atlántico.
Primero holandesa y luego inglesa, la isla fue comprada a los indios Manahata por un puñado de nueces. Bastión durante la Guerra de Independencia y la Guerra Civil, su destino estuvo asociado a la Marina, con fortines para los soldaditos que embarcaban rumbo al teatro de la muerte en Europa, en el 14 y también durante la lucha contra el fascismo.
Desde los sesenta perteneció a la Guardia Nacional, que mantenía acantonados más de 3.000 empleados. A mediados de los noventa fue abandonada. Nadie quería ya aquel islote con muros del XIX, flipado por los vendavales, que sirvió a Reagan para encender los reflectores durante los actos del cumpleaños de la Estatua, hermano pobre de la isla Ellis, a la que acudían los apátridas del mundo con su hatillo de utopías dispuestos a renacer en América.
El plan de Adriaan Geuze, arquitecto paisajista holandés del estudio West 8, reinventa el esqueleto del peñón con magníficos parques y colinas fabricadas con las piedras de los barracones. Es fascinante e hiperbólico, quizá el más audaz que se haya planteado en décadas. Sobresalen las afiladas gargantas, apuntadas hacia los lugares sagrados de Nueva York, el paseo junto al agua y el promontorio con perspectiva de 360º, desde el que asomarse a la violencia de los rascacielos del Downtown, la silueta de Brooklyn o la entrada del océano. Se trata de un plan imaginativo, solvente, hermoso y delicado, con esa pizca extra de monumentalidad fundido a fuego en el carácter de Nueva York.
Aunque en los últimos años se habían construido algunas instalaciones, y aunque sólo en 2009 la visitaron más de doscientas mil personas durante el verano, cuando permanece abierta, la isla apenas está habitada un puñado de artistas, que ejercen siempre el papel de pioneros que hubieran sustituido las caravanas, goletas de la llanura, por caballetes.
Imagen Panorámica del futurista inmueble. | ELMUNDO.es
LA FINCA | Ha sido adquirida por un conocido promotor madrileño
El inmueble se había convertido en objeto de deseo de la ‘yet set’ nacional
Incluso el futbolista Cristiano Ronaldo barajó la opción de adquirirlo
Jorge Salido Cobo | Madrid
La casa más mediática de La Finca -la urbanización más exclusiva de Europa-, en Pozuelo de Alarcón, tiene nuevo dueño. Su ya ex propietario, el prestigioso y famoso arquitecto Joaquín Torres, del estudio A-cero, la ha traspasado por más de ocho millones de euros. Un conocido promotor madrileño ha adquirido el preciado inmueble por el que también se han interesado, entre otros, Cristiano Ronaldo, Ricky Martin y los Thyssen (Borja y Blanca).
Según han confirmado a Su Vivienda fuentes cercanas al arquitecto, la jugosa operación inmobiliaria se ha cerrado finalmente entre ocho y ocho millones y medio de euros. Una nada despreciable cantidad que da fe de que el ‘ladrillo’ de lujo sigue siendo todo un refugio blindado frente a la crisis. Ésta ha sido fraguada a tres bandas: el director financiero de A-Cero, Promora (una de las agencias inmobiliarias con más prestigio de Madrid y especializada en viviendas localizadas en zonas del más alto nivel) y el propio comprador.
La espectacular vivienda, hecha a medida por y para Joaquín Torres y cuya construcción finalizó en 2008, se convirtió en ‘deseo de compra’, aunque no estuviera en venta, casi sin querer a raíz de comenzar a aparecer en los medios de comunicación, principalmente revistas especializadas en diseño y arquitectura. Pero lo que la colocó en el centro de la diana fue el interés de Cristiano Ronaldo en ella.
21st Century Museum of Contemporary Art Kanazawa, Ishikawa, Japan - Foto: Pritzker Prize
ARQUITECTURA / PREMIO PRITZKER / SANAA
Con apenas 15 años de trabajo conjunto, los japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa ganaron el Pritzker 2010. Las razones: una arquitectura potente, pero a la vez delicada, que contempla al usuario y al entorno.
