En Floresta, los vecinos intentan salvar al clásico cine de barrio

Recuerdos. La gente hace fila para ingresar al cine, en las vacaciones de invierno de 2004. Fue la última temporada en que abrió la sala.
Recuerdos. La gente hace fila para ingresar al cine, en las vacaciones de invierno de 2004. Fue la última temporada en que abrió la sala.

Es el Gran Rivadavia, que funcionaba también como teatro. Está cerrado desde hace 5 años. Buscan que el edificio se convierta en un centro cultural.

Por: Miguel Middonno

Hay oficinistas de traje y corbata, jóvenes en bicicleta y hasta parejas maduras que hacen un alto en el paseo de sus perros. Las sombras dominan las puertas del viejo cine Gran Rivadavia, en Floresta, y sin querer, abren el camino para la nostalgia. Pero esta vez, debajo de un gigantesco cartel de venta, también se habla de futuro. Los vecinos quieren salvar de la desaparición al cine del barrio, cerrado desde hace cinco años. Y sueñan convertirlo en un centro cultural como sucedió, por ejemplo, con el 25 de Mayo de Villa Urquiza.

«Es inmenso, como los antiguos cines de la calle Lavalle», describe orgulloso Carlos Cordero, vecino de Floresta «de toda la vida», junto a los amplios vidriados que dan a Rivadavia al 8600. «Cerrado por reformas», miente un cartel que intrusa desde hace tiempo el lugar donde antes se anunciaban los estrenos.

La posible venta del cine alertó a los vecinos.  Sa lvar a Floresta, una agrupación que busca proteger el patrimonio arquitectónico del barrio, tomó la posta del reclamo. «Además de perder un edificio de valor, se van nuestras vivencias como vecinos, desaparece un lugar de permanencia», alertan.

Recuerdos, justamente, sobran. «Los domingos daban tres películas, veníamos a las dos de la tarde y nos quedábamos hasta las ocho», cuenta Mercedes. El Gran Rivadavia, por ser cine teatro, permitió que los vecinos disfrutaran de las figuras del espectáculo sin necesidad de viajar hasta el Centro. Así desfilaron Antonio Gasalla, China Zorrilla, Mercedes Sosa, León Gieco, Spinetta y Jairo, entre otros. «Mucha gente pudo disfrutar de esos artistas porque venían al barrio», explica Cordero.

El empresario teatral Carlos Rottenberg recuerda aquellas épocas. «Mis giras pasaban siempre por el Gran Rivadavia. Entre la platea, pullman y superpullman tenía 1.400 butacas». Y revela que hace dos años estuvo involucrado en la posibilidad de recuperar la sala, aunque no llegó a un acuerdo comercial con los dueños.

desde En Floresta, los vecinos intentan salvar al clásico cine de barrio.


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Autor: Arquitectonico

Tecnólogo, Bloguero. Community Manager, Fotógrafo 2.0. Investigador - Docente, Profesor Universitario. Arquitecto (1987) Máster Gestión de la Innovación (2007) blogarquitectonico.com Twitter @arquitectonico

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