Graciela Baduel.
gbaduel@clarin.com
Por una arquitectura que es a la vez delicada y potente, precisa y fluida, ingeniosa pero no abierta o exageradamente inteligente; por la creación de edificios que interactúan bien con sus contextos y las actividades que contienen, creando un sentido de plenitud y de riqueza vivencial; por un lenguaje arquitectónico singular que surge de un proceso de colaboración que es único e inspirador; por sus notables edificios realizados y la promesa de nuevos proyectos juntos».
Por todas estas razones, con apenas 15 años de trabajo en conjunto, y poco más de un lustro de reconocimiento internacional, Kazuyo Sejima (54) y Ryue Nishizawa (44) fueron distinguidos con el máximo galardón de la arquitectura. Es la cuarta vez que el premio recae en arquitectos japoneses, la tercera en que se otorga a una dupla y Sejima es la segunda mujer galardonada (ver Todos los ganadores… en pág. 8).
El Pritzker, que otorga cada año la familia dueña de la cadena hotelera Hyatt, esta vez se entregará en Ellis Island, Nueva York. Y hasta allí irán a recibirlo el 17 de mayo los miembros de SANAA (Sejima and Nishizawa and associates), responsables de una veintena de obras, principalmente en su país, Europa y los Estados Unidos. El premio viene a coronar la rápida carrera del estudio en el ranking de la arquitectura global: desde que ganaron el León de Oro en la Bienal de Venecia (2004) gracias al Museo de Arte Contemporáneo del Siglo XXI, ubicado en Kanazawa (Japón), no paran de crecer.
Algo de eso se verifica en su primera obra en los Estados Unidos, el Pabellón de Vidrio del Museo de Arte de Toledo, en Ohio, terminado en 2006, donde grandes paneles curvos y transparentes se funden con el paisaje. También en su proyecto para la Serpentine Gallery del año pasado, una estructura etérea de acero inoxidable que reflejaba las gotas de lluvia y amplificaba el canto de los pájaros. Y en el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York, una serie de cajones transparentes mal apilados que se adapta al perfil industrial del Bowery, en la zona sur de Manhattan.
Sejima y Nishizawa comenzaron a trabajar juntos en 1995, aunque mantienen proyectos independientes. Una de sus primeras obras, el O-Museum en Nagano (Japón), está enclavado en la ladera de una montaña y se adapta a la topografía de manera tal que no interfiere las vistas de las ruinas de castillo del siglo XIV.
EDITORIAL Lo que parece sencillo
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Berto González Montaner. Editor jefe ARQ
bmontaner@clarin.com
Qué contraste entre la complejidad formal y la carga figurativa del edificio Otto Wulff diseñado por el arquitecto danés M. R. Rönnow en 1913 en el centro porteño y la ascética, abstracta y sensual geometría de las obras del estudio japonés SANAA, reciente ganador del premio Pritzker de la arquitectura.
Rönnow proyectó en la intersección de Belgrano y Perú un edificio cargado de símbolos, rematado por una cúpula con la imagen del Kaiser Francisco José I de Hasburgo (página 28). Un edificio de basamento, desarrollo y remate, ornamentado además con la fauna autóctona y con figuras que representan al herrero, el albañil, el carpintero y hasta al arquitecto que lo construyó.
En cambio SANAA con sus obras no quiere representar nada.
No quiere edificios parlantes. Kazuyo Sejima y Rue Nishizawa se preguntan ¿qué clase de espacio puede ser usado por la gente y que lo disfrute? Y llegan a las soluciones más apropiadas trabajando sobre el programa.
Diseño urbanístico futurista de Antonio Sant'Elia. Wikipedia.
Monumental muestra en la Fundación Proa, con obras que vienen del Museo de Trento, dueño del mayor patrimonio futurista del mundo. Pintura, música, danza, fotografía, moda y objetos de un movimiento revolucionario cuyo efecto aún no ha terminado.
Por Rodrigo Alonso
Para LA NACION – Buenos Aires, 2010
Por algún motivo difícil de precisar, la historia del arte nos ha legado una versión simplificada del futurismo, el movimiento artístico creado por Filippo Tommaso Marinetti en 1909. Los libros suelen datar su origen en los años previos a la Primera Guerra Mundial, e identificarlo con las producciones de poetas, pintores y escultores como el mismo Marinetti, Umberto Boccioni, Carlo Carrà o Giacomo Balla. Pero ésa es sólo una parte de la historia, como lo demuestra El universo futurista: 1909-1936 , la exposición curada por Gabriella Belli, directora del Museo de Arte Moderno de Trento y Rovereto (MART), que se presenta en la Fundación Proa.
El futurismo nació con un manifiesto, como la mayoría de las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX. Allí, Marinetti arremetía contra las academias y los museos que ensalzaban el glorioso pasado italiano y paralizaban a los jóvenes creadores. Con prosa combativa, abogaba por la destrucción de la tradición y la celebración de la vida moderna, las máquinas, la velocidad y el dinamismo urbano. En una frase, hoy famosa, resumía esta postura estética: «Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia«.
…un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.1
El Futurismo surgió en (Milán) Italia, impulsado por Filippo Tommaso Marinetti. Este movimiento buscaba romper con la tradición, el pasado y los signos convencionales de la historia del arte. Consideraba como elementos principales a la poesía, el valor, la audacia y la revolución, ya que se pregonaba el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso gimnástico, el salto peligroso y la bofetada irreverente. Tenía como postulados: la exaltación de lo sensual, lo nacional y guerrero, la adoración de la máquina, el retrato de la realidad en movimiento, lo objetivo de lo literario y la disposición especial de lo escrito, con el fin de darle una expresión plástica.
Edificio Telefónica, en la Gran Vía. Hasta 1953 fue el edificio con más altura en Madrid. Foto: Wikipedia
Reportaje
El arquitecto del rascacielos de Telefónica amenazó con dimitir para preservar su aspecto. De Cárdenas se exilió tras la guerra. Sus hijas recuerdan la vida del edificio. El inmueble de la red de San Luis recibió 120 impactos que el creador documentó en un plan
MARÍA MARTÍN – Madrid
Bucear en la biografía de Ignacio de Cárdenas (Madrid, 1898-Segovia, 1979) es encontrarse en un mar de contradicciones. El arquitecto pasó gran parte de su vida nadando a contracorriente en defensa de sus ideas y, sobre todo, de su criterio artístico, muy avanzado para la época.
El padre de De Cárdenas, que pertenecía a la nobleza criolla, fue un periodista nacido en La Habana que emigró a Madrid en el siglo XIX. De su familia de 16 hermanos, surgieron, entre las mujeres, siete vocaciones religiosas. Y él «era el único de su familia que tiraba, ya no a la izquierda, sino al centro», recuerda su nieto Juan Manuel Matute de Cárdenas.
Su familia poco quiere hablar de los conflictos que provocaron en casa las ideas de su padre en un momento tan convulso como la Guerra Civil, pero los hubo y graves. «Es una herida ya cicatrizada y mi padre nunca habló con rencor», resuelven Inés y Elena de Cárdenas, las únicas hijas del arquitecto que quedan vivas.
Menos dolorosas, pero igual de conflictivas fueron las discordias entre De Cárdenas y sus jefes durante la construcción de su primera obra, «su hija la mayor», como él llamaba a la Telefónica.
La construcción del que, dicen, fue el primer rascacielos de Europa, de casi 90 metros de altura, fue un encargo de la International Telephone and Telegraph Company (ITT) para que su filial española instalase allí la primera central de telecomunicaciones del país. La estética del edificio, así como su ubicación, tenían un claro objetivo: halagar a posibles accionistas, una clase burguesa y conservadora.
El proyecto se encargó inicialmente en 1925 al afamado arquitecto Juan Moya, diseñador de la fachada de la Casa del Cura, que impuso que De Cárdenas, su joven alumno de 27 años, colaborase con él y compartiese honorarios. Según contó el mismo De Cárdenas en sus diferentes escritos, recogidos en el libro de Pedro Navascués sobre el edificio, Moya se lanzó a una decoración demasiado barroca de la fachada, encuadrando cada ventana con hojarasca retorcida, conchas y angelotes, lo que empezaba a espantar al joven arquitecto. «Como la Telefónica quería que hiciésemos algo muy español, nos inclinamos al Barroco de Madrid. Moya gozando con hacer otra vez algo muy barroco y yo aguantando mis aficiones a lo que entonces se llamaba estilo cubista, harto de tanto Renacimiento español».
POR MIGUEL OLIVER
FOTOS IGNACIO GIL
MADRID. El Edificio Telefónica «nació» en Nueva York. Su arquitecto, Ignacio de Cárdenas, lo concibió tras un estudio previo realizado en el estudio de Lewis S. Weeks en Manhattan. De ahí su inspiración americana. Situado en el número 28 de la Gran Vía, se construyó entre 1926 y 1929. Desde entonces no sólo fue el edificio más alto de Madrid -con sus 89,30 metros y sus 15 plantas de techos altos-, sino también el primer rascacielos de Europa.
Su hegemonía en la capital duró casi 25 años -hasta 1953-, cuando se inauguró el Edificio España, en Plaza de España, con 117 metros.
Ignacio de Cárdenas era responsable del departamento de edificaciones de la Compañía Telefónica Nacional de España. Para proyectar el nuevo edificio viajó a Estados Unidos, donde se reunió con su homónimo de la compañía telefónica norteamericana. De ahí deriva la inspiración yanqui del edificio. Sin embargo, fue matizada por Cárdenas en el proyecto definitivo.
La «etiqueta destacada» perteneciente a una ciudad y con mayor relevancia en mi Blog es Madrid; hoy bajo la mirada de millones por el esperado encuentro Real Madrid – Barcelona FC, posiblemente el más impactante de la historia: por la calidad de sus jugadores y su exhorbitante precio, la desmedida cantidad de puntos acumulados – suficiente en cualquier otra temporada para alzarse con la Liga.
No es casual que el sitio – monumento más visitado de la capital española no sea el Museo del Prado, el Reina Sofía o el Parque del Retiro: año tras año y con mucho el Estadio Santiago Bernabéu es el foco de atención. Asi que resulta oportuno dedicar una entrada a este importante hito urbano, sus arquitectos y rica historia.
El 22 de junio de 1944, el Banco Mercantil e Industrial concede un crédito a Santiago Bernabéu y Rafael Salgado para escriturar los terrenos colindantes al viejo Estadio Chamartín. El 5 de septiembre de 1944 se eligió en el Palacio del Círculo de Bellas Artes la maqueta de los arquitectos Muñoz Monasterio y Alemany Soler como la estructura que dio forma al estadio. El 27 de octubre de 1944 se bendicen los terrenos y se pone la primera piedra.
El Estadio Santiago Bernabéu se inauguró el día 14 de diciembre de 1947 en un partido entre el Real Madrid y el Os Belenenses, bajo el nombre de Estadio Chamartín. El recinto poseía una capacidad de 75.145 espectadores, de los cuales 27.645 poseían asientos (7.125 cubiertos) y 47.500 de pie (2.000 cubiertos).
El 4 de enero de 1955, tras una gran remodelación, se reunió la Asamble General de Socios Compromisarios, ocasión donde el estadio adoptó el actual nombre, en honor al ex-presidente del club y artífice del estadio, el señor Santiago Bernabéu.
A finales de 2003, el Estadio Santiago Bernabéu fue denominado por la UEFA como Estadio 5 Estrellas.
Acceso
Se puede acceder al Estadio Santiago Bernabéu por medio del Metro de Madrid, por la Línea 10 en la Estación de Santiago Bernabéu.
Estadio Santiago Bernabéu. Estadio futbolístico español localizado en Madrid, específicamente en el Paseo de la Castellana en el distrito de Chamartín, con superficie de césped y capacidad para 85,354 espectadores, en un área de 7,350 m2 distribuidos en unas dimensiones de 105 m x 70 m, propiedad del Real Madrid Club de Futbol. El Estadio Santiago Bernabéu fue inaugurado el 14 de diciembre de 1947 con un costo de 288, 000,000 €, en ese entonces nombrado Nuevo Estadio Chamartín, el partido inaugural del estadio se celebró entre el Real Madrid Club de Fútbol y el Clube de Futebol Os Belenenses de Portugal. El estadio fue construido en un terreno contiguo al antiguo Estadio Chamartín que había sido diseñado por el arquitecto José María Castell, dichos terrenos fueron adquiridos por Santiago Bernabéu y Rafael Salgado en el año 1944. El diseño original del estadio fue escogido via concurso celebrado en el Palacio del Circulo de Bellas Artes, resultando ganadora la propuesta de los arquitectos Manuel Muñoz Monasterio y Luis Alemany Soler. Este diseño contemplaba una capacidad para 75,145 personas, distribuidos de la siguiente manera: 27,645 plazas con asientos 7,125 de ellos bajo techo y 47,500 plazas para espectadores de pie 2,000 de los cuales se encontraban bajo techo. La simbólica primera piedra que marca el inicio de la construcción es colocada el 27 de octubre de 1944.
LOS AFICIONADOS MADRIDISTAS AFRONTAN EL CLÁSICO CONVENCIDOS DE LA VICTORIA El Santiago Bernabéu es un hervidero
* Desde las diez esperaban la llegada de los jugadores al estadio, más de un centenar de aficionados · Esta mañana se han puesto a la venta las últimas 400 entradas · Optimismo entre los madridistas
Martha Thorne, directora ejecutiva de los premios Pritzker, cree que en la última década se ha cometido el error de utilizar la arquitectura para vender una imagen o el nombre de un arquitecto, algo «peligroso y preocupante» porque esta disciplina, afirma, «nunca puede ser simple».
Así lo indica la directora de estos premios, considerados los «Nobel» de la arquitectura, en una entrevista con Efe con motivo de su participación en el encuentro internacional de arquitectura «Islas del futuro«, que inaugurará pasado mañana, 9 de abril, en el centro de arte y congresos Magma, de Adeje (Tenerife).
Martha Thorne tiene previsto hablar en la conferencia inaugural del impacto de la crisis en la evolución del «star system» de la arquitectura, su impacto en el desarrollo de las «ciudades-islas» y su evolución futura.
Chicago y Bilbao
Para ello ahondará en «lo positivo y lo negativo» de que haya arquitectos de gran renombre, y además citará dos ejemplos de transformaciones urbanas, que son Bilbao y el centro de Chicago.
En el caso de Bilbao, Thorne cree que es una simplificación el creer que la transformación de la ciudad se debe al museo Guggenheim y precisa que se trata de un fenómeno «más complejo».
Precisamente el autor del Guggenheim, Frank Gehry, participó también en el «Parque del milenio» de Chicago, el otro ejemplo del que proyecta hablar Thorne, que ocupa unas diez hectáreas en el centro de la ciudad, entre una de las principales avenidas, la Michigan, y el borde del lago del mismo nombre.
A su juicio, este proyecto es interesante por la manera en que se financió y porque en él se involucraron artistas como Anish Kapoor y Jaume Plensa.
Este es el curioso título de una conferencia que convoca el Consejo de Arquitectos de Europa para el día 20 de Mayo en Bruselas. La actividad que se centra en cuestiones de desarrollo sostenible en toda la UE es creciente. La Comisión Europea está elaborando iniciativas sobre la construcción sostenible como un sub-conjunto de su campaña para la producción sostenible y el consumo sostenible. Por ejemplo, “Construcción Sostenible” es una iniciativa de la UE que busca liderar el mercado con un plan para promover los beneficios y desarrollar habilidades y capacidades para el futuro, así como la eficiencia energética en los edificios.
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